El capitalismo de Estado: una macro tendencia para inversores y gestores


¿Qué puede aportar la ciencia política al mundo de la gestión y la inversión? Entre otras cosas, claridad sobre cómo la política mueve los mercados financieros internacionales, regionales y locales. Algo que sólo es evidente para muchos inversores y gestores en momentos de estrés como los actuales. Sin embargo, la política, definida como el arte de lo posible, siempre está definiendo lo que es posible (o no) en los mercados financieros. Su falta de gestión en el desarrollo del proceso de inversión puede ser un grave error, traduciéndose en una pérdida de rentabilidad y aumento del riesgo. Por ello, hoy en día los gestores e inversores no pueden permitirse el lujo de ser legos en política.

Hace quince años el debate sobre qué papel debía jugar el Estado en la economía parecía estar cerrado. Bill Clinton y Tony Blair, a través de la tercera vía, habían establecido que la época del big Government había acabado. El consenso de Washington era el principio fundamental dominante, desde Argentina a Uganda, todo ello liderado por organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, la crisis económica que se inició en 2008 ha acelerado una macro tendencia a nivel internacional con implicaciones locales: la intervención del gobierno en la economía; tendencia que venía esbozándose en los últimos diez años de forma evidente. Sirva como muestra los siguientes dos casos: 1) la administración de George W. Bush creó la mayor agencia burocrática desde la IIª Guerra Mundial, el departamento de Homeland Security; 2) la cuota en la que participa el gobierno británico con respecto al PIB ha aumentado de un 37% (2000) a un 52% (2009), según datos de la OECD.

En este contexto de mayor protagonismo de los estados en la economía es donde ha tenido lugar la reciente crisis económica, subrayada por las masivas intervenciones gubernamentales en la economía, desde China a España o Estados Unidos. Tendencia que en ciencia política denominamos capitalismo de estado.  

¿Qué es el capitalismo de estado?

Básicamente, el capitalismo de estado es un sistema en el cual el estado actúa como agente económico dominante y utiliza los mercados financieros para promover objetivos políticos tangibles y pragmáticos -por ejemplo, la supervivencia política o dar empleo-, no para promover ideas abstractas o ideología. Tesis que puede encontrarse en el nuevo trabajo del profesor de la Columbia University, Dr. Ian Bremmer (The End of the Free Market: Who Wins the War Between States and Corporations?, Portfolio Group, 2010).

El capitalismo de estado, tal y como aquí se define, está vigente en la actualidad en países tales como Rusia, Brasil, China, Sudáfrica, los estados árabes del Golfo Pérsico, Irán, Venezuela, Indonesia, etc., pero también en Europa, Japón y Estados Unidos. Si bien el grado de profundización en el desarrollo del estado capitalista varía de unos países a otros. En cualquier caso, nunca como hasta hoy se había hablado tanto en las mesas de negociación sobre el viraje en la toma de decisiones “de Wall Street a Washington DC”. Esto es, de la capital financiera a la capital política por excelencia. Fenómeno que Jim Chanos, Presidente de Kynikos Associates, ha señalado: “aquellos que no vean esta tendencia se están autoengañando a ellos mismos y a los inversores” (FT, 4 de febrero de 2009). En este sentido, los policymakers de países como Rusia, Brasil o China están convencidos de que “el libre mercado ha fracasado y que el Estado debe jugar un papel preponderante en la economía nacional”, como señala el profesor Ian Bremmer.

¿Qué implicaciones tiene esta tendencia para los inversores?

Una gran mayoría de gestores, líderes empresariales e inversores siguen actuando en sus procesos de inversión como si la globalización siguiera siendo el paradigma dominante. Sin embargo, el mundo está cambiando.

Las implicaciones del estado capitalista son múltiples, tanto a corto como a largo plazo: legislación y regulación, proteccionismo, fiscalidad, mercado laboral, pensiones, etc. Por ejemplo, el profesor Charles Tilly explica cómo Francia o Inglaterra reforzaron la capacidad fiscal de sus estados para aumentar su competitividad y, al hacerlo, construyeron lo que hoy conocemos como el Estado moderno, que llegó a transformar la sociedad y dio origen al desarrollo del estado capitalista (Coercion, Capital, and European States, AD 990-1990, Basil Blackwell, 1990).

Al respecto, citamos la masiva regulación financiera que los gobiernos europeos están llevando sobre los hedge funds, o el preeminente papel que ha cobrado el gobierno norteamericano en el sector de la salud tras la aprobación de la Reforma Sanitaria. Según la Congressional Budget Office (CBO), una agencia no partidista norteamericana, las nuevas reformas sanitarias costarán al gobierno federal unos 940 billones de dólares durante la próxima década. En este sentido, la demanda por los servicios públicos podría elevarse en las próximas décadas de forma espectacular, en una gran parte por la intervención del estado y el envejecimiento de la población. Según los últimos datos presentados por las Naciones Unidas, la población mundial de más de 60 años representará alrededor de un 22% en el 2050, mientras que en la actualidad es de un 11%. De igual forma, las consecuencias varían de un país o gobierno a otro. Por ejemplo, Noruega posee un sovereign wealth fund (SWFs) estatal de máxima calidad (Norway´s Government Pension Fund), gracias a un modelo de gestión eficaz, acorde con un gobierno transparente y democrático. Por tanto, si bien aparentemente puede haber similitudes entre el SWFs de Noruega, el de China o el de algunos países del Golfo, las diferencias pueden ser determinantes. Ya que elementos como estabilidad gubernamental, democracia, transparencia, gestión o experiencia son esenciales a la hora de evaluar dichas carteras. Aspectos que, por otra parte, van más allá de la métrica cuántica. Por tanto, cuando los tiempos son buenos, algunos de estos fondos de países emergentes pueden comportarse u operar como aquellos de los gestores de carteras occidentales. Sin embargo, la crisis económica está poniendo de manifiesto la diferencia de calidad de estos fondos soberanos.

En este sentido, los gobiernos que aplican el estado capitalista no rechazan el mercado como principio -como sí lo hacía la Unión Soviética, por ejemplo- sino que utilizan los beneficios del sistema capitalista como un instrumento del poder estatal. Concretamente, animan a aquellas empresas nacionales consideradas estratégicas tanto en el mercado nacional como internacional, con el fin de maximizar las oportunidades que ofrece la globalización con fines políticos. Por ejemplo, las empresas chinas –estatales- han aprovechado la actual crisis económica para comprar empresas privadas, desde África a América Latina.

Pongamos un breve estudio de caso: Brasil. En la conmemoración del 30º aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), la candidata presidencial, Dilma Rousseff, ha señalado que "durante la crisis económica y tras el fracaso de Lehman Brothers, fueron las instituciones controladas por el Estado, tales como el Banco de Brasil, Caixa Econômica Federal o el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES), los que evitaron que la economía se hundiera". Concluyendo que el gobierno aplicó "una política clara para fortalecer Petrobras", el gigante energético controlado por el estado. En otras palabras, para los encargados de formular las políticas económicas, el capitalismo de estado brasileño ha prevalecido donde el sector privado ha fracasado. Otras compañías estatales o de interés estratégico para el gobierno, tales como Vale, Braskem, Embraer y Eletrobrás recibirán amplio apoyo estatal. De esta última, el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva ha señalado que debe ser la "Petrobras del sector eléctrico". Todo ello ha tenido como consecuencia un doble objetivo. Por un lado, contrarrestar la crisis económica, ya que excepto una recesión en el último cuarto de 2009 que le hizo crecer a un 2%, los pronósticos para el 2010 son de un 6%. Por otro, ha permitido al PT de Lula mantener su popularidad, disfrutando de una cuota de aprobación de un 68%, y facilitando la transición a una posible figura presidencial como Dilma Rousseff.

Con todo, en Brasil se dan tres características que se cumplen en aquellos gobiernos que ejercen el estado capitalista, tales como: 1) Utilizar las compañías petroleras nacionales y otras empresas estatales para crear y mantener un número elevado de puestos de trabajo; 2) Apoyar a las empresas privadas para dominar ciertos sectores económicos considerados estratégicos; 3) Gestionar parte del capital de los fondos soberanos con objetivos que maximicen los beneficios del Estado.

Características presentes también en países emergentes como China o Rusia, pero también en mayor o menor medida en países desarrollados europeos.

En definitiva, el estado capitalista utiliza los mercados para crear riqueza en beneficio de objetivos políticos. Esto es, el principal motivo no es el económico—aumentar el crecimiento, por ejemplo—sino el fin político, la supervivencia política o la maximización del poder del estado, entre otros. En relación a ello, el profesor Albert O. Hirschman señaló que la invención del capitalismo tuvo su origen en un nuevo tipo de actor político: un individuo liberal que produjo el estado liberal (The Passions and the Interests: Political Arguments for Capitalism Before Its Triumph, Princeton University Press, 1977). Igualmente, el futuro económico tendrá su origen en un nuevo actor político.

Y es que no puede obviarse que muchos líderes políticos en situaciones volátiles pueden estar tentados en comparar a un país como China, que crece al 10% y que además permite a los dirigentes chinos usar dicho crecimiento económico para reforzar su control político, con un EEUU que tiene un 10% de desempleo y constreñido constantemente por el Congreso y el Senado. Muchos gobiernos en países emergentes, Latinoamérica o en Europa ya han sacado sus propias conclusiones sobre una tendencia asentada, tal y como es el estado capitalista.

¿Y los gestores e inversores?

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