El Instituto Santalucía coge el relevo del Instituto Aviva con una primera defensa de las cuentas nocionales en pensiones


El Instituto Santalucía ha tomado el relevo del antiguo Instituto Aviva para continuar con la labor pedagógica de concienciar a los españoles en torno a la necesidad de ahorrar para la jubilación y la mejor forma de hacerlo. Para inaugurar esta nueva etapa, el instituto ha presentado el estudio La Implantación de un Sistema de Cuentas Nocionales en España: Efectos sobre el Sistema de Seguridad Social, sistema que defiende para una hipotética reforma del primer pilar de las pensiones.

El estudio, realizado en colaboración con profesores de las Universidades de Valencia y Extremadura, explica en primer lugar lo que son las cuentas nocionales o individuales. Cuando un trabajador se incorpora al mercado laboral, se crea un fondo virtual a su nombre donde se va sumando, a lo largo de toda su carrera laboral, todas sus cotizaciones a la Seguridad Social, que se van capitalizando con una rentabilidad teórica. Este fondo acumulado se transformaría en una prestación vitalicia en el momento de la jubilación mediante un factor de conversión, factor que tendría en cuenta la esperanza de vida de los pensionistas. Las claves de este sistema propuesto son que, recuerdan Enrique Devesa y Robert Meneu, coautores del estudio, “es un sistema de reparto como el actual y es un sistema de aportación definida”. En Europa, países como Suecia, Italia, Polonia y Letonia ya lo han implementado. Pero, ¿qué implicación directa tendría un sistema así sobre la pensión pública inicial en España?

Según estos expertos, “la pensión inicial puede variar mucho, en función de los elementos que se usen, pero podría estar entre el 65% y el 85% de la pensión actual, con condiciones de 2014”. No obstante, tranquilizan, “el sistema admite cualquier política redistributiva que se considere oportuna, como un complemento a mínimos”.

Entre las ventajas que aducen para su implantación en España, se encuentran aumentar la equidad actuarial, la contributividad, la transparencia y la sencillez, mejorar la equidad intrageneracional y garantizar la sostenibilidad actuarial. “Este sistema clarifica lo que es contributivo y lo que no”, señalan. Pero también tendría ciertas desventajas: no se garantiza la sostenibilidad ni la suficiencia financiera -“pero con el sistema actual, tampoco”, recuerdan-, hay riesgo de problemas de solidaridad y habría que tener especial cuidado con el diseño de la transición.

A la hora de plantear la reforma por parte de los expertos, Suecia se posiciona como referente para España, un país donde se tardó más de una década en convencer a los agentes sociales y políticos. El país nórdico estableció una etapa de transición de 20 años. Entre los 35 y los 55 años, se aumentaba a razón de un 5% anual la entrada del sistema nuevo perdiendo peso proporcionalmente el sistema viejo. En el caso de ciudadanos con menos de 35 años, directamente se aplicó el sistema nuevo, y para aquellos con más de 55 años, se mantuvo intacto el sistema viejo. Además, en la mayoría de los países citados con cuentas nocionales, existen mecanismos automáticos de estabilidad financiera.

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