Es el ciclo y no la política


En las últimas semanas los titulares de la prensa general se ven incluso más inundados de lo habitual en los últimos años por noticias de carácter económico.  Los últimos han sido sobre la deuda griega y el Eurocofin. Estas noticias suelen tener un elevado contenido de política económica. El ruido producido es por ello casi ensordecedor y no sorprende que muchos profesionales del sector financiero se encuentren muy confusos en estos momentos. Pareciera que es el flujo de noticias político-económicas en Europa y Estados Unidos el que va a marcar la evolución de los activos financieros en los próximos meses… y años. Siento discrepar. ¿No teníamos los mismos problemas de deuda y de su gestión política en la segunda parte del año pasado y la primera parte de este? ¿No registramos entonces mercados alcistas o laterales?

 

Sin dejar de reconocer que en ocasiones la política económica (en concreto los grandes errores) pueden tener influencia, lo decisivo es el ciclo económico. En esta ocasión la fuerte volatilidad y caídas de las que hemos sido testigos en agosto y estamos presenciando estas primeras semanas de septiembre es consecuencia de la constatación de que la desaceleración del ciclo económico en los países desarrollados en más pronunciada, extendida y persistente que lo que el mercado anticipaba. Ello tiene múltiples consecuencias negativas que van desde los resultados corporativos hasta el aumento de la dificultad para hacer frente a las inmensas deudas acumuladas.

 

Lógicamente si crecemos sensiblemente menos que lo que se esperaba las empresas venderán menos de lo que se esperaba (con caída de beneficios y márgenes) y los gobiernos recaudarán menos dinero y tendrán que hacer frente a más gasto social. Los indicadores económicos adelantados llevaban alertando de esta desaceleración global desde hace tiempo pero los mercados los desconocen o prefirieron ignorarlos. El problema es que el ciclo económico no sólo se ha ralentizado fuertemente sino que, contrariamente a lo que un buen número de analistas esperan, esto no es simplemente un “soft patch” del que nos recuperaremos en los próximos trimestres.

 

Los indicadores no señalan todavía recesión pero desde luego nos movemos en estos momentos dentro de una delgada y peligrosa línea que separa el bajo crecimiento de la contracción. No se necesita mucho para caer en la segunda y en ese supuesto las valoraciones bursátiles optimistas que muchos sostienen parecerán todavía más fuera de sitio de lo que parecen ahora. Lo que los indicadores tozudamente sí señalan es que la ralentización está aquí para quedarse al menos durante algún tiempo. La continua publicación de datos macro decepcionantes tendrá como hasta ahora probablemente a los políticos corriendo detrás de los acontecimientos.

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