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Entendemos el valor temporal del dinero, pero nos cuesta asimilar el valor emocional del tiempo


TRIBUNA de Marta Calvário de Almeida, CFA, miembro de CFA Society Spain. Tribuna perteneciente a la serie Visión de Fondo del Profesional CFA.

Para un financiero, es relativamente sencillo entender que un euro hoy no vale lo mismo que un euro mañana (el time value of money). Sin embargo, nos resulta más difícil concebir que una hora de nuestro tiempo hoy no tiene por qué valer lo mismo que una hora el día de mañana. ¿Pero, de qué valor hablamos? ¿El tiempo tiene valor? Normalmente lo medimos en horas, minutos, segundos, días, semanas, meses o años. ¿O es que hay otra forma de valorarlo? Desde luego, el tiempo no se puede comprar, así que no le corresponde un valor transaccional. Otra cosa es que el tiempo lleve asociado un coste de oportunidad (para invertir tiempo en unas cosas, dejo de hacer otras). Es decir, el tiempo es un recurso limitado y hay que gestionarlo a diario ante un sinfín de compromisos y responsabilidades.

En un mundo dominado por la tecnología, es difícil determinar qué tiempo dedicamos a trabajar y que tiempo dedicamos a vivir. Según la OCDE, uno en cada ocho individuos trabajan más de 50 horas a la semana. Para muchos, el llegar a casa no significa el final de la jornada (algunos incluso trabajan desde casa), la hora de cenar se convierte en una sucesión de llamadas urgentes, el email no para hasta que nos acostamos y el portátil nos acompaña a todas las partes. A la vez, queremos pasar tiempo en familia, ver a nuestros hijos, disfrutar de nuestros padres y pasar un buen rato con los amigos. Esto pasa sobre todo en los países desarrollados, donde el porcentaje de familias que tienen a ambos miembros de la pareja trabajando puede superar el 60%. Asimismo, esta doble pretensión de trabajar y vivir representa uno de los mayores retos de la actualidad en cuanto a la gestión de nuestro tiempo – ya sea por buscar un balance, una integración o sencillamente acomodar nuestras vidas y carreras profesionales.

La mayoría de los profesionales de inversión conocen el esfuerzo que supone empezar una carrera en este sector: interminables jornadas laborales y disponibilidad total para atender al cliente. Aprenden a trabajar bajo la presión de plazos apretados y el ritmo (acelerado) lo determina el mercado. Es decir, hay que dedicarle mucho tiempo (en horas) para convertirse en un profesional de éxito. Sin embargo, empezamos a observar una nueva generación de profesionales en la industria cuyo perfil va cambiando: valoran más su vida personal y necesitan tiempo para desconectar. Siguen teniendo ambición y ganas de crecer en sus carreras, pero traen una nueva visión al sector centrado en el bienestar global del individuo. De hecho, hay estudios que comprueban el riesgo añadido de enfermedades en virtud de largas jornadas laborales (por ejemplo, según una investigación de University College de Londres, personas que trabajan más de 55 horas a la semana incrementan la probabilidad de desarrollar arritmias cardiacas en un 40% en comparación con los que tienen horarios más moderados de hasta 40 horas semanales).

Está claro que emergen nuevas exigencias en cuanto a la gestión de nuestro tiempo. Es fundamental que las empresas establezcan políticas conciliadoras o integradoras de gestión del tiempo, como herramienta potente para mejorar la productividad. En el caso de parejas con hijos, por ejemplo, en EE.UU. el 60% de los padres/madres que no trabajan dicen ser por necesidad de cuidar a sus hijos. Es normal que las madres quieran ser madres y que los padres quieran ser padres. Y que ambos quieran ser buenos profesionales. Pero eso exige un cambio total en la forma de trabajar y valorar el tiempo ¿Cuántos profesionales de la industria se ven obligados a elegir su vida personal, abdicando de ciertas carreras profesionales, por no tener el soporte de las empresas en determinadas fases de su vida? ¿Cuánto talento se está perdiendo por el camino?

Poco a poco, se va notando el cambio. Algunos bancos de inversión de Wall-Street han empezado con medidas de conciliación: por ejemplo, UBS han implementado una política de dos horas a la semana para dedicarlas a temas personales, y Morgan Stanley lanzó un programa de excedencias remuneradas para empleados que alcanzaran determinado nivel dentro de la compañía.  Hay ya muchas organizaciones que están avanzando en materia de diversidad y de conciliación de vida profesional y personal: CFA Institute – la asociación global de profesionales de la inversión – es un referente internacional al llevar a cabo una política que fomenta de forma inequívoca la conciliación de sus colaboradores, fomentando horarios flexibles y teletrabajo, la posibilidad de cogerse varios días al año para acciones de voluntariado,  así como promoviendo el debate y la concienciación al respecto mediante la organización de foros y eventos en todo el mundo.

Son pasos importantes, y es vital que tengan el soporte de la alta dirección en empresas y organizaciones. Empezando desde arriba, es más fácil implementar un nuevo paradigma de gestión del talento centrado en redefinir tanto el significado como la medida de una carrera de éxito.

Quizás el tiempo que buscamos incesantemente tenga un valor mucho más intangible. Hay un vacío entre la medida objetiva de tiempo físico y nuestra medida subjetiva de tiempo psicológico, por eso el tiempo es algo tan difícil de valorar. Cuando hablamos de políticas de conciliación, no solo nos referimos al tiempo medido en horas sino a diferentes percepciones sobre su valor. Es muy importante entender la importancia de ciertos momentos para las personas – son ellas el principal activo de las organizaciones –Esos momentos que supuestamente estorban tu agenda profesional, como presenciar la fiesta de fin de curso de tu hijo a media mañana, igual son instantes fugaces (en tiempo físico), pero tan cargados de ilusión, que potencian nuestra motivación y productividad para las restantes horas del día. ¿Por qué somos capaces de entender tan bien el valor temporal del dinero y nos cuesta tanto asimilar el valor emocional del tiempo?

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