El futuro de Bankia, en el aire tras la salida de Rato


El futuro de Bankia está en el aire. La incertidumbre sobre su situación actual y su futuro ha crecido de intensidad en los últimos días, pero durante las últimas tres semanas la entidad había logrado diseñar, con la aquiescencia del Gobierno, un plan con el que se veía capaz de acabar con todas las dudas. Contemplaba la inyección de unos 7.000 millones de euros en ayudas públicas (a través de bonos convertibles contingentes o cocos) que le servían para poner a precio de mercado todos sus riesgos en el ladrillo y, por tanto, convertirse en una entidad sana.

La decisión de Rodrigo Rato de abandonar de forma precipitada la presidencia de la entidad, tras las constantes presiones del Ministerio de Economía, ha roto todos esos planes y ahora casi cualquier posibilidad está abierta: desde la nacionalización hasta la fusión con otra entidad, pasando por su troceamiento y venta en partes. Lo que parece fuera de toda duda es que vaya a ser intervenida porque no está en la situación de insolvencia necesaria para que el Banco de España lleve a cabo una medida de este tipo.

El futuro de Bankia, y podría decirse del sistema financiero español, queda ahora en manos de José Ignacio Goirigolzarri, el que fuera consejero delegado de BBVA entre diciembre de 2001 y septiembre de 2009. Este nuevo ejecutivo tendrá que diseñar las medidas de saneamiento de común acuerdo con el Ministerio de Economía, que es de facto quien maneja ahora las riendas de la entidad.

Hasta ahora, Bankia tenía el mandato del Banco de España de presentar medidas adicionales para sanear sus entrañas y eso incluía la realización de nuevas provisiones, la venta de participadas y el cambio de algunos de los gestores, aunque no se preveía en principio la salida de Rato.

El plan que habían diseñado, según fuentes del sector conocedoras de los objetivos, suponía la entrada de unos 7.000 millones en dinero público a través de bonos convertibles contingentes tras un proceso complejo. La entidad, tras estudiar otras posibilidades como la fusión con un banco mediano, decidió realizar un saneamiento brutal de cerca de 9.000 millones. Dado que esa operación le supondría entrar en pérdidas y, por tanto, no cumplir con los requisitos de solvencia de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) el próximo junio, se decidió pedir al Estado los 7.000 millones que le faltaban.

Antes de ejecutar esa inyección, la entidad se comprometía a convertir en capital sus participaciones preferentes, a optimizar sus recursos y a realizar desinversiones con el objetivo de conseguir más de 4.500 millones para devolver las ayudas públicas recibidas hace casi dos años. A partir de ahí, con los beneficios que consiguiera este año podría reintegrar al Estado parte de las nuevas ayudas y ya "sólo" le quedarían por repagar otros algo más de 5.500 millones, lo que podría conseguir en unos cinco años dado su nivel de beneficios sin tener que realizar apenas provisiones. De esa manera, tal y como explicaba Rato en las últimas semanas, la entidad podría salir de esta situación en solitario y reforzada.

Pero el Gobierno no ha querido que sea Rato el que pilote este saneamiento y ayer forzó su salida, pese a que el próximo viernes va a aprobar en el Consejo de Ministros las dos fórmulas que el ya expresidente de Bankia lleva pidiendo meses: la creación de un banco malo y la entrega de ayudas públicas.

Ahora, queda en el aire si con la llegada de Goirigolzarri se pondrá en marcha este plan auspiciado por Rato o si se plantean otras salidas más contundentes, como la nacionalización. Salvo la intervención, no hay ninguna opción descartada. Y hay grandes entidades de la competencia que no ven bien que Bankia se convierta en un duro competidor para ellos y están pujando por su troceamiento para quedarse con la parte más pujante de la entidad: el negocio saneado de Caja Madrid.

De momento, las acciones de Bankia sufrieron ayer un descalabro del 3,27% y ahora la entidad lucha denodadamente para mantener a sus más de diez millones de clientes y que permanezcan tranquilos. El miedo a que se desate el pánico hace pensar en el sector que las medidas que se vayan a tomar en el banco se harán de forma inmediata porque "esta presión no puede mantenerse durante mucho tiempo", aseguran.

 

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