El sector asegurador ante la crisis del COVID: el impacto en sus carteras de inversión


TRIBUNA de José María Úbeda, director de desarrollo de negocio institucional de A&G.

Hace unos días tuvimos el placer de organizar y moderar una mesa redonda web dónde pudimos dialogar con especialistas del sector sobre el impacto y las perspectivas de las inversiones en el sector asegurador. Es importante resaltar la robustez y solvencia del sector, y la calidad en la gestión de las inversiones que nos trasmitieron los panelistas.

La gestión de la crisis ha sido complicada y muy distinta a la anteriores, además del impacto negativo que han tenido los movimientos de mercado en los activos, pasivos y patrimonio de las entidades, se han tenido que aplicar al mismo tiempo planes de contingencia y gestionar el equipo humano fuera de los lugares habituales de trabajo.

Pese a la complejidad de la situación derivada de la pandemia, la evolución del sector asegurador y el limitado impacto de la crisis en sus inversiones pone de manifiesto la alta solvencia que tiene el sector en su conjunto.

Actualmente, la composición de las carteras es más robusta debido a la evolución que han tenido en los últimos años y la madurez adquirida en el control de riesgos ha favorecido una mayor templanza en la toma de decisiones. Se han aprovechado más y mejor las oportunidades que han dejado las fuertes caídas en los mercados. Por supuesto, lo aprendido durante la crisis de 2008 y los episodios de correcciones fuertes del mercado en los últimos diez años, también ha ayudado en este aprendizaje.

El marco regulatorio que se introdujo por Solvencia II ha generado una mayor sensibilización hacia el riesgo que ha tenido un impacto muy positivo en la gestión de esta crisis. Los expertos del sector asegurador señalan que el control de riesgos de las compañías ha mejorado notablemente. Por otro lado, el sector asegurador es sistémico para la economía y la regulación de Solvencia II es un garante de la salud del sector. Evidentemente, hay puntos que mejorar, no solo desde el lado de las inversiones/activos sino también del lado de los pasivos. La implantación de Solvencia II ha sido dura y lo sigue siendo para algunas compañías, pero ha incrementado la calidad y la profesionalidad de la gestión de las inversiones en las compañías.

Aunque los movimientos del mercado han sido duros y profundos, han tenido menor duración temporal debido a que han sido gestionados de una forma más agresiva desde el primer momento a través de ayudas en el ámbito institucional (gobiernos, BCE, FED).

El mercado de renta fija ha ofrecido oportunidades en investment grade que no se habían producido desde hace años y que eran impensables a cierre de 2019. Estos movimientos han sido aprovechados y han posibilitado una reestructuración de las carteras, generando una mejora considerable en la rentabilidad, permitiéndoles afrontar mejor los retos por venir.

Cuando uno habla con los profesionales del sector asegurador éstos te indican que, aunque su activo principal es la renta fija, siguen apostando por los activos alternativos, principalmente las infraestructuras y la deuda privada. Eso sí, se muestran un poco más cautos con el mercado inmobiliario. Este es reflejo de que en muchos casos el comportamientos de los alternativos ha sido mejor que el de los activos liquidos.

La represión financiera vivida en los últimos años, con tipos muy bajos, ha provocado que el sector asegurador cuente de manera estructural con los activos alternativos en sus carteras, encajando perfectamente con su cash-flow matchinga largo plazo de las entidades, así como generar una optimización en el consumo de capital de las compañías. Pese a que durante unos meses pueda estar detenida de manera coyuntural, esta tendencia es imparable, además está siendo claramente auspiciada por el regulador.

Además de la vuelta a las oficinas, uno de los grandes retos es la consideración del impacto del teletrabajo en las inversiones inmobiliarias de las aseguradoras, una parte con bastante peso en muchos de los balances. El segundo reto es conocer el impacto del mayor endeudamiento y la menor flexibilidad financiera de los gobiernos en la gestión y expectativas de rentabilidad en las carteras de renta fija en los próximos años. El tercer reto se centra en la capacidad de adaptación de las inversiones a los criterios de ESG que están ya encima de la mesa por parte de los reguladores. Y el cuarto reto, será la evolución que deben que tener las pequeñas y medianas mutuas y aseguradoras en su gestión de inversiones y capital, ya que, es en este segmento dónde todavía están en una fase más inicial, debido a tener unos medios más limitados, y dónde por lo tanto ha podido tener mayor impacto esta crisis.

En cuanto a las apuestas de mercado, vemos una tendencia hacia los sectores de tecnología y salud, apostando por alternativos, infraestructuras, energías renovables, y todo lo relacionado con la sostenibilidad. Lo que demuestra que la llamada “nueva normalidad” no lo es tanto ya que son apuestas que ya apuntaban antes de la pandemia

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