Escabechina en los mercados: primeras reacciones de las gestoras


Los inversores despertaban el jueves tras una de las peores sesiones para la bolsa en meses. El miércoles Wall Street cerraba con caídas generalizadas del 3%; para el S&P 500 fue su mayor desplome diario desde febrero. La renta variable americana encadena cinco sesiones de retroceso, su mayor racha bajista desde que Donald Trump fue elegido presidente. Y no fue la única en sufrir. El mercado asiático recogió el testigo aguantó un desplome de casi el 4% en el Nikkei y superior al 5% en el Shanghai Composite en la madrugada del jueves. 

La escabechina era el colofón a varias semanas de sentimiento inversor a la baja, con jornadas en las que las ventas han predominado tanto en la renta fija como en la renta variable. E incluso en las materias primas. El viernes las bolsas americanas y asiáticas lograron recuperar parte de lo perdido, pero las europeas no acompañaron y prolongaron los números rojos. ¿Era lo vivido la semana pasada una primera señal de pánico o una corrección sana?

El culpable al que todos señalan es al Tesoro americano. El 10 años lleva varias jornadas al alza en respuesta a las subidas de tipos en Estados Unidos. El martes subió por encima del 3,26%, sus máximos en siete años. Más allá de que la rentabilidad que ofrece ahora la deuda americana sea más atractiva que la de la renta variable, su repunte es negativo para el apalancamiento de las compañías ya que el coste de su financiación sube. 

La huida hacia activos refugio recuerda a la debacle de febrero, justo después de uno de los mejores arranques para el mercado en años. Pero hay ciertas diferencias. “Esta vez, el sentimiento ya estaba deprimido entrando en las caídas”, afirma Christian Gattiker, responsable de estudios y soluciones de inversión de Julius Baer

Kristina Hooper, estratega de mercados globales de Invesco, apunta a otro factor determinante: la creciente tensión comercial. A lo largo del último año las amenazas proteccionistas han sido el detonante de leves correcciones, pero en general los inversores han encontrado excusas para creer que la amenaza es pasajera. “Esta reacción asimétrica a la evolución del comercio no era sostenible”, asegura Hooper. En opinión de la experta, las consecuencias negativas del conflicto entre Estados Unidos y China ha empezado a materializarse en las cifras. El ejemplo más reciente ha llegado de la mano del FMI, que ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento mundial. “Además, las compañías están comentando a reportar que los aranceles están impactando sus negocios”, recuerda. 

Comprar o esperar. La duda de los largoplacistas

La pregunta a formularse después de caídas de este calibre es sencilla: si es momento de comprar y hay que mantenerse aún al margen. Y a diferencia de en otras ocasiones, hay menor consenso entre los expertos. Hooper, por un lado, reconoce la necesidad de estar invertidos en activos de riesgo, pero aboga por un énfasis en protegerse de las caídas. “Hay temores de que esto podría ser el comienzo de una corrección y perfectamente lo podría ser”, reconoce. La confianza del inversor ha menguado significativamente en el segundo trimestre, tras las caídas de febrero, “lo que sugiere que huirán a la primera señal de problemas”.

Otro, como Paras Anand, director de gestión de activos para Asia-Pacífico de Fidelity International, no se muestran sorprendidos por el castigo en Wall Street. Dado que, en su opinión, las perspectivas de la economía mundial siguen siendo sólidas a medio plazo y las retirada de los estímulos es una señal de retorno a condiciones normales, Anand defiende que la respuesta adecuada de los inversores sería “buscar valor en áreas que ya han sufrido abultados descensos”.

Igual de optimista se posiciona Gattiker: “Los inversores tratan a las correcciones como tormentas. Las dejan pasar y luego se plantean su movimiento, marcando las acciones que más rebotarán”. Para el experto de Julius Baer, la pregunta está en su esta tormenta traerá también una rotación –de activos growth a value-, lo que confirmaría el cambio en tipos a largo plazo. 

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