“En el actual entorno de tipos bajos y flexibilización monetaria, el inversor buscará la rentabilidad”


A pesar de las dramáticas políticas relativas a las operaciones monetarias directas del BCE y la tercera ronda de flexibilización cuantitativa de la Fed, los inversores son conscientes de que los problemas de fondo que atañen al sobreapalancamiento de los hogares, la aversión al riesgo de las entidades financieras y el sobreendeudamiento de los gobiernos aún no se han resuelto. Tanto la historia como la lógica hacen presagiar que estos problemas no se pueden resolver por la varita mágica fiscal o monetaria. “Solucionarlos no se hará de la noche a la mañana: se necesitarán varios años para que se produzca una recuperación sostenida de los balances”, afirman desde Invesco AM.

En un artículo publicado por John Greenwood, economista jefe de la entidad, el experto considera que mientras este proceso de desapalancamiento y saneamiento siga su curso, el consumo y la inversión empresarial en el mundo desarrollado probablemente continuará mostrando cifras insatisfactorias. En los emergentes, sin embargo, los balances están en una situación mucho mejor, si bien el problema es que muchos de ellos han orientado su economía hacia la exportación, lo que crea una fuerte dependencia de las ventas que realizan principalmente a Estados Unidos, Europa y Japón. “Cambiar su enfoque hacia el consumo y los servicios no será ni rápido ni fácil”, asegura.

“En China, la economía se ha desacelerado mucho más de lo que las cifras oficiales sugieren bajo el impacto de factores internos y externos”. En este sentido, Greenwood entiende que el inminente relevo en la cúpula del Partido Comunista está retrasando una respuesta coordinada oficial a la desaceleración económica que sufre el país. En este sentido, el experto afirma que, por ahora, “la contestación dada por las autoridades chinas al enfriamiento de su economía ha sido más simbólica que sustancial”. Esta ralentización en el ritmo de crecimiento se explica fundamentalmente por la caída de las exportaciones hacia las economías desarrolladas.

“Por desgracia, la economía mundial no puede hacer frente a estos problemas de forma secuencial, sino que estos ajustes de gran alcance tienen que ser abordados al mismo tiempo”. Greenwood cree que la debilidad del crecimiento mundial y la necesidad de equilibrar las cuentas públicas hace probable que el BCE, la Fed y el Banco de Japón mantengan los tipos en torno al 0% durante varios años más. “Los altos niveles de endeudamiento limitará la capacidad de los estados para aplicar estímulos fiscales, lo que implica que la mayor parte de la respuesta política venga por el lado de dejar las tasas en niveles muy bajos y la ampliación de balances a través de compras de activos”.

Perspectivas de mercado para el cuarto trimestre

Pese a la creencia generalizada de que la política monetaria llevada a cabo por los bancos centrales va a tener un claro efecto sobre la inflación y la cotización de las materias primas, Greenwood no se apunta a esta tesis. “Creemos que la inflación seguirá moviéndose en niveles moderados y que el precio de las ‘commodities’ tenderá a debilitarse como consecuencia de una menor demanda global”. Lo que también tiene claro es que, con unos tipos de interés muy próximos al 0% y unos bancos centrales expandiendo sus balances, “los inversores se mantendrán en un modo de búsqueda de la rentabilidad”.

Durante el tercer trimestre, el Quantiative Easing 3, las operaciones monetarias directas del BCE y el Tribunal Constitucional alemán dieron a los mercados razones para el optimismo. También el resultado de las elecciones en Holanda proporcionaron cierto alivio. Como resultado, las acciones y los bonos subieron entre julio y mediados de septiembre, en tanto que el euro también recuperaba terreno frente al dólar. “De cara al futuro, sin embargo, espero que la mayor parte de este rally se evapore en los días fríos y oscuros del Hemisferio Norte”, proyecta Greenwood. ¿Por qué? En su opinión, el problema central es que existe un choque entre las intenciones del sector privado y las de las autoridades.

A su juicio, este sería el mismo problema que se habría encontrada el Banco de Japón cuando puso en marcha entre 2001 y 2006 sus programas de flexibilización monetaria. “Mientras que el sector privado tiene la intención de reparar los balances a través del desapalancamiento, el aumento del ahorro y el recorte de los gastos, las autoridades están tratando de incitar a las empresas y a los hogares a endeudarse y gastar. En esta batalla, la historia demuestra que los bancos centrales y los gobiernos no tienen éxito hasta que los balances del sector privado hayan sido en buena medida reparados, algo para lo que en Estados Unidos habrá que esperar al menos entre dos y tres años”.

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