El primer objetivo de un banco central es garantizar la estabilidad de precios al alza, pero también a la baja


Las cifras de inflación publicadas recientemente pueden hacer creer que un círculo vicioso deflacionista está en camino y apartar por tanto a los inversores de una clase de activo que ofrece un tipo de ventajas muy concretas. La conjunción de 3 crisis (financiera, presupuestaria y de competitividad), parece mostrar síntomas de una “japonización” de la crisis económica. Más allá de las especificidades de Japón (fuerte envejecimiento de la población, baja tasa de paro e inexistente endeudamiento exterior), el compromiso y actividad de la nueva generación de banqueros centrales y la credibilidad de las instituciones a ambos lados del Atlántico deberían ejercer una llamada de aviso en caso de continuar la ralentización de la inflación. Es importante también recordar que el primer objetivo de un banco central es garantizar la estabilidad de precios al alza, pero también a la baja.

Si existe continuidad en el proceso de desinflación reciente, pondría en peligro la credibilidad de los bancos centrales, aumentando la probabilidad de una política monetaria mucho más agresiva. Además, en la zona Euro, ciertos tabús parecen alejarse con la perspectiva de compras masivas de activos por el BCE si la inflación no despega.

En este contexto, las anticipaciones de inflación están tomando en cuenta los riesgos de una desinflación prolongada. Por contra, no parecen todavía considerar seriamente el cambio de discurso del BCE ni las buenas cifras macroeconómicas a nivel mundial. ¿Y qué decir del riesgo inherente de una inflación demasiado baja en economías sobre endeudadas, cuyas tasas reales son demasiado elevadas?. Por estos factores, los bonos ligados a la inflación ofrecen unas ventajas inéditas en un escenario de normalización de la economía, al calor de bancos centrales voluntaristas.

A pesar de las bajas cifras de inflación publicadas en los últimos meses, nuestras economías no están inmunizadas contra un retorno de la inflación. La actual recesión económica puede tener lugar con aumentos de precios significativos como tuvimos en los años 2008, 2011 y 2012. Las políticas monetarias no convencionales todavía pueden reservar algunas sorpresas y detener estas políticas no es de actualidad, sobre todo en Europa y a pesar del reciente movimiento de la Reserva Federal de EE.UU. Pocos apostaban por una acción voluntarista por parte del BCE, ya que parecía suponer que se acomodaría a una inflación baja.

El reciente endurecimiento de su discurso contra la deflación es especialmente importante que ahora ofrece un techo a la evolución de las expectativas de inflación. Mientras tanto, la economía está mejorando y se aliviarán los problemas de la demanda. El ritmo de desapalancamiento se ralentiza, lo que abrirá el margen de maniobra para invertir. La Unión Bancaria ha decidido que se reactive el crédito. En el resto del mundo, el crecimiento económico se acelera y el mercado de trabajo se recupera. Incluso Japón ve como su tasa de inflación sube.

Para un inversor, mantener una cartera diversificada es asegurar un rendimiento regular con una menor volatilidad. El nivel de tipos de interés empuja hacia una reasignación de las carteras hacia clases de activos más arriesgadas, como las acciones. Sin embargo, dado que el crecimiento de la economía mundial todavía podría tener sobresaltos, es imperativo conservar una parte de la cartera en obligaciones soberanas. En base a las valoraciones de anticipaciones de inflación, los bonos ligados a la inflación ofrecen la ventaja de ser obligaciones soberanas convencionales más una protección suplementaria en caso de alza en los tipos nominales. En efecto, las subidas de tipos son generalmente concordantes con una alza en las anticipaciones de inflación. Las que descuenta el mercado ahora mismo son muy débiles, próximas al 1% en la zona euro para los próximos 5 años, e incluso menos para las obligaciones emitidas por el estado italiano. La inflación observada debería efectivamente ser débil en 2014, pero debería empezar a acelerarse. Estas valoraciones ofrecen valor para un inversor de medio plazo.

Por otro lado, a largo plazo los bonos ligados a la inflación tienden a batir a los bonos nominales dado que la credibilidad de los bancos centrales es tal que sitúa las anticipaciones de los inversores a niveles inferiores a los reales. Es por lo que, esta clase de activo presenta una volatilidad más baja que las de las obligaciones nominales y una rentabilidad histórica más elevada, con lo que el ratio de Sharpe es muy atractivo. Por último, invertir en un bono ligado a la inflación es preservar su patrimonio frente a un shock de inflación, un argumento adicional para mantener una parte de su cartera invertida en bonos ligados a la inflación.

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