El reto de la transformación de la industria de fondos


Durante las últimas semanas he tenido ocasión de hablar con numerosas personas sobre el tema y, la verdad, el panorama es casi peor que el que presenta la economía española.

En primer lugar, los activos bajo gestión han caído de forma drástica, cerca de un 40% en España y más aún en otros mercados donde el componente de acciones es aún mayor entre los productos de inversión. Esta realidad se traduce en un descenso drástico de los ingresos y en exceso de estructura dados los costes previos.

Mirando hacia el futuro, los ingresos pueden todavía resentirse más, pues con unos tipos próximos a cero el componente de renta fija seguirá perdiendo atractivo frente a depósitos (con tipos al 1% y comisiones del 1%, el resultado es cero rentabilidad para una inversión conservadora en renta fija). La renta variable tampoco recuperará los niveles previos a la crisis hasta dentro de unos años (estimo entre 3 y 7 años, dependiendo de diferentes escenarios macro), lo que unido a la mayor aversión al riesgo seguirá generando menos ingresos que hace una año.

Además, en muchos casos, la necesidad de liquidez de las entidades financieras que controlan las gestoras de fondos será un factor que forzará ventas y adquisiciones para reducir gastos o generar ingresos (Credit Suisse-Aberdeen, New Star - Henderson o Schroders, etc). En este dantesco escenario, la pérdida de foco de los principales directivos y gestores de fondos va a ser importante, lo que unido al estado de ánimo de las plantillas no augura un buen resultado para los inversionistas.

Por tanto, ¿qué se puede hacer al respecto?, ¿quién puede salir beneficiado de todo esto? En primer lugar no perder el foco. Las gestoras deben concentrarse en sus actividades principales, saliendo de determinados tipos de activos o actividades en las que no puedan generar un valor añadido competitivo. El rango de productos y servicios que ofrecen va a experimentar una importante transformación. Si algo ha fallado sustancialmente el último año es la gestión de las expectativas (o riesgo) de los clientes. La demanda de productos sencillos y predecibles se incrementará sin duda, al igual que la necesidad de un mayor asesoramiento. De “colocar” productos a “adaptar” la oferta actual a las necesidades de los clientes. En otras palabras, el cliente pasará por fin a ser el centro del negocio y ganarse su confianza va a llevar tiempo. Soy consciente de que muchas veces se comenta lo mismo pero en esta ocasión la magnitud de la crisis forzará la transición definitiva. La dicotomía gestora global vs “boutique” pasa a un segundo plano. Los clientes demandarán confianza, seriedad, proximidad y transparencia. Al igual que está sucediendo en Suiza, muchos invesores prefieren bancos medianos bien gestionados, centrados en su actividad principal que a los dos grandes cuyas diversas e importantes actividades han terminado por complicarles las cosas. Un factor importante a la hora de elegir gestora es averiguar quién esta ahora invirtiendo en personas, medios, procesos, marca,etc. Sólo los que pueden lo hacen y sin duda alguna serán los beneficiados a medio plazo.

En cuanto al equipo humano, es evidente que el perfil de directivos y gestores también sufrirá una importante transformación. Como dice un viejo refrán japonés, “cuando la marea sube, todos lo barcos flotan”, ahora la marea es baja y los escollos son abundantes. La experiencia en transformación de compañías, visión global, dotes de liderazgo y capacidad de establecer buenas reglas de gobierno corporativo para transmitir confianza son esenciales.

En cuanto a los gestores, buenos conocimientos macroeconómicos o de asignación de activos son críticos -al ser el factor económico el predominante en los próximos años. Igualmente, el análisis del riesgo de crédito va a ser fundamental. En éste sentido, no quiero dejar sin mencionar la pregunta que me realizó el responsable de una gestora internacional durante una cena: estamos remodelando el equipo, ¿puedes recomendarme a alguién con sentido común?

Por desgracia, muchas gestoras de fondos están esperando que cambien los vientos, aguantando el temporal con la esperanza que las aguas vuelvan a su cauce como siaquí no hubiera pasado nada. Si eso es lo que está haciendo la entidad en la que confía sus ahorros, yo me lo pensaría dos veces…

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