“El consumo en Asia no es una historia de años, sino de décadas”


La historia de consumo asiático seguirá funcionando. Los catalizadores estructurales (la juventud de la población, el incremento de la riqueza, el proceso de urbanización, los crecientes niveles de deuda y la baja penetración de los bienes de consumo) siguen intactos y garantizan un gran potencial de crecimiento en este sector, más aún cuando esa demanda interna también se está convirtiendo en el motor más importante de la economía del continente. “Asia ya representa el 60% de la población mundial, con India, China e Indonesia aportando una fuerza laboral equivalente a tres veces la población de Reino Unido en los próximos 10 años”, comenta Justin Wells, estratega de renta variable de UBS Global AM, convencido asimismo del incremento de la clase media y el progresivo acceso a bienes de consumo discrecional, la imparable tendencia de urbanización (con 1,2 millones de personas migrando del campo a la ciudad en China cada mes) y la escasa deuda de los hogares.

 

“Se está produciendo un cambio en la actitud hacia la deuda”, explica, pues si antes las familias empleaban su capital en comprar una vivienda, ahora están dispuestos a apalancarse para comprar un coche o simplemente para acceder a otros bienes de consumo, debido, según el experto, en parte a ese proceso de urbanización y en parte a la juventud de la población, a la llamada generación de Internet. Una tendencia que no le preocupa debido a que el endeudamiento “aún está muy lejos de los niveles de las familias del mundo desarrollado”, lo que alejaría la generación de potenciales burbujas.

 

“El tema del consumo en Asia no es un asunto de años, sino de décadas”, asegura. “Asia se encuentra en los primeros estadios de crecimiento y la historia del consumo durará muchos años”, apostilla. Una realidad que, sumada a unas valoraciones empresariales “más que justificadas” y a las políticas públicas destinadas al estímulo del consumo, aumentan su atractivo. Así, Wells señala el incremento de los salarios mínimos en países como China o el plan de empleo rural en India destinados a aumentar la renta y mantener la armonía social, una creciente preocupación entre los gobiernos.

 

De ahí que en UBS Global AM apuesten fuerte por el fondo UBS Asian Consumption, encargado de jugar dicha historia a través de una asignación flexible de su patrimonio en tres áreas o sectores de inversión (consumo básico, consumo discrecional y cuidados de la salud), en función de las condiciones de mercado. Así, si éstas obligan a posicionarse de forma defensiva, el fondo invertirá en valores con menor beta, bienes básicos como bebida, alimentación o agricultura, y si permite ser más atrevido, el consumo discrecional tendrá un mayor peso. Además de estos sectores, el fondo también puede invertir, hasta un 20%, en otros nombres relacionados con los servicios dirigidos al consumidor final, como los bancos.

 

Así, a finales de febrero, el fondo sobreponderaba consumo básico, e infraponderaba salud y consumo discrecional. Por países, infraponderaba Corea del Sur (debido a que a los gestores no les gusta el sector automovilístico, negocio con gran exposición al mundo desarrollado y muy maduro), Indonesia (con exposición a través de empresas de Singapur) o Malasia. Mientras, sobreponderaba China, Singapur o India (a pesar de los problemas del país, mantenía posiciones en nombres muy defensivos y de gran calidad).

 

El fondo se posiciona en compañías, tanto asiáticas como de fuera del continente, pero con una importante exposición del negocio en Asia, si bien ahora no tiene en cartera firmas no asiáticas. También invierte en empresas domiciliadas en Asia con parte de su negocio fuera del continente, pero rechaza firmas de otros lugares con la mayoría de su negocio fuera de Asia. Así, su universo de inversión, compuesto por entre 400 y 500 valores, se reduce a una cartera de entre 40 y 80 tras unos filtros de valoración y análisis fundamental (visión de la industria, modelo de negocio, competitividad, sostenibilidad….), con un sistema de riesgos derivados de las compañías en cartera, no de factores macroeconómicos.

 

Con respecto al apoyo de las políticas monetarias, Wells cree que si 2011 fue el año de la inflación, 2012 será el de la relajación monetaria, pues la bajada de la inflación de los alimentos en China “permite ser más optimista y retirar las preocupaciones sobre crecimiento y volatilidad predominantes en el tercer y cuarto trimestre del año pasado”. Algo que también abriría la puerta a un incremento del consumo.

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