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EE.UU: el mejor de los tiempos, el peor de los tiempos


TRIBUNA de Neil Sutherland, gestor de renta fija multisector estadounidense de Schroders. Comentario patrocinado por Schroders.

La célebre novela de Charles Dickens, Historia de dos ciudades comienza con una frase indicativa de la situación que están atravesando los mercados financieros actualmente: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos…”. ¿Por qué? Para la economía estadounidense, el panorama es magnífico: la tasa de paro es la más baja desde que el hombre llegó a la luna, la economía está en auge y la Fed ha declarado que las perspectivas son más que positivas; para EE.UU., es el mejor de los tiempos.

Como contrapartida, para aquellos inversores que estén buscando encontrar rentabilidades atractivas en la renta variable o en los bonos corporativos de alto rendimiento, es el peor de los tiempos.

Para entender mejor esta dicotomía, hay que comprender que no siempre una economía sólida refleja unos mercados fuertes. El punto álgido de los activos de riesgo normalmente sucede cuando los datos económicos son más fuertes. Por ejemplo, las valoraciones de los bonos corporativos high yield norteamericanos han tendido a alcanzar su punto máximo con la actividad manufacturera de EE.UU.. Desde la crisis global, los activos financieros han gozado de grandes retornos, en parte gracias a un punto de partida bajo, pero también por una combinación inusual de política monetaria ultra-acomodaticia, baja inflación, bajos rendimientos y ningún retorno en liquidez. Cada uno de estos factores se está revirtiendo.

Otra situación que está cambiando es la relación entre salarios y crecimiento del PIB. La baja inflación y salarios hicieron posible una política monetaria ultra-acomodaticia, que también dio un empuje a los mercados de renta variable. Esta dinámica está cambiando, y un alza continuada de los salarios podría empezar a estrechar los beneficios y márgenes de las compañías, afectando a los rendimientos de índices como el S&P 500.

La actual expansión económica lleva 112 meses de recorrido. Es el segundo periodo más largo después de 1854 (cuando empezaron los registros). Parece razonable preguntarse cuánto más durará este estado de gracia.

Observamos además que los problemas estructurales persisten: una deuda excesiva que pudo ser la causante de la crisis de 2008, diez años después, ha aumentado de 116 billones de dólares a 237 billones. El mercado de deuda corporativa de grado de inversión se ha más que duplicado en tamaño, mientras que la calidad de los bonos ha caído. El déficit norteamericano también se ha elevado un 17% en el último año. No es coincidencia que los beneficiarios de la generosidad del banco central – la deuda corporativa y los mercados emergentes – se hayan vuelto más volátiles. De la misma manera, el mercado probablemente tenga que absorber un mayor volumen de bonos del tesoro estadounidense.

En definitiva, la economía en EE.UU. goza de buena salud, y los murmullos sobre una recesión inminente se han apagado. No obstante, los activos con mayor riesgo se enfrentan a varios desafíos. Los vientos de cola se están debilitando, las valoraciones ofrecen un escaso margen de error y las vulnerabilidades estructurales abundan. Una volatilidad creciente y un cambio en las políticas derivará en el surgimiento de diferentes oportunidades. En Estados Unidos, los bonos municipales, los bonos con vencimientos cortos y la deuda titulizada están empezando a resultar interesantes. En términos generales, parece que ahora existe un margen mucho mayor para lograr rentabilidades razonables en una cartera con títulos de riesgo reducido y con grado de inversión que si apostamos por una combinación de activos donde el riesgo tenga mayor presencia.

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