En busca de la rentabilidad perdida


Dados los últimos acontecimientos a los que la remuneración de los depósitos tradicionales se refiere, con una bajada generalizada de los tipos, la relación entre riesgo y rentabilidad se ha hecho más estrecha que nunca. Es por este motivo por el que los clásicos ahorradores (convertidos casi a la fuerza en nuevos inversores) empiezan a demandar otra clase de productos hacia los que recuperar la rentabilidad perdida pero teniendo muy presente este famoso binomio.

En unas circunstancias en las que el recorrido en positivo de la renta fija parece acercarse a su fin, no es de extrañar que el nuevo inversor tenga la necesidad de exponerse de una manera más directa hacia productos de renta variable. En un momento en el que los mercados demasiado frecuentemente dan pequeños (y no tan pequeños) sustos, parece razonable que la alternativa para este tipo de clientes sean los fondos de inversión. Dentro de este tipo de productos, planteamos como una buena oportunidad para empezar en este mundo los fondos de inversión de aportación periódica. Estos vehículos permiten hacer suscripciones de pequeño importe sin asumir la exposición directa al riesgo del trading y con las ventajas de la diversificación. Esta alternativa se plantea interesante para fondos de poca volatilidad (respetando por tanto el perfil conservador del nuevo inversor) y siempre enfocados en el largo plazo (recordemos al famoso Mister Market de Graham esquizofrénico en el corto plazo y más racional a largo plazo)  y sin olvidar fijar un porcentaje de resultados esperados antes de comenzar.

Además de lo anterior, las revisiones periódicas de la composición de la cartera (al menos una vez al año) será lo que determine en muchos casos el éxito de nuestra apuesta y es ahí donde el asesor debe ayudar al nuevo inversor a encontrar los vehículos que, adecuados a su perfil, le permitan obtener los mejores resultados.

Así, ya sea bajo esta fórmula u otra, lo cierto es que apreciamos que la obtención de rentabilidades a nivel conservador pasa por una mayor exposición hacia los mercados y una mayor especialización del propio ahorrador en materia económica y financiera puesto que y a pesar de que la labor de asesoramiento es fundamental hoy más que nunca, una mayor educación financiera siempre juega a favor de todos y sobre todo en un entorno tan cambiante.

De todo esto, concluimos que en una situación llena de constantes transformaciones e incertidumbre, el asesor financiero debe estar preparado para el cambio que poco se está produciendo en el ahorrador tradicional y deberá buscar un mayor abanico de posibilidades de inversión que permitan recuperar la rentabilidad perdida pues las circunstancias han hecho que lo que antes funcionaba ahora ya no. Pero por suerte, no todo está inventado y como nos ha demostrado tantas veces la historia, en la adversidad se encuentra la oportunidad.

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