El pulpo de Fuentealbilla


Los mal llamados pulpos son realmente octópodos (del griego octopoda; octó, ocho y podós, pies), un orden de moluscos cefalópodos que carecen de concha y poseen ocho tentáculos. Son animales marinos y carnívoros.

En la península Ibérica solamente suelen dárseles un uso: cocinarlos. Rebuscando por internet casi todas las recetas coinciden en que, como paso previo, hay que hervirlos; alguna más conspicua dice que hay que “asustarlos”, esto es, cuando empiezan a hervir, hay que meterlos y sacarlos tres veces del agua para dejarlos finalmente cociendo, consiguiendo que de esta forma se rompan las fibras musculares y no queden duros, aunque Ferrán Adriá sugeriría caramelizarlos con nitrógeno líquido…

Una vez logrado este punto, pueden cocinarse a la sanabresa (rehogados con cebolla, ajo y pimentón), a feira (solamente con pimentón), al horno con cerveza, estofados en vino tinto y en un sinfín de formas más.

En otros lugares, un uso del pulpo es el de la adivinación futbolera.

Durante el último mes, un octópodo bautizado como Paul, de origen germano y empadronado en la misma Alemania, ha cautivado a los aficionados ante sus cualidades augures. Para resumir el sentido de su trabajo para los no iniciados, adivinaba el ganador de los encuentros zampándose la ostra que residía en la urna en la que estaba la bandera del país.

Predijo el jueves por última vez y el domingo, ¡no falló!

Paul dibujó sonrisas de alegría irónica e Iniesta, otro pulpo que con sólo dos pies controla la pelota a la perfección, confirmó la predicción.

Todavía es domingo por la noche; mañana será lunes. Creo que, en general, todo el mundo se ha alegrado. Un conjunto de pequeños jugadores ha conseguido lo inalcanzable. Tuvimos “quintas del buitre”, “furias españolas” y señores “mediáticos”, y ahí estábamos.

Con humildad y previendo desde lejos se ha conseguido un éxito que, ojalá, no sea irrepetible, un modelo, el del Barça, que puede perdurar y al que hay que seguir.

Iniesta, como jugador y como persona, debería tener un busto, acaso pequeño y modesto como él, en la plaza de Catalunya en Barcelona.

Para Paul pido ostras para toda la vida.

También pido a Paul que colabore en el complicado mundo de la inversión. Que le coloquen alimentos y dos acciones, una en cada caja, y que él elija. Tal vez así nos iría mejor que confiando en sesudos analistas que casi nunca se deciden y que justifican su labor estudiando el pasado de ayer.

Fuentealbilla no tiene mar pero creó una maravilla.

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