"Es matemáticamente imposible ganar dinero en algunos segmentos de renta fija"


Los fondos flexibles dan cabida a un amplio número de estrategias, pues cada gestora entiende la flexibilidad de una forma distinta. La primera impresión sobre el BL-Global Flexible, de BLI- Banque de Luxembourg Investments, es que es una rara avis dentro de los fondos de su categoría, debido a la alta estabilidad de su cartera incluso en contextos de mercado diferentes. Más que como dinamismo, en la entidad entienden esa libertad como la posibilidad de invertir en varias clases de activos (renta variable, renta fija y liquidez) sin restricciones, y si hay una idea que tiene clara Dieter Hein, gestor del fondo en su versión en dólares, es el poco recorrido que le queda a la deuda, cuya exposición es nula. Pero en bolsa ve oportunidades desde una perspectiva de valor. Hein participó esta semana en un desayuno sobre asignación flexible de activos organizado en Madrid por Kessler & Casadevall AF y Fitch Fund Ratings.

“La deuda pública de numerosos países no refleja su verdadera situación económica, debido a las ayudas de los bancos centrales, como ocurre en Europa”, explica. Por ejemplo, descarta que una rentabilidad del 5% refleje los fundamentales y compense por el riesgo político en España. En cuanto a los bonos corporativos, cree que tras el último rally ofrecen una rentabilidad demasiado baja que no supera a la inflación, por lo que la inversión no está justificada. “Excepto en algunos segmentos de bonos que no usamos –deuda especulativa–, es matemáticamente imposible ganar dinero en renta fija en términos reales, excepto por el lado de la divisa”, dice.

Una visión que explica que el 90% de su cartera esté en bolsa, aunque en términos generales considera que los mercados están sobrevalorados. “Los beneficios de las compañías han de normalizarse y corregir en torno a un tercio en mercados como EEUU”, dice. Pero él no compra mercados, sino acciones. Nombres individuales que cotizan a precios atractivos (con el adecuado margen de seguridad), que compra desde una perspectiva de negocio (invirtiendo como si compraran “toda la compañía”) y que mantiene en cartera una media de cuatro años.

Sus posiciones, actualmente unas 150 (repartidas entre EEUU –el 40% de la cartera– y Europa –25%–, pero también los mercados emergentes –ahora el 20%– y Japón –10%–, nombres que deciden los equipos regionales en los que el gestor delega la selección), están regidas estrictamente por los fundamentales, evitando negocios que no conocen o que es difícil conocer a fondo, como los bancos.

Coberturas

Ante esa postura, la flexibilidad que da honor al nombre del fondo viene principalmente de una segunda vía, más allá del asset allocation: la capacidad de cubrir la exposición a mercado. Tras el último rally, que no ha estado motivado por ningún cambio en los fundamentales sino por las ayudas políticas, el gestor ha situado la cobertura en el 50%, con lo que la exposición neta del fondo se ha reducido al 40%. Las coberturas se construyen fundamentalmente a través de posiciones cortas en índices bursátiles regionales o de países concretos, pero no de los mercados emergentes, a cuya historia el gestor busca exposición.

La mayor o menor cobertura de la cartera depende, más que de las condiciones macro o la volatilidad, de las valoraciones. “La volatilidad no nos preocupa y la aprovechamos para comprar barato. No tomamos decisiones por su causa", dice. De hecho, Hein afirma que esa filosofía de inversión de valor ya de por sí asegura una menor volatilidad en la cartera, que de media suele ser del 7%, la mitad que la de los mercados de renta variable.

Los fundamentales a flote

A pesar de llevar unos años dominados por la macroeconomía y las distorsiones que crean las intervenciones políticas (y que ha llevado al fondo a obtener una rentabilidad menor que el resto de mercados por la ausencia de exposición al euro, las coberturas y la falta de exposición a sectores que, como el bancario, han ido bien), el experto está convencido de que tarde o temprano los fundamentales acabarán saliendo a flote. Algo que normalmente sucede, según dice, en momentos de crisis.

“No es fácil gestionar mirando la rentabilidad a corto plazo, pero queremos ser fieles a nuestro estilo”, dice Hein. El horizonte de inversión del producto es de unos cuatro años, el tiempo en el que los fundamentales suelen ponerse en valor, aunque, debido a esas intervenciones de las autoridades en los mercados, quizá el tiempo necesario sea ahora mayor. “2012 ha sido un buen año, pero muchas compras de deuda pública europea o bolsa se han sustentado en el apoyo de los bancos centrales”. Por eso cree que la situación puede darse la vuelta, y complicarse en un futuro cercano.

La gestora cuenta con dos fondos flexibles globales, uno en euros, nacido en 2005 para dar respuesta a la asignación de activos de sus clientes, y otro en dólares creado en 2011 desde la perspectiva de un inversor estadounidense. Quizá por esa perspectiva, Hein, que gestiona el segundo, confía en que Estados Unidos superará el problema fiscal que se avecina, aunque sea a última hora, y es algo más pesimista con respecto a Europa, donde la solución a la crisis es política y "depende de la disposición de unos a pagar y de los otros a perder autonomía". En su fondo, no tiene exposición a euros, y sí a otras divisas de países con mejores fundamentales y menor deuda, como Canadá, Singapur o los países escandinavos.

En el desayuno de trabajo de Fitch Fund Ratings y Kessler & Casadevall, además de Hein, también participaron otros gestores de fondos mixtos flexibles como Servane Duforest, responsable de multi-gestión direccional en Groupama AM, y Cayetano Cornet, socio de Cartesio. Aymeric Poizot, responsable europeo de Fitch Fund Ratings, repasó la evolución y el desarrollo de los fondos mixtos flexibles. Se pueden consultar aquí las presentaciones de los ponentes en el evento.

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