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El BCE anuncia el desmantelamiento del QE: primeras reacciones de las gestoras internacionales


El BCE cambia su política monetaria. La autoridad monetaria ha anunciado la reducción de su programa de compra de deuda pública y privada a partir del próximo mes de septiembre, cuando las limitará a 15.000 millones de euros mensuales hasta diciembre, mes en el que el banco central pondrá punto y final a su programa de estímulos (lea el comunicado). Además, Mario Drahi ha dado pistas sobre cuándo se producirá la primera subida de los tipos de interés en Europa. Actualmente están en el 0% y seguirán ahí hasta, al menos, el verano de 2019. Será entonces cuando el BCE tomará la decisión sobre qué hacer, una vez analizada la evolución de la inflación, que el presidente de la autoridad monetaria cree que se encamina a paso firme hacia el objetivo del 2%. De hecho, ha revisado al alza su estimación tanto para este año como para el que viene, situándola en ambos casos en el 1,7%. "Lo más probable es que los tipos no empiecen a subir hasta septiembre de 2019", vaticina David Riley, estratega jefe de inversiones de BlueBay.

Aunque la política monetaria va a seguir siendo acomodaticia, con la extensión de las compras de deuda a diciembre y la reinversión de los vencimientos, el anuncio del calendario ha sido muy concreto, lo que da cierta visibilidad sobre los planes del BCE, pero también ha sorprendido a los mercados. "Nos ha sorprendido que el BCE se haya ablandado tanto en la reunión de hoy, algo que en nuestra opinión era innecesario. El anuncio de que el QE se reducirá a 15.000 millones mensuales en el cuarto trimestre ha sido más o menos esperado. La sorpresa ha sido que Draghi se haya pre-comprometido a no subir los tipos de interés hasta septiembre de 2019 como muy pronto (manteniendo los tipos sin cambios por lo menos durante el verano)", reconoce Nick Peters, gestor de fondos multiactivos en Fidelity.

A su juicio, esto es sorprendente por un par de razones. "En primer lugar, el BCE pronostica ahora una inflación del 1,7% en todo 2018, 2019 y 2020. Para la mayoría, esto reuniría los requisitos para alcanzar su objetivo de 'cerca de, pero por debajo del 2%. En segundo, extrapolando la caída constante del desempleo que la zona euro experimenta desde hace años, la tasa de desempleo volverá a los bajos niveles de 2007 para cuando el BCE suba tipos por primera vez en este ciclo. Al menos".

En su opinión, "Draghi también ha sonado marcadamente negativo en los temas económicos, enfatizando los riesgos, la incertidumbre y la volatilidad del mercado financiero. Incluso ha dicho que las últimas previsiones del BCE, que muestran un crecimiento continuado por encima de la tendencia, se realizaron antes de recibir información negativa adicional. La ralentización en los datos de la Eurozona a comienzos de este año es clara, pero parece una reacción exagerada por parte de un banco central del que esperaríamos más firmeza en su perspectiva a medio plazo", asegura Peters.

La respuesta instintiva de los mercados está siendo la de vender euros. “Al decir que el Quantitave Easing terminará este año, pero sin señalar una cifra exacta de incremento de tipos al menos hasta el próximo verano, Draghi está dando una mano y retirando la otra. En esta etapa, se ha comprometido a esperar, como poco, hasta la segunda mitad del año que viene para elevar tipos. Esto dará comodidad a los mercados pero tenemos que tener en cuenta que en este momento es solo una guía y no una garantía”, señala Patrick O'Donnell, director de inversiones senior de Aberdeen Standard Investments, quien considera que el de hoy es un día simbólico, que marca el final de una era en Europa.

“Establece el final del dinero fácil y prepara el escenario para un aumento de tipos en 2019. Este es un paso más hacia la eliminación de las políticas extraordinarias de estímulos monetarios a nivel global a lo largo de la última década. Ahora estamos en un mundo completamente diferente  al de hace solo un par de años con la Reserva Federal de EE.UU. elevando tipos de nuevo y el tipo de señal que hemos visto hoy. La pregunta es si la perspectiva alcista puede durar. La crisis transalpina se cierne sobre la economía europea y todavía no está fuera de peligro. Los profundos problemas estructurales en países como Italia acechan”, afirma el experto. Los datos macro europeos han decepcionado últimamente, y tanto los indicadores de actividad como las encuestas tienden a la baja.

Draghi reconoce que las incertidumbres son evidentes y que en ese crecimiento económico por encima de la tendencia no se contempla el potencial impacto de los factores más recientes (guerra comercial, Italia...) que amenazan con desestabilizarla, pero que la situación de fondo de la economía europea es buena. “A la vista de los sólidos fundamentales de la demanda, nuestra visión coincide con la esbozada por Draghi: la zona euro sigue teniendo margen de crecimiento. Ni la escasez de mano de obra ni las dificultades de contratación señalan el fin del dinamismo cíclico, sino más bien unos efectos de histéresis derivados de un periodo inusualmente largo de bajo crecimiento, agravado por las inadecuadas políticas de austeridad fiscal del periodo 2011-2013. El frenazo observado en el primer trimestre se debió en gran medida a factores transitorios”, señalan desde el Departamento de Análisis y Estrategia de Inversión de AXA IM.

Además, los expertos de la firma entienden que las reformas estructurales del pasado (en Alemania en la década de 2000, en España e Italia tras la crisis financiera mundial de 2008 y en Francia en fechas más recientes) probablemente tengan efectos positivos en el crecimiento tendencial. “En general, la zona euro debería seguir creciendo por encima del 2% anual en 2018 y 2019”, auguran. El problema es que -tal y como apunta Peters- la Eurozona no solo tiene que lidiar con una economía que ha llegado al máximo y muestra un desempeño inferior al de EE.UU., preocupaciones geopolíticas a medio plazo y precios más altos del crudo... "Ahora además puede que no llegue a tener tipos de interés positivos antes de la próxima recesión mundial, y entrar por tanto en esa recesión con muy poca munición".

De hecho, aunque el QE se acaba en diciembre, el BCE reinvertirá deuda en vencimiento durante un prolongado periodo de tiempo después de que terminen las compras de activos, por lo que seguirá inyectando liquidez en los mercados europeos de renta fija durante el futuro inmediato, aunque a un ritmo muy inferior al de los últimos dos años. "En el plano de los tipos, el BCE ha descartado de facto cualquier subida durante el primer semestre del próximo año. Habida cuenta de que los datos económicos publicados recientemente son considerablemente más débiles que los del último semestre de 2017, las posibilidades de que tenga lugar una subida de tipos a principios de 2019 son exiguas, aunque el anuncio del BCE ha eliminado todo rastro de ambigüedad", asevera Wolfgang Bauer, gestor de M&G Investments.

Para Azad Zangana, economista senior de Europa de Schroders, "mantener los tipos de interés en territorio negativo durante al menos un año más nos parece muy extraño y nos cuesta ver la justificación de esa política, a no ser que se buscase la devaluación del euro para ganar competitividad". En concusión: tal y como indica Léon Cornelissen, economista jefe en Robeco, a diferencia de la Fed, que terminó con sus anticipos informativos en un intento por crear más espacio para la flexibilidad, el BCE aún se mantiene en su rígido calendario. "Cuanto más largo es el horizonte, menor es la credibilidad, por supuesto, especialmente a la luz de la debilidad de los datos macro. Pero la ventaja desde la perspectiva del BCE es inmunizar sus decisiones de los acontecimientos políticos, como por ejemplo, Italia. Sus cartas están sobre la mesa, al menos hasta la primavera de 2019".

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