¿Error diagnóstico?


La correcta detección de la enfermedad que afecta a un paciente es clave para la aplicación del tratamiento adecuado. Este principio, que ha de regir la actuación de todos los médicos, resulta también aplicable a los economistas, que deberán velar por la identificación de las causas que originan las crisis para así proponer las medidas de política económica idóneas.

La Gran Recesión, que desde 2008 afecta a la mayoría de las economías desarrolladas, ha sido tratada por las autoridades como una crisis de origen financiero que se ha extendido al conjunto de la economía a través de la interrupción de los flujos del crédito bancario. Este diagnóstico ha motivado la canalización por las autoridades de una elevada cantidad de recursos públicos para asegurar la estabilidad del sistema financiero.

¿Ha sido certero el diagnóstico realizado por las autoridades económicas? Atif Mian y Amir Sufi, profesores de las universidades de Princeton y Chicago respectivamente, defienden en su libro “House of Debt” que la causa de la última crisis no reside en la interrupción de los flujos de crédito, sino en el elevado nivel de endeudamiento de los hogares.

Los autores opinan que, en la actualidad, los préstamos hipotecarios hacen recaer sobre el deudor todo el riesgo de la posible reducción del precio del activo dado en garantía. A esto se suma el hecho de que la deuda es sustancialmente más elevada en los hogares de menor renta, que son los que presentan una mayor propensión marginal a consumir. Así, cuando estos hogares comienzan a tener problemas para repagar sus deudas, reducen su consumo, lo que afecta a las empresas, que se ven obligadas a disminuir su nivel de inversión, registrándose importantes caídas en el PIB. Este mecanismo se ve además exacerbado por los desahucios, que llevan a las entidades de crédito a ejecutar los activos inmobiliarios a un precio inferior al de mercado, lo que presiona los precios a la baja y afecta a otros hogares que en principio eran solventes.

Por ello, los autores consideran que las medidas de política económica adoptadas por las autoridades son erróneas. Si bien reconocen que es necesario preservar la estabilidad del sistema de pagos y garantizar el dinero de los depositantes, se muestran contrarios a ir más allá en el rescate al sistema financiero. Ambos profesores aseguran que las autoridades deberían facilitar la reducción del nivel de endeudamiento de los hogares. Para ello, proponen que, en épocas de emergencia financiera, se promuevan quitas sobre los préstamos de familias en dificultades. Para las épocas de mayor estabilidad, recomiendan la promoción de los “Shared Responsibility Mortgages”, modalidad de préstamo en la que el riesgo queda repartido entre deudor y acreedor.

Ante las tesis presentadas por los dos economistas, cabe preguntarse si en España se han adoptado las medidas de política económica correctas. Si bien en el primer momento de la crisis se procedió a inyectar fondos para asegurar la estabilidad del sistema financiero, en los últimos tiempos, se han adoptado medidas para promover la sostenibilidad de la deuda de hogares y empresas. Así, cabe destacar la adopción del Código de Buenas Prácticas para deudores hipotecarios en dificultades y la suspensión temporal de los desahucios.

Parece que las autoridades españolas han atajado los dos posibles frentes de la crisis: el mal funcionamiento del sistema financiero y el elevado endeudamiento del sector privado. Sólo queda ver si no se ha cometido ningún error diagnóstico.

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