El papel de los quants en un mercado volátil


Las recientes turbulencias de los mercados han provocado un animado debate sobre los méritos de los llamados gestores quant. Sus detractores afirman que a los quants les pilló desprevenidos la crisis de crédito pues sus modelos fallaron. Es cierto que en esta crisis ha habido algunos períodos en los que las técnicas cuantitativas han funcionado de forma perversa. Como cuando compañías con atractivas valoraciones, fuertes estimaciones de beneficios y buen momentum - todos atributos de empresas ganadoras en el largo plazo - se han quedado atrás respecto a compañías de características totalmente opuestas. Por eso algunos afirman que los días felices de los quants son parte del pasado en este mercado tan volátil donde la tendencia no está nada clara.

Típicamente el debate está centrado entre gestores que utilizan procesos cuantitativos frente a los gestores que utilizan un proceso fundamental tradicional. En mi opinión, esto es una clasificación artificial que impide ver lo realmente importante que es el enfoque de la inversión independientemente de la etiqueta que queramos ponerle.

Consideremos la tecnología informática, que todos los gestores usan en mayor o menor grado. Los gestores tradicionales generalmente usan filtros cuantitativos para acotar su universo de inversión y clasificar rentabilidades esperadas. Los buenos gestores quant, no dependen de una “caja negra” para tomar sus decisiones de inversión. Usan muchas de las mismas herramientas que los gestores tradicionales pero lo hacen de una forma más sistemática y disciplinada.

Las características fundamentales que determinan la rentabilidad de las acciones -principalmente valoración, potencial de beneficios, calidad financiera y movimientos de precio- son gran parte de la metodología cuantitativa. Los quants son además capaces de añadir en los momentos extremos un elemento de juicio basado en la experiencia.

No hay duda de que para beneficiarse de las oportunidades en este mundo de inversión cada día más complejo es esencial usar un enfoque bien estructurado. Los estudios demuestran que la mente humana no es capaz de seguir más de siete u ocho parámetros cambiantes de una vez en un proceso de toma de decisión. ¿Como es posible, sin la ayuda de la tecnología, absorber esos cambios – en los fundamentales de la compañía, características de riesgo, precios- que afectan a un universo global de 40.000 acciones aproximadamente que un gestor excelente tiene disponibles para su selección activa de carteras?

Además, ser estructurado y disciplinado no implica rigidez. Tomemos el análisis de las empresas como ejemplo. Esto debería ser una parte importante del proceso para cualquier gestor. El análisis de los datos históricos ciertamente es un factor a tener en cuenta pero lo que realmente diferencia a un buen gestor de la media es su habilidad de poner ideas frescas sobre la mesa. Los quants han sido criticados por no tener visión de futuro pero de nuevo, estos comentarios están lejos de ser correctos.

Tomemos dos ejemplos de análisis “fresco”. Primero, el análisis partiendo de las “ideas” demuestra que, en temas de riesgo, nuestras mentes son muy irracionales. Pensamos que hemos desarrollado la capacidad de manejar situaciones de riesgo pero estudios del comportamiento y también neurológicos indican lo contrario. Por ejemplo, una fuerte aversión a las pérdidas llevará a inversores con rentabilidades negativas a tomar más riesgo y posiciones desacertadas para compensar esas pérdidas. Por eso, pienso que, de alguna manera, tenemos que contrarrestar esa irracionalidad - o sacarle partido cuando supone oportunidades de hacer dinero en los mercados financieros.

En segundo lugar, ¿por qué es tan pobre nuestra habilidad para tratar con eventos poco probables? Un mejor entendimiento del riesgo extremo no supone necesariamente tener un modelo perfecto de riesgo pero puede ayudarnos a evitar situaciones desastrosas.

La Teoría de los Valores Extremos, una metodología estadística de estimar las probabilidades de sucesos raros y muy dañinos, está aun empezando a conocerse en el mundo financiero. La Teoría de los Valores Extremos trata con eventos que no encajan en la distribución normal clásica y nos ayuda a estar preparados para esos eventos que es poco probable que ocurran pero que, si suceden, son extremadamente dañinos. Tanto quants como no-quants pueden beneficiarse de este concepto en la gestión de carteras pero en general los gestores quant tienen técnicas de control de riesgo más depuradas lo que les hace posible incorporar ese concepto más fácilmente.

No cabe duda de que en este escenario de volatilidades con variaciones habituales de precio de más del 10% se han puesto a prueba nuestros nervios. Un proceso disciplinado que se fije objetivamente en los fundamentos que producen buenas rentabilidades es una herramienta de valor incalculable para generar buenos resultados.

En resumen, con toda seguridad el debate quant vs. no-quant seguirá, a pesar de estar equivocados. En su lugar, los inversores deberían fijarse en gestores con cualidades que vayan a dar una mayor rentabilidad ajustada al riesgo en el largo plazo: un demostrado proceso de inversión, un equipo de gestión estable y con experiencia, que utilice tecnología punta y un análisis original sobre cómo añadir valor en estos complejos y cambiantes mercados.