El mercado de deuda ha registrado un sólido arranque en enero


Esto obedece a diferentes motivos, entre los que cabe citar la mejora registrada por los datos económicos en Estados Unidos, así como la gran demanda existente de bonos corporativos por parte de los inversores. Estos mismos inversores están cada vez más convencidos de que las operaciones de refinanciación a tres años del BCE (LTRO) podrían estar modificando las reglas del juego por el lado tanto del comprador como del vendedor, propiciando con ello el surgimiento de una verdadera demanda de bonos corporativos con beta elevada.

Con todo, la verdadera cuestión es si este recorrido alcista es realmente sostenible. Una cosa sí parece clara: las nuevas emisiones de deuda se han llevado a cabo en unas condiciones relativamente atractivas. Las primas de estas nuevas emisiones, tanto de bonos garantizados como de instrumentos sin garantía de entidades financieras, y de empresas, han resultado ser bastantes generosas, al tiempo que su demanda ha sido extremadamente alta. Hemos asistido a emisiones con sobredemanda de hasta siete y ocho veces. Por el lado negativo, conviene reseñar que sólo los más fuertes parecen tener acceso al mercado, dado que no hemos tenido noticia de ninguna emisión realizada por empresas en situaciones de debilidad, y es innegable que el mercado europeo de High Yield todavía no ha desplegado todo su potencial.

Dicho esto, si bien es evidente que las operaciones de refinanciación a largo plazo del BCE tendrán un efecto positivo a corto plazo, no está tan claro que vayan a servir para atajar el problema de fondo. Dado que, a nuestro juicio, la situación subyacente de sobreapalancamiento de Gobiernos y Bancos sigue vigente, tendrán que adoptarse muchas más medidas en los próximos años para que este problema pueda erradicarse.

La prudencia que los inversores exhiben en todo el mundo probablemente sea el otro gran factor que juega a favor de este mercado. Si nos remontamos a comienzos de 2011, apreciamos como entonces existía un consenso básicamente positivo acerca de las perspectivas de crecimiento económico y la evolución de los beneficios empresariales. Sin embargo ahora, a comienzos de 2012, la cautela es la actitud predominante entre los inversores de todo el mundo y la responsable de que tanto inversores como, muy especialmente, intermediarios hayan recortado sus posiciones en deuda. Esto constituye, desde una óptica de inversión contraria, un punto de partida mucho más favorable de cara a una posible inversión en deuda.

De este modo, si bien está claro que la situación actual pinta bien a corto plazo, cuando nos ponemos las gafas de largo plazo observamos claramente como persisten otros factores de riesgo. Dicho esto, la suerte que el sector privado corra con la crisis de la deuda griega se conocerá en las próximas semanas o, como mucho, meses. La probabilidad de que Grecia suspenda pagos continúa siendo relativamente alta y se desconoce si, de producirse esta suspensión, ésta tendría un impacto negativo en los mercados.

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