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"En el sistema previsional chileno hay barreras a la competencia y el costo administrativo es más del 26% del ahorro"


“El sistema debería preservarse, pero resolviendo algunos problemas que subsisten como el alto costo administrativo de la comisión de gestión del seguro de vejez y de la prima por discapacidad y sobrevivientes”. Así comienza su análisis sobre el sistema previsional chileno Carmelo Mesa-Lago en entrevista con Funds People Latam. El catedrático distinguido emérito en Economía de la Universidad de Pittsburgh es uno de los grandes expertos de pensiones del mundo y maestro de muchos de los principales académicos y profesionales en la materia de Latinoamérica. Carmelo Mesa-Lago está además de moda por tres razones: está nominado al Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2014; participará en el evento LSE Global Pensions Programme que organizan la London School of Economics, Novaster y Banco Santander; y formará parte de la comisión de 25 expertos que ha creado Michelle Bachelet para el estudio de la reforma previsional.

El académico de origen cubano ya estuvo presente en el grupo internacional que discutió el proyecto de reforma de pensiones del año 2008, también con Bachelet. Mesa-Lago, como Nicholas Barr, concuerda con la presidenta en la idea de crear una AFP pública, “aunque ajustada a las mismas reglas que las privadas; de hecho ya esto existe en otros países. Por ejemplo, en Uruguay el Banco de la República tiene una. A ella pertenece la mayoría de los asegurados y ha conseguido aumentar la competencia y reducir el costo administrativo”, indica.

Para el profesor de la Universidad de Pittsburgh la reforma de 2008 introdujo mejoras, como la pensión universal focalizada en la población de más bajo ingreso, el aporte estatal solidario a las pensiones bajas, y el bono de maternidad para compensar a las mujeres que dejan la fuerza de trabajo para criar a sus hijos, pero “quedan cosas por resolver y también para responder a las críticas que se han hecho al sistema”. Precisamente en cuanto a las críticas, opina que algunas son merecidas pero también las hay no justificadas. “El sistema sufrió un fuerte golpe durante la crisis global en 2007-2009 porque el valor del fondo (muy concentrado en valores extranjeros y acciones nacionales) cayó sustancialmente y también la tasa de retorno. Los que se retiraron durante ese período, por tanto, tenían una cuenta individual mermada y su pensión fue más baja, aunque el mecanismo de los multifondos amortiguó esto. Fue entonces cuando hubo más crítica y demanda que se terminase el sistema. Pero en tres años el fondo se recuperó, subió la tasa de retorno del capital y ambos superaron los records anteriores. El alto costo de la gestión es una crítica justificada a pesar de que la reforma de 2008 introdujo un mecanismo para aumentar la competencia. Las pensiones magras de los grupos de bajo ingreso, aunque mejoradas con el aporte estatal solidario, son otro problema. Pero la re-reforma chilena de 2008 ha sido la que ha tenido mejores resultados entre las cuatro que se han hecho hasta ahora en el mundo”, algo que el catedrático probó en un volumen publicado por el Instituto Max Planck de Derecho y Política Social de Múnich en 2012, reproducido en forma resumida por la OIT este año.

En cuanto al grado de competencia del sistema, Mesa-Lago cree que en general está correlacionado con el tamaño de la fuerza laboral asegurada. En México y en Brasil, donde hay pensiones complementarias privadas aparte del sistema público, explica que tienen muchas más entidades. “Chile está en una posición media con unas seis AFP pero hay barreras a la competencia y esta debe mejorarse porque el costo administrativo (comisión más prima) equivale a más del 26% del monto depositado. Nicholas Barr del London School of Economics y el Premio Nobel de Economía Peter Diamond han calculado que este costo reduce considerablemente el monto de la pensión.

Algo que suele estar relacionado con posible falta de competencia es los resultados tan similares que obtienen en rentabilidad las AFP, y su efecto manada en la inversión. Sin embargo, una “ampliación del período de tiempo para medir la tasa de retorno promedio del sistema podría ayudar, así como una mejor educación de los asegurados para poder apreciar el impacto de la inversión en su cuenta individual y pensión futura”, ayudaría a evitarlo según el profesor Mesa-Lago, que recibió el primer premio de la OIT a la investigación sobre el trabajo en 2007 junto a Nelson Mandela.

Medidas positivas pero con "ciertas cautelas"

Una vez reavivado el debate previsional con la Comisión Asesora sobre el Sistema de Pensiones, aparte de la gran apuesta de crear una AFP pública se han puesto más alternativas sobre la mesa. Hay tres que han sonado en los últimos días: crear una comisión sobre el patrimonio de cada afiliado que gestiona la administradora, subir la tasa de cotización y retrasar la edad de jubilación. Sobre ello, Carmelo Mesa-Lago, arguye: “Estas medidas son positivas pero con ciertas cautelas. La comisión sobre el saldo es mejor que una comisión sobre el salario porque incentivaría a las AFP a generar mayores rendimientos con mejor inversión, esto se aplica en Costa Rica. Por otra parte, las primeras leyes de pensiones en América Latina se establecieron en las décadas de los 20 y los 30 (en EE.UU. en 1935) cuando la esperanza de vida al tiempo de retiro era mucho menor que ahora, de manera que varios países han aumentado la edad de jubilación y otros la han atado a la creciente expectativa de vida. Yo dejaría el aumento de la cotización para el final, si fuese necesaria después de tomadas las otras medidas, porque en muchos países ya es muy alta y puede crear un incentivo para evadir; considero que primero habría que elevar el tope que algunos países fijan sobre el salario imponible, lo cual además tendría un efecto redistributivo progresivo y reforzaría la solidaridad social”.

Para Mesa-Lago, el sistema de pensiones ideal sería “un sistema mixto que combinase tres pilares: el de protección social a los pobres con pensiones asistenciales; un pilar público que pague una pensión básica contributiva; y un pilar de capitalización que sufrague una pensión complementaria”. La fórmula, no obstante, variaría según el país. Por ejemplo “en Costa Rica el pilar público paga la pensión contributiva principal y el de capitalización la complementaria, mientras que en el cerrado sistema de Argentina era lo opuesto. En todo caso es primordial que el modelo tenga en cuenta las peculiaridades económicas, sociales y políticas del país y que sea precedido de un diálogo social y estudios actuariales profesionales para asegurar su equilibrio a corto y largo plazo”.

En sus trabajos ha concluido que los dos mejores sistemas de pensiones en Latinoamérica son el de capitalización de Chile después de ser mejorado con la reforma de 2008, y el sistema mixto de Costa Rica. Varios países, analiza, “copiaron al carbón” ya que hay países que no tuvieron en cuenta que sus condiciones económicas, laborales y de capital eran muy diferentes. Por ejemplo, “Chile y Costa Rica tienen una fuerza laboral formal entre las mayores en la región pero en países como Bolivia, El Salvador y Perú hay una gran proporción de trabajo informal que son muy difíciles de cubrir porque carecen de empleador y de su contribución, su salario tiende a ser bajo y errático, y debido a su dispersión, la afiliación y el pago de sus contribuciones (la suya más la del empleador que no tienen) es muy compleja. Los países pequeños usualmente tienen muy pocas AFP o un duopolio. Además, Chile estableció su bolsa de valores a fines del siglo XIX, mientras que otros países carecen de un mercado valores o este es incipiente de forma que la inversión por fuerza se concentra en papeles de deuda pública, dejándolos a la merced de Estado que fija las tasas de interés”.

Exportar modelo

El nominado al Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2014 explica que lo conveniente es “una mezcla” del sistema de reparto y el de capitalización. Por ejemplo, “el Banco Mundial reconoció después de 25 años de apoyar el modelo de capitalización o contribución definida que este había abandonado el llamado primer pilar de protección a los ancianos pobres mediante pensiones no contributivas o de asistencia social. Parte de mi trabajo en América Latina ha sido abogar por esta pensión y lo conseguí en El Salvador y Panamá, así como su universalización en Costa Rica y Chile, como atestiguan cartas de los presidentes de los cuatro países. Por otra parte, los sistemas públicos se beneficiarían de pensiones complementarias con sistemas de capitalización que mejorarían el monto de las pensiones y contribuirían al desarrollo económico”.

Otra cuestión importante para mejorar las pensiones en todas partes es promover la cultura del ahorro. “En España, Europa, Estados Unidos, América Latina y en el resto del mundo (salvo el asiático desarrollado) hay que promover la cultura del ahorro, especialmente a través de planes complementarios de pensiones o ahorro individual. La seguridad social no puede mantener el nivel de vida anterior al retiro especialmente cuando las edades de jubilación son bajas y las pensiones son generosas, de ahí la importancia del ahorro individual. Por supuesto esto es imposible o muy difícil en el grupo de muy bajo ingreso que debe ser asistido por el Estado, pero sí en la clase media. Le doy un ejemplo personal: como catedrático universitario yo tenía un salario bueno y creciente y contribuí más de 40 años a la pensión de seguridad social en EE.UU., pero la tasa de reemplazo basada en el salario promedio de todos mis años de trabajo y las contribuciones mías y de la universidad fue de alrededor del 20%, y recibo una pensión máxima de unos US$ 2.000 mensuales mientras que mi último salario fue de US$ 10.000 mensuales, de manera que no podría mantener mi nivel de vida anterior; lo puedo hacer porque contribuí junto con la universidad, un 20% adicional de mi salario a un fondo de todos los profesores universitarios del país (TIAA-CREF) que complementa mi pensión básica. Los que piensan que la seguridad social, aun bien gestionada, puede reemplazar el 70% del último salario o más, viven una ilusión, la tasa que recomienda la OIT es el 45% del salario promedio de toda la vida laboral”, concluye.

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