Ensayo y error


Nuevo post del blog de María Folqué y Montserrat Formoso de Funds People.

O Borges o Cioran, o los dos, dieron a entender que el éxito es un malentendido y a veces desde luego lo parece, sobre todo en ciertas noches postelectorales. Por las mañanas, los mercados, que son poco dados a la melancolía o a la reflexión, sacan sus conclusiones rápidamente y van corrigiendo la fórmula del descuento de flujos futuros con una incógnita en el denominador. Y sin embargo ese aire de cierta confusión y de ausencia de mayorías monolíticas va camino de convertirse en el nuevo normal de nuestra política. ¡Atención! va a haber que hablar y que negociar. Lo que impresiona es que sea una novedad, y que dé tanto miedo. Pues nada, a practicar. De la retórica unilateral a la persuasión cotidiana, como en la vida misma. Eso sí, si alguien se acuerda de nosotros, estaría bien.

Para compensar va y sale el PIB, con un crecimiento trimestral de otras épocas de estabilidad y alegría, de mayorías, grúas a troche y moche, concejales de todo signo contando pasta sin grabadoras y cajas de ahorro dándolo todo. Ese 0,9% es una realidad y también un símbolo, es como despertarse el martes sin rastro de la resaca del domingo, aunque parece que como argumento electoral, a secas, va a ser insuficiente.

Así que mientras escampa o no, nos vamos a China, tierra lejana y misteriosa. Por un lado el FMI ha dicho que el renminbi ya no está devaluado. Y por otro la bolsa ha tenido una corrección considerable, que también podríamos denominar como piña, cayendo un 6% en un día, la décima mayor caída diaria de su historia. Pero que no cunda el pánico, al fin y al cabo los valores chinos llevaban un año bastante rumboso, y en los últimos diez días habían subido un 16%. Parece ser que el fondo de inversión estatal Central Huijin ha deshecho algunas posiciones en valores locales para enfriar un poco el ambiente. Otra cosa es el crecimiento, la trampa de los ingresos medios, las burbujas inmobiliarias, el shadow banking, y otros asuntillos.

Y desde aquí nuestro pequeño recuerdo a John Nash, la mente que nos ha dejado esta semana. El matemático nunca se consideró un economista a pesar de que sus contribuciones al campo lo sitúan a la altura de Adam Smith. Para él la economía era un campo más sobre el que aplicar sus teorías matemáticas siendo una de sus aportaciones más famosas, como ya saben, en el ámbito de la negociación. Formuló que sólo se llegará a un acuerdo cuando ambas partes se beneficien por igual al aceptarlo y supuso un cambio de paradigma al desarrollar todo un abanico de posibles resultados en una negociación basadas en la mejor opción que puede adoptar un jugador en función de las decisiones de los otros jugadores. Nacen así las estrategias encadenadas de qué puedo hacer yo sabiendo que el otro sabe que yo sé…

Su teoría, como también conocen, no es muy realista, pues siempre hay elementos externos que hacen menos justos, más parciales, los acuerdos. Además, sus formulaciones se basan en una idea que se antoja naive y es que los individuos son racionales y saben no sólo que sus rivales son racionales sino que el rival sabe que lo sabe. Pero en el mundo real las partes implicadas tienden a pensar que el de enfrente es irracional, e incuso idiota.

Uno de sus ejemplos más populares es el dilema del prisionero, una teoría  redonda. Pero ahí tienen el caso FIFA y su garganta profunda Chuck Blazer. Un caso sin equilibrio de Nash donde un elemento externo, llamado papeles desde la fiscalía americana que te involucran, derivan en una colaboración forzada.

No sabremos la opinión del matemático sobre otros de los temas de actualidad. Las negociaciones en Grecia, por ejemplo, cuyo nivel de surrealismo y atoramiento lleva no sólo a declaraciones del gobierno heleno y posteriores desmentidos de Bruselas y el FMI, sino que además, dentro del partido griego ya no se entienden entre sí. Ahí estaba el anuncio de Varufakis de aplicar un impuesto a las retiradas de efectivo de los cajeros, desmentidas unas horas más tarde por Tsipras. Nosotras no tenemos ni pajolera idea de cómo acabarán las cosas, pero dos elementos de peso nos hacen pensar que en junio a algún acuerdo llegarán: políticos que empezarán a poner el cartel de cerrado por vacaciones, y turistas desembarcando en las paradisíacas islas griegas con alegres carteras. Lleven efectivo que alguien habrá de pagar.

Y qué diría de las negociaciones que Cameron ha iniciado con el resto de miembros de la UE para explicarles “la pregunta”: ¿debería el Reino Unido permanecer en la UE?. Un tira y afloja entre los tories de Reino Unido y Europa que se extiende a 300 años. El inconveniente de este último pulso es, para muchos analistas, que plantea la falsa elección entre pertenecer a la vieja Europa o ser potencia global en un mundo cuyo dinamismo está en Asia y EEUU; cuando la débil posición actual de Reino Unido lleva, tal como afirma Javier Solana, a elegir entre ser europea o nada.

Aunque, seamos sinceros, Bruselas tampoco es que haya ganado muchos puntos en los últimos años. 

"Barca sin equilibrio de Nash"

Buena semana

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