El gráfico que todo banquero privado o asesor financiero debe mostrar a sus clientes


A veces, una imagen vale más que mil palabras. Desde hace ya muchos años, los banqueros privados y asesores financieros han estado haciendo un trabajo pedagógico muy importante con sus clientes, con el objetivo de educarles en la cultura de la inversión. Se trata de una labor que no es fácil, a la que hay que dedicar tiempo y esfuerzo, pero que al final merece la pena porque un cliente mejor informado es siempre mejor que uno que no lo está.

El último trimestre de 2018 fue una auténtica pesadilla para muchos banqueros y asesores. Y también para sus clientes. Las fuertes caídas de los mercados hizo que muchos de ellos descolgasen el teléfono muy preocupados por la evolución de sus inversiones. Es lógico. Las finanzas conductuales han demostrado que una pérdida tiene un impacto psicológico mucho mayor que una ganancia, por lo que no es de extrañar que el cliente final se muestre inquieto en periodos de agitación y turbulencias que golpean de lleno en sus carteras.

Muchos deshicieron posiciones e incrementaron su liquidez en cartera, un proceso de reducción de riesgo que tuvo su continuidad a lo largo de 2019. Los titulares que aparecían en los medios de comunicación relativos a los efectos de la guerra comercial, el Brexit o la inversión de la curva, que en todos los casos apuntaban a una inminente entrada de la economía en recesión, no ayudaron a mantener la calma. Tampoco que, excepto en bunds, no hubiese lugar donde refugiarse. Todo en rojo.

Doce meses después de aquel nefasto cuarto trimestre, ni la economía ha entrado en recesión, ni la salida del Reino Unido de la UE se perfila como una amenaza seria para el crecimiento económico europeo ni la guerra comercial tiene visos de provocar un tsunami económico. Y, lo que aún es peor para los intereses de los que vendieron hace 12 meses: los mercados han ofrecido rentabilidades muy positivas. Si en 2018 casi todas las categorías cerraron en negativo, todo apunta a que en 2019 será justo al revés: todo en verde.

El gráfico presentado en la jornada de ayer en Madrid por Nadège Dufossé, responsable de Asignación de Activos en Candriam, es muy visual. Recoge perfectamente lo que ha supuesto 2019 para todos aquellos que decidieron salirse de los mercados y también para los que fueron capaces de tolerar la volatilidad y se mantuvieron invertidos. Los primeros perdieron claramente el coste de oportunidad. Los segundos se recuperaron de las pérdidas de 2018. Mantener la calma vuelve a tener premio.

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Un segundo gráfico, también muy interesante pero algo más técnico, es el presentado por Charles Prideaux, responsable global de inversiones de Schroders, en la conferencia anual con periodistas celebrada por la entidad en Londres. En él se aprecia cómo, durante los últimos 12 meses (desde septiembre de 2018 a septiembre de 2019) los beneficios empresariales se han mantenido estables, mientras que la bolsa y los PER del mercado han trazado un camino de ida y vuelta, desacoplándose durante el último año para volverse a acompasar. Si hay algo que históricamente ha conducido a los mercados, eso han sido los beneficios empresariales.

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“La rentabilidad de una cartera está determinada por cuatro componentes: asset allocation, sesgos factoriales estratégicos, selección de valores y market timing. Los estudios han demostrado que los dos primeros determinan más del 90% de la rentabilidad a largo plazo”, recuerda Aitor Jauregui, responsable de BlackRock para España, Portugal y Andorra. Dicho de otro modo: mejor centrarse en definir el objetivo de inversión, la asignación estratégica y elegir los productos adecuados para implementarla para alcanzar ese objetivo, en lugar de entrar y salir abruptamente de las inversiones al ritmo que marcan los titulares de los medios de comunicación.

Tal y como indica Massimo Greco, responsable de J.P.Morgan AM para Europa Continental, la mejor estrategia para invertir en los mercados pasa por dos cosas que los inversores no siempre cumplen: permanecer invertido y diversificar el capital. De hecho, es el consejo que le lanza a sus clientes.

“Nadie sabe cuándo va a producirse una corrección. Llevamos ya cuatro años en los que se viene pronosticando una crisis económica y de mercados... y nada de esto ha sucedido. Los inversores esperaban una entrada en recesión de las economías que nunca llegó. No trate de hacer market timing. Nunca funciona. Es imposible hacerlo bien. Los inversores tienden a sobrerreacionar. La clave está en permanecer invertido con un horizonte de largo plazo”, enfatiza. Lo ocurrido este año es una nueva lección que demuestra lo rentable que puede resultar seguir este consejo.

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