El BCE abre la puerta a recortar los tipos en septiembre: primeras reacciones de las gestoras internacionales


Se cumplen ya siete años del whatever it takes de Mario Draghi, pero el presidente del Banco Central Europeo sigue teniendo que lanzar mensajes de tranquilidad a los mercados. Frente a las previsiones de que su mandato terminaría con un suspiro, la última reunión de la entidad monetaria ha abierto la puerta a que Draghi se despida con una batería de fuegos artificiales. Tras sus palabras de este jueves, el mercado da casi por hecho un recorte de tipos en septiembre, que se sumaría a los estímulos ya presentados en los últimos meses. Las gestoras internacionales lo ven claro: se avecina el nuevo QE en Europa.

A grandes rasgos, la cita de este jueves ha agradado a los mercados. “Una sorpresa dovish siempre hubiera sido difícil de lograr pero una clara indicación de medidas acomodaticias es justo lo que los inversores querían oír”, asegura Oliver Blackbourn, gestor del equipo de multiactivos de Janus Henderson. De la reunión de julio hay que llevarse tres mensajes clave que resumen desde ING Research:

1- Que los tipos se mantendrán a los niveles actuales… o incluso más bajos. Esto es, una pista de un recorte.

2- Se añaden más detalles al comunicado, que respalda el mensaje que lanzó Draghi en Sintra. El BCE actuará si las perspectivas a medio plazo para la inflación siguen por debajo del objetivo.

3- Han usado las palabras mágicas: están analizan todas las opciones, incluyendo la manera en la que reforzar su hoja de ruta (el foreward guidance) en los tipos. Por ejemplo, al diseñar un sistema escalonado para la remuneración del depósito u opciones en tamaño y composición de un potencial programa de compra de acciones.

Son promesas más que acciones, pero los expertos no ven mal algo de paciencia por parte del BCE. Es cierto que, como comenta Antoine Lesné, jefe de estrategia y análisis de SPDR ETFs en State Street Global Investors, los datos de PMI en Europa siguen debilitándose, lo que da la excusa perfecta. Pero permitir que el Fed actúe primero podría ayudarles a medir el alcance del recorte y preparar su mensaje.

Wolfgang Bauer, gestor del M&G (Lux) Absolute Return Bond, es uno de los expertos que ve claro un recorte de tipos en la reunión de septiembre así como una reactivación de las compras de activos. Por eso no le sorprende la reacción positiva del mercado. “Han vuelto a demostrar que los bancos centrales baten cualquier preocupación económica”, defiende. El bund ha tocado nuevos mínimos históricos después del anuncia y los activos de riesgo europeo suben con fuerza. “Ahora el desafío para el inversor es dónde encontrar un rendimiento positivo, justificando la ampliación del arsenal de herramientas del BCE a instrumentos de renta variable, siguiendo así la senda del BOJ”, plantea Lesné.

El riesgo ahora es que no cumplan en septiembre. Como recuerda Blackbourn, el mercado ya pone en precio una probabilidad del 90% a un recorte de tipos, lo que les llevaría a territorio negativo. También se anticipa el anuncio de un nuevo QE, aunque no hay consenso de los tipos de activos que englobaría. “Con la desaparición de la liquidez en los bonos soberanos en euros con mejor grado de inversión, se complica la compra de deuda gubernamental, tanto en términos políticos como prácticos”, analiza el gestor de Janus Henderson.

Aunque esta ha sido una reunión de transición, sí que ha habido novedades. Principalmente en materia de inflación. Draghi ha abierto la puerta a que la inflación se sitúa “cerca” del 2%. Es decir, también por encima. Como explicábamos en un reciente artículo, es un matiz muy significativo.

¿Se agota la ilusión con los bancos centrales?

Así las cosas, el mercado interpreta con agrado las palabras de Draghi. ¿Será suficiente? Lo cierto es que cada vez hay más escepticismo entre las gestoras. Está claro que la zona euro necesita apoyo, pero Blackbourn se pregunta si más y más políticas monetarias extremas son la respuesta. “La dependencia única del BCE está generando riesgos profundos en términos de normativa europea y vulnerabilidades en el sector bancario. Draghi ha pedido consistentemente una reforma estructural pero la fragmentación de las políticas europeas siguen siendo un obstáculo muy grande”, comenta. En esa misma línea se mueve Bauer: “El peligro es que los inversores se vuelvan demasiado complacientes, dependiendo completamente de una política monetaria acomodaticia e ignoren los riesgos de final de ciclo que sobrevuelan de fondo”.

Más negativo se muestra Aaron Anderson, Vicepresidente senior de análisis de Fisher Investments. “No alcanzo a entender como el BCE y otros bancos centrales son capaces de ver el escaso crecimiento económico producido durante la última década de política monetaria extremista y llegar a la conclusión de que estas políticas insensatas lograrán estimular el crecimiento”, reprocha. “Si desean estimular la economía, el BCE y otros bancos centrales deben aplicar políticas que hagan que los bancos presten más, para aumentar el suministro de dinero. Los tipos de interés negativo y la flexibilización cuantitativa tienen el efecto contrario”.

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