El sector bancario cuatro años después de Lehman: ¿Impasse o renacimiento?


En los últimos cuarenta años, el sector financiero ha atravesado varias revisiones y tribulaciones similares a las actuales. El período 1990-1991 es un buen ejemplo. Algunas tendencias ya han emergido: se intensificarán las restricciones regulatorias y los bancos que están demasiado centrados en el apalancamiento y las operaciones realizadas por cuenta propia necesitarán una puesta a punto completa pues la existencia de unos requisitos de capital superiores hacen que su modelo anterior sea insostenible.

Por otro lado, modelos económicos más tradicionales –donde la combinación depósito/préstamo es la estrategia central- han ayudado a algunos bancos a reducir su riesgo y a superar un período muy agitado. Sin embargo, el trade-off suele significar aquí un retorno del capital más bajo por lo que esta gestión tan prudente necesitará estrictos controles sobre los costes operativos.

Al centrarse en los clientes, y en particular en los clientes minoristas, los bancos tienen los medios para reinventarse a sí mismos. La llegada de los servicios financieros vía móvil nos muestra que la tecnología debería dar lugar a nuevas ofertas. Los préstamos siempre serán un negocio de riesgo, pero, independientemente de los cambios regulatorios, los bancos son ahora plenamente conscientes de que un excesivo apalancamiento es peligroso.

No hay garantías de que la transformación del sector vaya a ser exitosa, pero al menos algunos bancos han utilizado el pasado reciente para inventar nuevos enfoques y para combinar riesgo moderado con una rentabilidad igualmente moderada pero más regular junto con menores obligaciones de capital.

Los bancos centrales son responsables de la política monetaria y hoy en día están cooperando de forma más cercana con los reguladores para cumplir una misión macroprudencial. Los controles técnicos siguen siendo indispensables incluso aunque en el pasado han demostrado tener una capacidad muy limitada para evitar un exceso de especulación en activos como los inmobiliarios.

Al limitar el riesgo excesivo adoptado tanto por los bancos como por los prestatarios, podrían restringir de forma temporal el crecimiento económico, pero al menos pueden esperar evitar o reducir el inevitable shock económico y financiero que tales comportamientos generan. También estarían cumpliendo con su principal misión, que pasa por asegurar la estabilidad financiera. 

La situación en España hoy, por ejemplo, sería diferente si su banco central hubiese sido más duro con la burbuja inmobiliaria entre 2000 y 2005. Lo mismo podría decirse de la Reserva Federal desde 2006. Por supuesto, definir una gestión macroprudencial es todavía una cuestión abierta.

Frente a un crecimiento regulatorio casi mundial, el sector bancario ha sido capaz de retener algo de momentum local. La bancarización sigue creciendo en la zona emergente y algunos bancos internacionales líderes, incluyendo algunos en Europa, se las han ingeniado desde hace mucho tiempo para mantener su presencia estratégica en estos mercados de gran crecimiento.

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