“El high yield ha de ocupar una parte central en las carteras de los inversores”


Con una rentabilidad anualizada del 22%, los bonos high yield están entre los activos que han registrado un mejor comportamiento durante los últimos cuatro años. Sin embargo, en un contexto en que los rendimientos están cerca de mínimos históricos y los precios más altos que nunca, son muchos los inversores que se están preguntando si el mercado high yield está sobresaturado, si resulta muy caro o si ha llegado el momento de consolidar los beneficios y buscar otras soluciones. Para Jim Keenan, jefe de asesoramiento financiero y responsable del grupo de financiación apalancada de BlackRock, nada más lejos de la realidad: “el high yield ha de ocupar una parte central en las carteras de los inversores”.

Según explica Keenan en un artículo, los precios y el rendimiento del high yield están tan altos no porque el mercado esté sobresaturado, sino porque la rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense están en mínimos históricos. “La gestión de la deuda corporativa ha mejorado: los inversores están siendo compensados por el bajo riesgo de impago de la deuda de alto rendimiento”, asegura. En su opinión, la rentabilidad de muchos activos dentro del grado de inversión, que suele considerarse más segura, no compensa suficientemente a los inversores frente a una potencial caída de la rentabilidad y una subida de los tipos de interés. “Incluso el activo refugio por antonomasia –el dinero en efectivo– también pierde valor con la inflación”.

“Con el tiempo, el high yield ha aportado a los inversores casi un 80% de la rentabilidad de la renta variable, pero con la mitad de volatilidad. Por tanto, esta clase de activo merece ocupar un lugar fundamental en las carteras como una herramienta ideal para diversificar la inversión entre renta fija y renta variable”, afirma Keenan. El experto considera que, durante los dos próximos años, aunque los rendimientos podrían moderarse, seguirán siendo atractivos, sobre todo si se comparan con otras alternativas de renta fija. “Con compañías sólidas y una tasa de impago baja, creemos que resulta más tolerable asumir el riesgo de deuda corporativa que el de los tipos de interés en activos de larga duración”.

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