“El problema de España es de confianza, no de solvencia”


“La situación es delicada y será necesario un duro ajuste, pero la situación de España no es tan grave como la de Grecia”, asegura Manuel Arroyo, director de inversiones de JP Morgan AM en España y Portugal, en un intento por quitar hierro a la bajada de rating de S&P a la deuda de largo plazo española. Aunque confirmó que la medida es negativa en términos del aumento del coste de la financiación, matizó que la calificación sigue siendo “relativamente alta, lejos de la nota de bonos basura de la deuda griega” y señaló una diferencia clave: mientras el país heleno sufre un problema de solvencia, el contagio a los periféricos se debe a una falta de confianza.

Un contagio que afecta tanto a la renta variable como a la renta fija y que está marcando dos ritmos para una Europa de dos velocidades, un patrón divisorio que podría mantenerse a medio plazo. “Los inversores están atentos a la relación entre el coste de la deuda y el crecimiento del PIB y en el caso de España ambos factores son negativos, con un débil crecimiento parejo al encarecimiento del crédito, por lo que los inversores no van a retirar sus posiciones cortas del mercado”. Arroyo interpreta los recortes de rating como consecuencias naturales del endeudamiento gubernamental derivado de los planes de rescate ante la crisis financiera y por ello no descarta más bajadas pero cree que, más que estos recortes, lo grave es el mensaje de fondo: que el crecimiento en los próximos años será menor del esperado.

De hecho, el escenario central que maneja la gestora es de crecimiento moderado (por debajo de las tasas de entorno al 5% que manejan organismos internacionales) para los próximos años, acompañado de una inflación también limitada, por lo que no tendría sentido subir los tipos de interés a corto plazo. “Los bancos centrales podrían ahogar la recuperación si se precipitan”, afirma Arroyo. Un ambiente en el que las compañías con balances saneados tendrán un papel clave al generar crecimientos de beneficios positivos, pero no exento de riesgos.

Divergencia global y regional

El primero de ellos, una divergencia global entre el crecimiento de los países emergentes y el de los desarrollados y también regional, con el claro ejemplo de una Europa liderada por Francia y Alemania y crecimientos casi inexistentes en otros países que no pueden tomar decisiones de política monetaria, lo que generará volatilidad. El siguiente riesgo es el soberano, con mayor probabilidad de impago. Además, las valoraciones ya no se presentan tan atractivas como el año pasado y están en niveles más razonables.

En esta coyuntura, JP Morgan AM se decanta por activos de renta variable de mercados emergentes, pequeñas firmas de EEUU y Japón. Esta última elección supone de hecho el cambio más relevante en la cartera de la gestora que, convencida de que la situación económica es favorable, apuesta por la renta variable nipona a través del fondo Japan Select Equity Fund. En renta fija, las apuestas se centran en el segmento corporativo high yield, ante la caída del riesgo de default recogido por los mercados y que ha estrechado los diferenciales en otros activos. Arroyo apunta hacia deuda emergente corporativa, con rentabilidades esperadas superiores al 8%, y donde también se puede jugar la revalorización de la divisa, así como algunos bonos soberanos en divisa local. “En estos países puedes encontrar activos con retornos más atractivos y mejor calificación crediticia que el crédito de países desarrollados”, afirma.

Necesidad de estar en riesgo

Su posicionamiento refleja su convicción de la necesidad de moverse hacia activos de mayor riesgo en un entorno en que no hay otras alternativas. “Pese a los sucesos de los últimos días, los inversores han de darse cuenta de que las únicas alternativas de largo plazo a las raquíticas rentabilidades de los bonos soberanos están en activos de mayor riesgo, como los high yield, los bonos convertibles o la renta variable; los depósitos al 4% son pan para hoy y hambre para mañana”, afirma. “Si esperamos a que la salida de la crisis sea evidente, ya habremos perdido todo el rebote; hay que apostar cuando sigue habiendo algo de incertidumbre”, apostilla.

De ahí su consejo de mantener las posiciones en riesgo, si ya se tienen, o empezar a pensar en entrar, diversificando las carteras fuera de España, como hacen los portfolios de sus fondos de renta variable global. En este sentido, los dividendos contarán cada vez con un peso más importante en la rentabilidad.

También será un año dinámico para el mercado de divisas, marcado por la incertidumbre europea, que favorecerá al dólar frente al euro si bien la moneda única se acerca a su nivel razonable de 1,30, y por las oportunidades en divisas emergentes en un entorno volátil.

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