Escenarios y dilemas ante las elecciones italianas


La estabilidad política no es el fuerte de Italia. Desde 1945, sólo un gobierno ha conseguido llevar a término los cinco años de mandato. Los mercados lo saben y viven con ello, aunque cuando el gobierno del salvador tecnócrata  Mario Monti tocó a su fin el pasado diciembre cuando el Partido del Pueblo de la libertad de Berlusconi le retiró su apoyo parlamentario, hicieron algo muy humano pero desaconsejable: confundir sus deseos con sus expectativas. Pero conforme se acercan las elecciones, y en medio de un apagón de encuestas (según la ley italiana, no se pueden publicar encuestas en los últimos quince días de campaña, se pueden hacer, pero sólo para el consumo interno de los partidos), la realidad parece como siempre, más compleja. “Esperen lo inesperado” rezaba ayer un titular del Financial Times.

Y es que Berlusconi ha ido recortando distancias con el Partido Democrático de Bersani, al que en 2008 venció por un 47% frente a un 37,5%, antes de tener que dejar el gobierno en 2011 ante el abandono de sus aliados, el agravamiento de la situación económica y una miríada de asuntos variados, no siempre de contenido político.

La aparición de nuevos partidos, como el centrista de Monti o el movimiento 5 estrellas de Beppe Grillo, ha fragmentado más el panorama, por lo que si bien el Partido Democrático lideraba las últimas encuestas, el resultado pronosticado le daba un porcentaje total menor al obtenido en 2008. Y parece que el partido de Grillo, con su mezcla de grandes mítines y transmisiones por YouTube, sigue ganando en intención de voto, acercándose a un posible 18% que complicaría aún más la obtención de algo tan ansiado como una cierta estabilidad gubernamental. 

El escenario que más temen los mercados es que el partido de Berlusconi obtenga la mayoría en la cámara baja, pero no en el Senado (donde pesan más los resultados de las regiones más grandes), lo que significaría nuevas elecciones.

El siguiente escenario más temido, sería una mayoría de la izquierda de Bersani en ambas cámaras, aunque para ello tendría que ganar las elecciones al Senado de Lombardía, Sicilia y Campania, lo que parece complicado. En este caso, los mercados temen la influencia que podrían tener los partidos más a la izquierda, como el SEL de Nichi Vendola.

Y la opción favorita sería la de unos resultados que forzaran un acuerdo entre Bersani y los centristas de Monti, pero para esto, paradójicamente, la derecha debería ganar el Senado en Lombardía, Sicilia o en ambas regiones. Así que como apuntaba el Profesor d’Alimonte en The Economist, se daría el dilema de que los lombardos que quieren a Monti, tendrían que votar por Berlusconi.

Los resultados, este fin de semana y los retos, muchos. El ratio de la deuda pública sobre el PIB es muy elevado, pero el déficit está bajo control y en Italia no existe el problema de endeudamiento privado de España, ni están purgando una burbuja financiera. Sin embargo, el problema de competitividad no ha dado muestras de mejorar desde el estallido de la crisis. La productividad no ha mejorado y los costes laborales no están descendiendo como en otros países mediterráneos. Y la señora Merkel ha dejado claro que le da un poco igual que se derritan los Pirineos y los Dolomitas.

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