Es hora de invertir en Haití


Bernabé Gutiérrez. Consejero delegado de Arthur Global Practice En estos momentos el principal objetivo en Haití es uno: salvar vidas. Más allá de esta consigna, cabe preguntarse cuál es el papel de los inversores, desde una óptica de inversión sostenible y rentable. Una de las ventajas de trabajar a caballo entre asuntos humanitarios e inversiones, es la capacidad de observar dos mundos distintos pero complementarios. Visión, por otra parte, que no es siempre la más popular. En los últimos tres días, he recibido una decena de llamadas telefónicas y otros tantos emails, entre ellos el de algún gestor bastante renombrado, con la misma pregunta: ¿Qué podemos hacer por Haití? Mi respuesta siempre ha sido la misma: los inversores deben hacer su trabajo, esto es, “buscar rentabilidad y generar dinero”. Y Haití, en estos momentos, presenta grandes oportunidades que pueden beneficiar tanto a inversores como a la población de Haití. En este sentido, reputadas escuelas de negocios, gestores y gurús no se cansan de repetir la idea de que “las catástrofes son oportunidades”. Pues bien, es hora de que los inversores pasen de la teoría a la práctica.

Pongamos dos ejemplos, que pueden encontrarse en el excelente libro de Steven Drobny, Inside the House of Money: Top Hedge Fund Traders on Profiting in the Global Markets. Jim Leitner (Falcon Management), uno de los inversores más ávidos que conozco, señala: “¿Son siemprelas tragedias y los desastres una oportunidad de compra? Sí, fíjense en Rusia, Botswana. Por ejemplo, cuando Turquía sufrió un gran terremoto en 1999, compramos acciones de fabricantes de cristales porque sabíamos que todo el mundo tendría que reemplazar sus ventanas rotas. Era algo evidente.

Las acciones turcas sufrían caídas generalizadas, pero compramos tantos títulos de fabricantes de cristales como pudimos”. En el mismo sentido, el experto en mercados emergentes Marko Dimitrijevic (Everest Capital), comenta: “…después de que Estados Unidos invadiera Afganistán como respuesta a los ataques del 11-S, sentimos que Pakistán sería un gran beneficiario de la ayuda estadounidense e internacional.

Analizamos sus mercados y nos pareció que su divisa y su bolsa estaban baratas, y tomamos posiciones que los han hecho muy bien desde entonces”. Todas estas oportunidades y condiciones están presentes en Haití. Estados Unidos liderará la “reconstrucción” de Haití en los próximos años. El hecho de que el presidente Barack Obama esté al comienzo de su mandato es beneficioso en este aspecto. Además, cuenta con el apoyo de los ex presidentes George W. Bush y Bill Clinton. Este último estrechamente ligado a Haití al ser enviado especial de las Naciones Unidas en dicho país; existe también una amplia comunidad de haitianos en EEUU, cerca de 1 millón; y una larga relación de apoyo financiero.

En el pasado año, EEUU concedió en ayuda alrededor de $292 millones. Incluso desde K-Street (calle donde se reúnen los lobbies en Washington D.C.) ya se está trabajando en la consecución de un Haiti Recovery Fund efectivo. A ello, debe de sumarse el apoyo financiero internacional. Concretamente, el Banco Mundial ha anunciado un préstamo de $100 millones, las Naciones Unidas $10 millones para el fondo de emergencia, la Unión Europea $13, etc. En este contexto, mencionar brevemente que en los últimos 5 años la situación del país ha mejorado de forma considerable, tanto en niveles de seguridad, corrupción y economía. Por ejemplo, creciendo a un 2,5% en el 2009.

El actual presidente, René Préval, goza de una alta cuota de credibilidad, tanto en el interior como a nivel internacional, por lo que liderará el proceso de reconstrucción. Lo que, sumado a la suspensión de las elecciones que iban a tener lugar durante febrero de 2010 y el seguimiento de la comunidad internacional, ofrecerá un panorama de estabilidad considerable a medio plazo. Escuelas, material médico, infraestructuras, etc., son algunos de los “productos básicos” necesarios para la población. Productos que suponen oportunidades de inversión. Obviamente, nadie se alegra de las desgracias ni de las catástrofes; sin embargo, ninguno de estos acontecimientos es nuevo. Tormenta tropical en 2008 en Haití, Cachemira en 2005 y tsunami Océano Índico en 2004, etc. Sin embargo, lo que sí podría ser novedoso es usar lo que mejor saben hacer los buenos inversores (generar dinero) con un doble objetivo: beneficio mutuo y ajeno. “Es hora de invertir en Haití”, ha afirmado Bill Clinton. No sólo por las noticias, sino por las oportunidades.

Profesionales

Lo más leído