El ajuste fiscal en Estados Unidos desplaza a la crisis de la eurozona como riesgo número uno


Los inversores globales empiezan a mostrar preocupación por el impacto del llamado “fiscal Cliff”, o precipicio fiscal, en Estados Unidos. El 42% lo identifica como riesgo número uno (frente al 35% que lo señalaba en septiembre y el 26% en agosto), y además, el 72% considera que aún no está descontado en el precio de la renta variable y de los datos macroeconómicos.

Esos temores han provocado que el problema de financiación de los gobiernos europeos sea visto como una amenaza menor: sólo el 27% cree que es el riesgo número uno, por debajo del 33% de hace un mes y el 65% de hace dos, según la encuesta de gestores de BofA Merrill Lynch correspondiente a octubre, en la que participaron 269 profesionales con 734.000 millones de dólares bajo gestión.

Pero, a pesar de esa amenaza de ajuste fiscal, los analistas señalan que a corto plazo la creciente confianza en la economía global podría dar continuidad a la actitud inversora más tolerante al riesgo vigente desde el verano. Así, el 20% de los gestores considera que la economía se fortalecerá en los próximos doce meses, mientras las preocupaciones sobre los beneficios corporativos se han relajado: el 11% dice que caerán, menos de la mitad del 28% que lo pensaba en septiembre, si bien tampoco hay expectativas de un fuerte rebote en los mismos, pues el 58% cree que las ganancias de doble dígito son altamente improbables.

Debido a este optimismo, las asignaciones a renta variable se han incrementado: el 24% sobrepondera el activo, nueve puntos más que en septiembre, y los gestores han elevado su exposición en siete de los 11 sectores globales, incluyendo bancos –el 18% cree que están infravalorados– y firmas industriales.  Y, por regiones, a la zona euro y a los mercados emergentes globales.

Ese mayor apetito hacia la renta variable tiene como contrapartida el menor apoyo a los bonos soberanos. Para conseguir exposición a beta a través de acciones, el 37% vendería deuda pública, mientras el 19% utilizaría liquidez y el 19% optaría por deshacerse de otras posiciones en acciones más defensivas. Sólo el 4% vendería deuda corporativa para comprar acciones.

Apetito por las bolsas europeas

En Europa, todo empuja a invertir en el activo. “Las perspectivas para la renta variable europea mejoran, los miedos retroceden y parecen estar bien reflejados en el precio de las acciones. A la vez, la deuda de los gobiernos core ofrece rentabilidades reales negativas, así que el ímpetu para rotar hacia las bolsas europeas es profundo”, comenta John Bilton, estratega de inversión europeo de BofA Merrill Lynch Global Research.

De este modo, el gap en popularidad entre ambas orillas del Atlántico está desapareciendo. Si hace dos meses  el 13% infraponderaba las acciones de la eurozona y el 13% sobreponderaba las de EE. UU., ahora el 10% sobrepondera ambas regiones.

Desconfianza en Japón

Sin embargo, la asignación a Japón cayó a mínimos de tres años, pues a los inversores les preocupa el impacto comercial de las disputas con China sobre las islas Senaku: el 38% ya infrapondera la bolsa nipona y el 30% cree que su economía se debilitará el próximo año.

 

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