¿Emergentes? Ahora no, gracias. ¡Este ciclo se apoyará en los desarrollados!


El último ciclo económico expansivo global se extendió aproximadamente desde 1990/92 hasta 2007  - el más largo desde la II Guerra Mundial -  y favoreció especialmente a las economías emergentes. Estas pudieron dar un salto cualitativo como nunca antes, básicamente gracias a la apertura del comercio por parte de las economías desarrolladas. Una apertura que en ocasiones se concedió sin exigir casi ninguna contraprestación a cambio, ni siquiera en materia de derechos humanos o de respeto a patentes, dicho sea de paso. Esa generosidad fue magníficamente aprovechada por las economías emergentes hasta el punto de que algunas de ellas dejaron de serlo definitivamente, como es el caso de Corea del Sur, mientras que otras adquirieron tal peso específico en determinadas actividades que llegaron literalmente a expulsar a los desarrollados líderes en esos campos.

Bueno, pues esta vez, en este nuevo proceso de recuperación económica aún incipiente, el protagonismo estará básicamente en las economías desarrolladas. ¿Por qué?. En mi opinión, por dos razones conceptuales y tal vez poco ortodoxas. Por una parte, las economías desarrolladas han realizado ajustes muy severos (sociales, salariales, etc) que han mejorado sustancialmente su competitividad global (es decir, se han readaptado) y, por otra, las economías emergentes necesitarían adoptar un cambio de modelo económico para poder seguir avanzando, pero sus restricciones políticas les bloquean en ese sentido. Es como si hubieran llegado a lo que podría denominarse su máximo nivel de desarrollo en las condiciones actuales, sin acometer reformas serias de sus respectivos modelos económicos, que ya han comenzado a ofrecer serios síntomas de agotamiento.

¿Cuál ha sido el detonante de esta reversión en las economías emergentes? Sencillamente, creo que todos  - y ellas mismas también –  infravaloramos en los comienzos de la crisis financiera su aún elevada dependencia de las economías desarrolladas. No ha resultado cierto  - al menos no hasta el punto en que se pensaba -  que los emergentes hubieran roto su vínculo de dependencia con los desarrollados. Sus modelos económicos, aunque estén más apoyados en la demanda interna que en los años 80, aún son altamente dependientes del sector exterior y, en particular, del ciclo de los desarrollados.

¿Por qué pienso que esta vez van a recuperarse con retardo con respecto a las economías desarrolladas? Porque se han introducido en un circuito que no llega a ser destructivo, pero que da como resultado un desarrollo económico (crecimiento) insuficiente. Me explico. Al prolongarse la crisis en las economías desarrolladas, las emergentes han terminado viéndose afectadas por dos vías: por el menor crecimiento económico (PIB) al debilitarse la demanda de sus “clientes más ricos” y por la reducción significativa del flujo inversor exterior, puesto que la reciente crisis ha convertido los recursos financieros en el recurso escaso por excelencia (por eso los esfuerzos de los bancos centrales para resolver el problema mediante monetarismo).

Lo más grave para los emergentes es la pérdida de crecimiento, ya que por debajo de determinados niveles de expansión del PIB afloran conflictos sociales serios como consecuencia de las dificultades para crear suficiente empleo. Por ejemplo, probablemente un crecimiento inferior a +6% provocaría en China serios problemas sociales al no crearse suficientes puestos de trabajo en las ciudades como para cubrir las expectativas de emigración de la población rural. Una vez que el crecimiento decae hasta niveles arriesgados desde una perspectiva social, los gobiernos de las economías emergentes tienen un problema serio, puesto que deben revertir la situación antes de que se agrave.

La vía fácil, que es la que hasta ahora han tomado, es emplear la política monetaria. Sin embargo, el camino fiable era cambiar el modelo económico más rápidamente, mediante liberalización, modernización, apertura comercial (no sólo para exportar, sino también para importar) y reformas estructurales en lugar de resistirse a ellas. Es decir, modernizar los sistemas fiscales, mejorar la capacidad recaudatoria, liberalizar sectores y comercio, incentivar las inversiones exteriores, etc. Pero al tomar el camino del monetarismo y sólo del monetarismo sólo están consiguiendo más inflación a corto plazo, no reactivar el crecimiento, depreciar sus divisas y retraer la inversión exterior. Ahora su reacción (India, Brasil, Indonesia, etc) es, inevitablemente, subir tipos para tratar de frenar dicha depreciación y combatir la inflación. Pero no se dan cuenta de que esa no es la solución, sino en el mejor de los casos una fórmula para amortiguar los síntomas de la enfermedad, sin llegar a erradicarla.

Si los emergentes continúan resistiéndose a hacer evolucionar su modelo económico aplicando reformas estructurales y liberalizando, padecerán una incertidumbre política creciente y eso afectará a la percepción de solvencia que de ellos se tiene tanto o más que la ausencia de crecimiento… lo que continuará retrayendo los flujos de inversión exteriores y sus divisas continuarán depreciándose. Llegados a ese punto, del cual no se encuentran lejos, podrían caer en la tentación de emplear sus hoy abundantes reservas de divisas para frenar la depreciación de sus propias monedas (se estima que Brasil ya ha consumido más de 60.000 millones de dólares de sus reservas de este modo). Eso, creo yo, sólo debilitaría más la percepción de solvencia que de ellos se tiene, de manera que los flujos exteriores seguirían retraídos. Así, mientras no cambien de estrategia, sus economías pueden seguir desacelerándose hasta detenerse y, ¿quién va a invertir en un emergente que no crece?

Este planteamiento puede parecer algo exagerado, pero basta echar un vistazo al saldo que arrojan las bolsas de las economías emergentes este año para darse cuenta de que algo serio tiene que estar ocurriendo. Puede que la situación más preocupante sea la de Argentina, donde la inflación real (+25%/+30%) no tiene nada que ver con la reconocida oficialmente (+10%), el crecimiento es inexistente y el Gobierno intenta eludir el pago de los bonistas que no se acogieron a la reestructuración de deuda de 2005 y 2010 tras el default de 2002 porque sabe que pagar mermaría sensiblemente sus reservas de divisas.

Sinceramente, en un contexto en que los emergentes han dejado de crecer lo suficiente y algunos empiezan a sufrir un deterioro preocupante en su solvencia exterior, me inclino por pensar que las economías desarrolladas, tras una profunda “depuración interior”, serán las que lideren el incipiente ciclo expansivo. Para mí resulta obvio dónde hay que invertir desde una perspectiva geográfica.

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