El desafío de la industria del “post trading” en el próximo trienio


Términos como bolsa, cotización, venta en corto y prima de riesgo, forman parte ya de nuestro día a día. En cambio, si preguntáramos a los que incluso compran o venden valores, qué es el post-trading, estoy seguro de que muchos no estarían seguros de qué se trata. Todos sabemos que cuando compramos o vendemos acciones en bolsa, el dinero o las acciones quedan a los pocos días anotadas en nuestras cuentas. Pero qué se hace y quién lo hace, de eso sabemos generalmente poco pues, ha sido siempre una industria desconocida y poco valorada. Muchas veces se la cataloga peyorativamente de “back office”, pero son procesos operativos e informáticos que facilitan que los mercados sean seguros, que las operaciones lleguen a buen fin y que los inversores estén tranquilos de que sus inversiones sean reales, que su dinero o sus acciones les van a llegar y que son suyos. Nada más y nada menos…

Pues bien, esta industria del post trading está entrando en una época clave para su supervivencia, definición estratégica y posicionamiento futuro. Cambios de gran calado, tanto nacionales como europeos y globales, y que afectarán de forma sustancial a todos los intervinientes del mercado, desde las entidades, que de una manera profesional ejercen sus servicios en esta industria, a bolsas, reguladores, depositarios centrales, brokers e incluso a los inversores finales, tanto individuales como institucionales.

Nos referimos a cambios de todo tipo: regulatorios, de supervisión, de procesos operativos e informáticos. Cambios que son costosos, que van a necesitar de una fuerte inversión, tanto de dinero como de recursos humanos; y que tienen que ser asumidos como prioritarios por las entidades que quieran, en el medio plazo, subsistir y jugar un papel relevante en esta industria.

La industria se va a enfrentar a dos grandes desafíos. En España, se llama “la reforma del sistema de registro, compensación y liquidación de valores”, en Europa, se llama “Target 2 Securities”. Y ambos van a coexistir de alguna manera en los próximos tres o cuatro años.

El primero va a suponer que, tanto el mundo de la contratación (trading) como el de la compensación y  liquidación (post-trading), van a tener que hacer un análisis profundo de sus estrategias y de su modelo de negocio. ¿Qué hacer/ofrecer?, ¿Dónde posicionarse? ¿Limitarse sólo a lo que uno es bueno y eficiente? ¿Dejar los servicios auxiliares periféricos que antes se ofrecían y en los que, el día de mañana, ya no se va a ser competitivo?... Es decir, en poco tiempo, todos los jugadores del mercado van a tener que tomar muchas decisiones estratégicas, y de mucho calado.

El cambio nacional de la reforma es sustancial, y aunque quizá se queda corto porque no se da solución a la peculiaridad del registro en España, las inversiones que conlleva van a suponer que no todas las entidades puedan o quieran adaptarse. ¿Habrá movimientos de outsourcing? ¿Movimientos de más concentración o participación de mercado?... seguro que sí.

Pero si además le sumamos el cambio europeo, las preguntas se repiten y el impacto entonces es más de carácter regional… ¿Cuántos supervivientes van a quedar?

Y todo esto en un entorno crecientemente competitivo. La apertura a entidades no residentes, como consecuencia del cambio, va a incrementar, si cabe, la competencia, puesto que los mercados y las plataformas de negociación tendrán una entrada más directa y eficiente que en las actuales circunstancias. El mercado español, en definitiva, va a estar más abierto a los movimientos que ocurren ya en otros mercados financieros europeos como el alemán, inglés francés o italiano.

Pero, obviamente, no todo son incertidumbres;  hay también nuevas oportunidades: nuevos servicios, nuevos mercados donde competir, nuevas oportunidades para los inversores… Y, por supuesto, una de las ventajas más importantes de estos cambios, sobre todo el nacional, es la mayor seguridad para el mercado, para el sistema y para los participantes, incluyendo los inversores.

Unos cambios, por tanto, que van en la buena dirección, para que los procesos de contratación y liquidación sean más abiertos, eficientes y menos costosos para los inversores. Pero que suponen un cambio de modelo importante para todos los intervinientes de la cadena. Que suponen una inversión muy importante en tiempo y dinero. En un entorno económico y de cuentas de resultados muy complicado, con un calendario muy exigente que va a hacer más doloroso el proceso, que, por todo ello, genera muchas incertidumbres y que, finalmente, no aborda el problema del registro, que continuará siendo la peculiaridad de nuestro mercado; por lo que, aunque menos,  hará que sigamos oyendo aquello de… “Spain is different”.

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