El dividendo, la otra vía para apostar por los mercados emergentes


“Invertir pensando en el dividendo no es una cuestión de seleccionar las empresas que ofrezcan una retribución al accionista más elevada, sino analizar la liquidez, la valoración y las perspectivas de crecimiento de la compañía para encontrar aquellas con bajos niveles de deuda y fuerte potencial de crecimiento de los beneficios, capaces de mantener un pago sostenible en el tiempo”. Esta es la metodología que defiende Justin Wells, estratega de Renta Variable de UBS Global AM para aproximarse a los mercados emergentes, concretamente a Asia (ex Japón), donde está invertido el grueso de la cartera del UBS EM High Dividend Equity.

Según explicó en una presentación realizada en Madrid, el inversor no debería descuidar este enfoque, ya que “a largo plazo los dividendos representan un importante componente del retorno total”. En este sentido, Wells revela que la reinversión del dividendo explica el 40% de la rentabilidad total del índice MSCI Emerging Markets desde el año 2000 y que durante los últimos 10 años las empresas afincadas en países emergentes han distribuido entre sus accionistas entre el 30% y el 50% de sus beneficios. “Esta habilidad la han conseguido a partir de un bajo nivel de deuda en sus hojas de balance y con caja para afrontar incrementos del dividendo sostenibles”, indica.

Tradicionalmente, este clase de compañías han registrado un mejor comportamiento que el mercado, sobre todo en momentos de corrección. Para aprovecharlas, la apuesta de la firma es el UBS EM High Dividend Equity, fondo creado a partir de una cartera concentrada, compuesta normalmente por entre 40 y 70 valores. El proceso pasa por seleccionar las 300-400 compañías que forman el universo de inversión, centrándose en las 100 que pagan el dividendo más elevado eliminando al mismo tiempo aquellas que estén sobrevaloradas. A partir de ahí, el equipo aplica filtros cualitativos, desechando las empresas con débiles fundamentales o con pagos de dividendo insostenibles.

En este punto, Wells reconoce que los gestores incorporan a la cartera aquellas compañías que mantengan una retribución al accionista estable o que se prevé puedan llegar a aumentarla en el futuro. “Un valor puede entrar a formar parte de la cartera ante la previsión de que su dividendo sea incrementado o por el hecho de que su potencial para incrementar el pago al accionista sea muy grande”, revela el gestor. La cartera está muy repartida a nivel global.  Aunque Sudáfrica es, actualmente, el país con un mayor peso en la cartera, con un 15,5% del total, Asia representa una parte muy importante de la cartera. Taiwan (14,8%), Singapur (8,1%) y China (6,4%) son los que más pondera.

Por sectores, finanzas y telecomunicaciones son las grandes apuestas del fondo. De hecho, el peso de ambos sectores en el fondo alcanza el 55%. Le siguen tecnológicas de la información (14,8%) y materiales (10,2%). China Citic Bank, la taiwanesa Synnex Tech, la polaca PKO BP o las rusas Lukoil y Norilsk Nickel son las incorporaciones más recientes a la cartera. Por el contrario, las taiwanesas HTC y Formosa Cheicals, la hongkonesa Cathay Pacific, la sudafricana JD Group o la checa Cesky Telecom son las últimas salidas. Desde su creación, el fondo ha ofrecido una rentabilidad anualizada del 24,8%, casi ocho puntos por encima del mercado.

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