El rol del dólar en los emergentes: ¿qué están pasando por alto los inversores?


TRIBUNA de Craig Botham, economista de mercados emergentes de Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

Una nueva teoría acerca del dólar estadounidense está poniendo en entredicho la forma en la que los economistas y los mercados conciben las divisas. Esta teoría, estudiada por Gita Gopinath, de la Universidad de Harvard, tiene implicaciones especialmente importantes para las clases de activos emergentes.

Son muchos los que consideran que la fortaleza del dólar resulta perjudicial para los mercados emergentes, opinión que parece haberse confirmado en vista del extremadamente difícil 2018 que han experimentado los activos emergentes. Sin embargo, las razones que tradicionalmente explican el porqué de esta evolución, como la actitud de los inversores hacia el riesgo (también llamada predisposición al riesgo) o las condiciones financieras reinantes, se están cuestionando cada vez más.

Cada vez existen más pruebas que indican que el dólar, más que ninguna otra divisa, domina la facturación de las transacciones comerciales, lo que pone en tela de juicio las teorías que los economistas y los mercados tenían sobre las divisas y sus efectos en las variables económicas y financieras. Este nuevo modelo brinda una panorámica más completa acerca de cómo y por qué el dólar reviste tanta importancia para los mercados emergentes, y por qué tiene una repercusión mayor en el comercio internacional y en la inflación de lo que, por lo general, se percibe.

Veamos pues qué implicaciones se derivan de los movimientos de la divisa norteamericana. La apreciación del dólar reduce la demanda de importaciones a escala mundial al incrementar de forma simultánea los precios de las importaciones para todos los países, excepto para EE.UU. Al mismo tiempo, aumenta el coste del crédito, especialmente en economías donde predomina la deuda denominadas en dólares. Por tanto, un dólar más fuerte supone un obstáculo manifiesto para el crecimiento emergente, al generar presiones inflacionistas independientemente de la evolución de los tipos de cambio ponderados por intercambios comerciales. Esto quiere decir que los bancos centrales disponen de un incentivo evidente para combatir la depreciación de sus divisas frente al dólar, dado que ofrece pocas ventajas para las exportaciones y, en paralelo, genera una mayor inflación.

Estos razonamientos ofrecen una serie de lecciones para los inversores. La primera es que, al menos en el caso de los mercados emergentes, podría resultar más beneficioso centrarse en los tipos de cambio frente al dólar en lugar de en los tipos de cambio ponderados por intercambios comerciales a la hora de determinar si una divisa está valorada de forma adecuada, si el ajuste de una divisa es suficiente para corregir los desequilibrios externos y para sopesar el efecto de la inflación. Depender de la paridad del poder adquisitivo, los tipos de cambio efectivos reales y otros parámetros de valoración razonable no llevará a alcanzar conclusiones firmes en términos de inversión.

Todo esto nos abre un nuevo panorama en el que podríamos tener que ajustar nuestra visión respecto de cómo los bancos centrales del universo emergente deberían reaccionar, otorgando un papel mayor a la estabilidad de las divisas en detrimento de la inflación y el crecimiento. La fortaleza del dólar podría conllevar un endurecimiento de la política monetaria mayor del que podría esperarse. Esto tiene implicaciones concretas para los inversores en renta fija y divisas que los inversores en renta variable emergente tampoco deberían pasar por alto, habida cuenta del papel que desempeñan las condiciones monetarias en los mercados bursátiles.

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