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EFPA cree que la guerra del pasivo es un "cloroformo que durará poco”


La guerra de los depósitos sólo lanza un mensaje de confusión al ahorrador, distorsiona el mercado y pone en una situación difícil al asesor financiero. Es la crítica de Santiago Satrústegui, vicepresidente de la asociación de los profesionales de asesoramiento y planificación financiera EFPA España, a la guerra del pasivo iniciada por los bancos con tres posibles intenciones: la de llevar a cabo una simple labor de márketing, la de presionar al sistema para dar un giro a la situación o, la más polémica, “quedarse con una liquidez escasa para poder, cuando la situación mejore y llegue la hora de asumir riesgos, beneficiarse de la recuperación en lugar de dejar que lo hagan los inversores particulares”.

Las consecuencias, según Satrústegui, serán negativas, pues “el euríbor se convertirá en una referencia falsa pues, para financiar ese 4%, las entidades tendrán que prestarse a un interés mayor”, lo que derivará en problemas para los pequeños negocios y para el ahorrador, que puede verse tentado y reajustar su inversión para obtener ese retorno sin entender que es “un cloroformo que durará poco tiempo y que para obtener esas rentabilidades a medio y largo plazo es necesaria una exposición al riesgo para la que es clave la figura del asesor”. Más aún, cuando son éstos los que deberían protagonizar buena parte de la revolución financiera que se avecina.

“Tendríamos que haber aprendido mucho más de la crisis, pero una de las consecuencias es que los inversores tendrán que dotarse de medios y herramientas para calibrar adecuadamente el riesgo. En este sentido, la profesionalización y la formación, del ahorrador y del asesor en capacidades tanto técnicas como éticas, constituyen la mejor forma de protección, frente a la alternativa del control”, asegura Satrústegui. De ahí la petición a la CNMV para que recomiende a todos los asesores financieros una debida certificación.

La hora del cambio

“La CNMV tiene capacidad suficiente para esta supervisión, si monitoriza la autorregulación, siempre que se apoye en las asociaciones profesionales, lo que está ya previsto en la ley del Mercado de Valores que transponía la MiFID”, afirma Carlos Tusquets, presidente de EFPA España. En opinión de Josep Soler, vicepresidente de EFPA Europa, “ya va siendo hora de que la CNMV siga el camino señalado ya por otros reguladores europeos, como los de Holanda o el Reino Unido, donde los asesores financieros necesitan disponer de una certificación para operar en los mercados”.

Según la entidad, los cambios del mercado financiero exigen que el asesoramiento financiero y de inversiones sea ejercido por profesionales que dispongan de una cualificación reconocida, certificada y que requiera actualización. En este sentido, creen que la creación de la figura de las EAFI para regular la actividad del asesoramiento es sólo un primer paso. “No lo arreglarán todo, pero es un esfuerzo dirigido en la dirección correcta”, asegura Satrústegui, convencido de que el nivel de exigencia no debe ser sólo para estas figuras, sino para todos los profesionales.

Desde EFPA España, constituida en el año 2000 como delegación afiliada a la Asociación Europea €FPA Europa con más de 7.800 profesionales certificados, 5.000 en proceso de examen y 36 socios corporativos entre los que se encuentran las principales instituciones financieras del país, creen también que sería buena idea la unificación de los reguladores. Respecto al presunto fraude de Goldman, matizan que "no ha afectado a clientes particulares, sino a inversores institucionales cualificados" y que ambas partes deberían tener conocimiento de los riesgos.

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