El Arca de Noé


El Arca de Noé

Miguel de Juan Fernández- A bordo del ARGOS 25 Abril 2014

Vaya por delante que no he visto la película de Noé, de Darren Arronofski, por lo que los que la hayáis visto no penséis que estoy desvariando,…bueno, quién sabe, ¡quizás sí! Como siempre, ved estos comentarios míos como algo de lo que podéis discrepar sin problema alguno, pero que quizás pueda aportaros un punto de vista algo distinto al habitual.

Noé recibió el encargo de Dios de construir un arca para guardar dentro de ella a todas las especies animales y así librarlas del Diluvio Universal (Diluvio que históricamente debió ceñirse al desbordamiento de los ríos Tigris y Éufrates, si no recuerdo mal cuando leí algo al respecto hace ya muchos años). Cumpliendo el mandato divino- no podía ser menos- Noé fue recibiendo a una pareja de cada especie y haciéndoles entrar en el Arca. Por cierto, uno de los mejores ilustradores es Rien Portvlier, holandés, y tiene un libro enorme y maravilloso sobre el tema,... os lo recomiendo si os gustan las ilustraciones. Pero Noé como “inversor” se estaba comportando como un gestor o inversor pasivo, trataba de replicar el benchmark, no de mejorar el creado por Dios. Y dado que el Creador era “El que es”, es evidente que no había forma de batirlo, de mejorar su benchmark. Quiero decir, por ejemplo, que hace unos años en una revista de divulgación científica se incluían “previsiones de seres del futuro”,…eran horribles, mucho más feos que los que la propia naturaleza ha creado, como el sueño de unos monstruos,…es lo que ocurre cuando pretendemos ser dioses y nos olvidamos de nuestras propias limitaciones: la fastidiamos a base de bien.

Sin embargo, nosotros tenemos otro “mandato” que no nos lo pone nadie más que nosotros mismos; en este caso al igual que Noé podemos comprar de todo o bien podemos, como en la parábola de los talentos (por seguir con el hilo bíblico), seleccionar las mejores alternativas que encontramos a nuestro paso. Mi preferencia va más por seleccionar, pero es evidente que muchos inversores- tanto institucionales como minoristas- han optado por comprar de todo. Ambas tienen su lado bueno y malo, como en los chistes de galeras: “Boom, boom, boom; hay dos noticias, una buena y otra mala, ¿cuál queréis que os diga primero, galeotes? La buena, la buena…Bien, pues hoy, tras tres años, os vais a cambiar la ropa interior,…bieeeen, ¿y la mala? La mala es que tú te los vas a cambiar con éste, aquél con el del final….”

El lado bueno de comprar todo, sean acciones o sean fondos, es que los grandes desplomes de un valor en concreto o de un fondo en concreto no va a hacernos per se excesivo daño ya que su peso en nuestra cartera global es, por definición, limitado. Mientras que nuestros errores en una cartera menos diversificada, más concentrada pueden ser catastróficos precisamente por su peso relativo en la cartera,…sean acciones o fondos.

El lado bueno de una cartera concentrada, por el contrario, es que nuestros aciertos ofrecen su efecto beneficioso y se nota profundamente en la cartera,…os lo garantizo. El lado malo de la diversificación, es que los aciertos que tengamos van a notarse muy poco, sean acciones o fondos lo que tengamos en cartera.

Naturalmente de nuestra elección por una u otra alternativa dependerá la rentabilidad que a largo plazo obtengamos,…pero hay truco. Generalmente deberíamos conocer que si optamos por seleccionar con nuestro poco o mucho dinero (nunca será ilimitado) aquellos títulos o fondos en los que depositamos nuestra confianza, nuestros resultados podrán ser más volátiles que el mercado en general (aunque el Argos siempre ha mantenido un bajo nivel de volatilidad), pero si sabemos elegir, nuestros resultados a largo plazo serán mejores que los del mercado.

Por el contrario, si elegimos “confundirnos con la maleza” y comprar de todo,…tenemos que saber que en el mejor de los casos nos estamos garantizando la rentabilidad del mercado en general,…y para ese resultado, ciertamente hay formas más sencillas de hacerlo que comprar muchas acciones o muchos fondos. No lo superaremos. Y si además tenemos la incómoda costumbre de cambiar cada poco de decisión y mover nuestra cartera como si el mundo fuera a acabarse, los costes en los que incurriremos nos garantizan que nuestra rentabilidad será mucho peor que la del mercado.

Tener muchas opciones para elegir está bien, nos permite ampliar nuestra búsqueda y seleccionar entre más alternativas, pero al final todo se resume en que seguimos obligados, si queremos batir al mercado, a seleccionar, a apostar por aquellas alternativas que nos ofrezcan mayor margen de seguridad, por aquellos fondos en los que entendamos lo que el gestor está haciendo y porqué y confiar en que sabrá hacer lo correcto para nuestro patrimonio. Sin embargo, tener la posibilidad no significa que estemos obligados a tener de todo.

Seguro que muchos recordaréis la gráfica en la que se presenta cómo varía la volatilidad de una cartera en relación al número de acciones que se van incluyendo y cómo el riesgo diversificable se va acercando poco a poco al nivel del riesgo no diversificable, de tal forma que hay un número de acciones en la cartera en la que dicha reducción del riesgo (volatilidad) no es significativa. Está entorno a los 20-30 títulos,…no en 200 o dos mil. Es parecido a lo que sucede con los fondos sectoriales, por ejemplo: si el sector funciona, todas las acciones del fondo básicamente subirán, pero de la misma forma cuando el sector se desploma, da igual cuantas acciones tengamos,…se desplomarán casi unánimemente. Seguramente recordaréis lo que sucedió con los fondos de internet cuando la burbuja tecnológica estalló,…la diversificación sirvió de poco, los desplomes se movieron entre el -60% y el -99.99%

No es necesario construir nuestra cartera – de acciones o fondos- siguiendo la pauta del Arca de Noé, pero de seguir dicha pauta, hagámoslo bien. Busquemos los índices más amplios, con los menores costes posibles y no estemos saltando de un estilo a otro simplemente porque el mercado sube o baja,…que por otro lado es lo que hace de forma natural y así hay que aceptarlo. Personalmente prefiero seleccionar bien y elegir aquellas empresas en las que confío y tengo suficiente margen de seguridad para mis argonautas,…incluso antes del Argos, hacía lo mismo con los fondos, seleccionando aquellos que más encajaban con mi estilo de inversión,…los otros cientos de miles quedaban desechados. Y no nos fue nada mal, la verdad.

Un abrazo a todos y hasta el próximo artículo.

miguel.dejuan@hotmail.com

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