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Elecciones americanas: ¿a quién beneficia la crisis del COVID-19?


TRIBUNA de Marie-Pierre Peillon, directora de Análisis y Estrategia ASG, Groupama AM. Comentario patrocinado por Groupama Asset Management.

Probablemente más que en otros lugares, la crisis sanitaria resalta las desigualdades socioeconómicas que fragmentan estructuralmente a la sociedad estadounidense. La ola del COVID-19 está probando un sistema de salud cuyo modelo se centra en la responsabilidad y la disposición individual.

"No existe un sistema universal de salud pública accesible para todos en Estados Unidos, excepto Medicare y Medicaid, destinado a los más pobres y mayores de 65 años, respectivamente. Por lo tanto, los ciudadanos deben contratar un seguro privado particularmente costoso para cubrir costes de salud muy altos, impuestos por farmacias, médicos y hospitales. Esta estructura de costes desalienta a muchos americanos a consultar a un profesional. Esto retrasó la conciencia de la gravedad de la epidemia en febrero y marzo, y sigue siendo un problema hoy", comenta Laurence Nardon, jefa del Programa de América del Norte del IFRI*.

Minorías más vulnerables por la crisis sanitaria

Otro hecho significativo es que las minorías afro y latinoamericanas están en primera línea de las desigualdades, exacerbadas hoy por la crisis sanitaria. Al estar estas minorías sobrerrepresentadas entre las clases sociales más desfavorecidas del país, no es sorprendente descubrir que también son las más vulnerables a la epidemia.

Cuestiones políticas nacionales: el esbozo de las primeras dinámicas...

Políticamente, aún es difícil aprender lecciones sobre la influencia de la crisis sanitaria en las elecciones presidenciales. Sin embargo, han surgido algunas dinámicas desde el comienzo de la epidemia.

Los primeros resortes vinculados al sentimiento de unión nacional fueron favorables para el presidente, cuya acción fue aprobada en gran medida por la opinión pública estadounidense a mediados de marzo. Pero esta tendencia se ha revertido a lo largo de las semanas, como lo demuestran algunas encuestas recientes que, a partir del 23 de abril, estimaban que el 50,5% de los estadounidenses desaprueba las acciones del presidente. Esta caída puede estar correlacionada con la postura de oposición sostenida por Donald Trump frente a los gobernadores de los estados americanos, responsables de las medidas sanitarias. Conservador por ideología, desafió públicamente las medidas de contención aplicadas por muchos estados gobernados por demócratas.

Sin embargo, es difícil aventurarse, en esta etapa, a cualquier pronóstico electoral. Desde este punto de vista, las grandes reuniones habituales que preceden a las elecciones volverán a ser decisivas: será necesario seguir cuidadosamente la Convención Demócrata, ahora trasladada a agosto, ¿con la tentación de una orientación más a la izquierda después de la crisis sanitaria, para Joe Biden?, y la de los Republicanos a finales de agosto y los grandes debates televisados ​​de otoño. También será necesario seguir la evolución de los indicadores de empleo y crecimiento, importantes cuestiones económicas en el contexto electoral.

Cuestiones geopolíticas: cansancio del imperio americano y soft power chino

La crisis actual está en el corazón de los problemas geopolíticos internacionales y muestra dos políticas muy diferentes a la escala del duopolio chino-estadounidense. Del lado de China, cuyo desafío es establecer su liderazgo mundial, la crisis sanitaria se considera una oportunidad increíble para difundir su soft power y mejorar su imagen en el mundo entero.

Bajo el mandato de Xi Jinping, China ha estado a la ofensiva estos últimos años para hacerse cargo de la gobernanza de varias organizaciones y agencias internacionales, como la FAO o la UIT*. En el contexto de la crisis actual, el ejercicio de este soft power requiere una narrativa bien establecida: el poder chino está tratando de demostrar al mundo entero que su sistema autoritario ha permitido contener la epidemia de manera efectiva. China también está a la vanguardia de la escena internacional, asumiendo la producción y la logística de material sanitario que suministra a muchos países. Estados Unidos ha abandonado por completo este papel de coordinación.

A diferencia de China, Estados Unidos cree que la expresión de su poder ya no pasa por la dirección de las operaciones a escala mundial. Desde mediados de la década de los años 2000, defender los intereses estadounidenses ha sido sinónimo de retirada. Esta tendencia se ha observado desde la Presidencia de Barack Obama, quien ya quería que el ejército estadounidense pusiera fin a las guerras en Irak y Afganistán. El mandato de Donald Trump obviamente ha acentuado este movimiento. Uno de los últimos ejemplos de esta sed de retirada es el cuestionamiento de la contribución de Estados Unidos a la financiación de la OMS*.

Sin embargo, a largo plazo y más allá del plazo electoral, el Gobierno americano podría reconsiderar estos acuerdos exigiendo más de China. No se excluye una revisión.

*Notas
IFRI: Instituto Francés de Relaciones Internacionales.
FAO: Food & Agriculture Organisation.
UIT: Unión Internacional de Telecomunicaciones, agencia internacional de las Naciones Unidas para el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación.
OMS: Organización Mundial de la Salud.


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