El mercado y la paradoja del gato de Schrödinger: atractivo y preocupante a la vez


Según la paradoja del gato de Schrödinger el animal está al mismo tiempo vivo y muerto. Esa misma paradoja nos sirve para describir el momento actual de mercado: es a la vez atractivo y preocupante. Las valoraciones han corregido a tal punto que vuelven a estar en niveles algo más interesantes, pero a la vez los riesgos geopolíticos y macroeconómicos han aumentado. Es el contexto en el que se mueve el inversor, defiende el equipo del First Eagle Amundi International Fund

De cara a 2019 y en adelante han hecho dos movimientos clave que definen el tono actual de la cartera. Dos cambios que a primera vista pueden parecer contradictorios. Por un lado, aprovecharon las caídas del año pasado para “salir de compras” en la renta variable. “Como inversores a largo plazo no vemos a la volatilidad del mercado como un enemigo, sino como un amigo. Es una fuente de margen de seguridad. Nuestro enemigo es el riesgo de deterioro permanente del capital” Así, el nivel de liquidez ha caído del 20% con el que comenzaron 2018 al 14% actual. “Hemos utilizado casi un tercio de nuestra liquidez”, resalta Jan Vormoor, especialista senior de inversiones de First Eagle Investment Management. Y por otro lado, han incrementado su exposición a oro, del 10 al 14%. “Usamos el oro como cobertura potencial en nuestro intento de minimizar el riesgo de una pérdida permanente de capital”, cuenta. 

Así, el fondo, que cuenta con la calificación Blockbuster Funds People, ha dado a la vez un paso oportunista y defensivo. Oportunista porque como explica Vormoor es una buena señal que los mercados sean más conscientes del riesgo real, proporcionando así un creciente número de oportunidades con descuento. Y defensivo porque la recuperación cíclica les parece más cerca del final que del principio. “Aunque es difícil predecir una recesión inminente”, puntualiza. 

Las tensiones sociales siguen escalando. “Mientras que el mundo parece cada vez más como en un punto más propio del preludio a una guerra desde un punto de vista de dinámica geopolítico, también parece como un mundo post-guerra desde una perspectiva de duda”, explica el experto. No es que vaticinen un conflicto bélico, pero les preocupa la fragmentación geopolítica que no parece tener una resolución fácil

La euforia con la que entraron los mercados en 2018 no reflejaba fielmente el riesgo hasta que, de repente, los inversores se dieron cuenta del precio real del dinero en un entorno de tipos de interés al alza. Vormoor recuerda una frase mítica de Warren Buffett: “Cuando baja la marea se ve quién estaba nadando desnudo”. Ciertamente el año pasado varios quedaron expuestos cuando los bancos centrales comenzaron a drenar la marea de liquidez. Turquía le viene a la mente al experto. 

El problema es que ven muchos riesgos y tienen la sensación de que las políticas no los están abordando. Y en el epicentro de todo está la deuda. “Hay más deuda en el mundo actualmente que nunca antes. Idealmente se solucionaría con crecimiento, pero no se usó la recuperación cíclica actual para desapalancar el mundo. ¿Qué va a pasar cuando llegue la próxima recesión?”, se pregunta. 

Oportunidades en renta variable

Aun con este contexto complicado, en First Eagle ven argumentos para estar expuestos a la renta variable. La cartera en estos momentos tiene un 73% en bolsa repartido en renta variable europea (17,2%) estadounidense (36,1%), japonesa (11,6%) y “otros”. Aunque el reparto geográfico, defiende Vormoor, es irrelevante ya que surge exclusivamente de un proceso de inversión bottom-up.

En el core de la cartera, el compuesto por la renta variable, entran compañías que cumplen tres premisas claras. Máximas que son contrarias a todo lo que no les gusta del contexto de mercado. Ante la abundancia de dinero fácil, optan por empresas con activos tangibles o intangibles que seas escasos y difíciles de replicar. Dados los crecientes riesgos geopolíticos, sociales, económicos, financieros y la disrupción tecnológica, buscan empresas resistentes. Ante las políticas agresivas orientadas al corto plazo y las políticas monetarias, quieren empresas con una gestión prudente que no pierdan el foco del largo plazo. 

Como ni siquiera un buen modelo de negocio es garantía de nada, en el fondo añaden una segunda capa de protección: el margen de seguridad, de al menos el 30% por debajo de su valor intrínseco. “Si podemos encontrar ambos elementos entonces sabemos que es una compañía a la que queremos confiar el dinero de nuestros inversores”. 

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