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Economía post COVID: ya nada será como antes


TRIBUNA de Geraldine Sundstrom, managing director y gestora de carteras, PIMCO. Comentario patrocinado por PIMCO.

En nuestro foro secular del año pasado, identificamos seis factores de disrupción estructurales que plantearían desafíos para las economías y los mercados mundiales en los próximos tres a cinco años: China, populismo, envejecimiento de la población, tecnología, vulnerabilidad de los mercados financieros y cambio climático. La pandemia de COVID-19 podría amplificar y acelerar algunas de estas dinámicas, pese a la respuesta política sin precedentes.

Los bancos centrales y las autoridades financieras han reaccionado con medidas extraordinarias, tanto por su magnitud como por su rapidez, y estas intervenciones han sostenido a los mercados. Sin embargo, el total mundial de víctimas de COVID-19 sigue aumentando y el producto interior bruto (PIB) registra caídas récord. Es posible que las ramificaciones de esta pandemia se dejen sentir durante bastante tiempo, dado el deterioro generalizado de los fundamentales y porque los factores de disrupción estructural que ya estaban en marcha se verán reforzados.

Centrémonos en dos ejemplos:

  • Tecnología: aproximadamente la mitad de la humanidad ha estado, o sigue, en algún tipo de confinamiento y, para aquellos con acceso a ella, la tecnología ha ganado aún más importancia, ya sea para comprar en línea, para teletrabajar o para hacer videoconferencias. En las principales economías, las estimaciones de uso de internet han aumentado un 40% desde principios de año, sobre todo en sectores como comercio minorista, educación, salud, ocio y entretenimiento: hasta el 12 de abril, las tres palabras más buscadas en Google en EE.UU. fueron Facebook, YouTube y Amazon. Por otra parte, los negocios han desplegado rápidamente servicios en la nube para facilitar la continuación del negocio: uno de los principales proveedores estadounidenses de servicios de trabajo en remoto registró un aumento de 22 veces del uso de su plataforma en China durante el mes de marzo, mientras que las descargas del servicio de videoconferencias Zoom aumentaron un 141% en marzo con respecto a febrero. Esta crisis nos ha obligado a integrar de forma acelerada la tecnología en nuestra vida diaria.

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  • El ascenso de China: el plan Made in China 2025 es la nueva estrategia del Gobierno chino para reorientar su economía hacia productos y servicios de alto valor añadido. Con este ambicioso plan, que abarca sectores como la robótica, las tecnologías de la información, los vehículos eléctricos y el aprendizaje automático y que contará con cientos de miles de millones de yuanes en ayudas gubernamentales, China aspira a dejar de ser la fábrica del mundo y ganar en autosuficiencia, una cuestión que resulta cada vez más pertinente, porque el comercio internacional se ha reducido desde la crisis financiera de 2007-2008, y que las tensiones entre EE.UU. y China ha vuelto a poner de relieve últimamente. El deseo de proteger a los trabajadores nacionales de la competencia extranjera y acortar las cadenas de suministro podría reducir aún más los intercambios comerciales y fomentar la desglobalización. La menor relación comercial entre las dos economías más grandes del mundo también podría acelerar la competencia entre ellas por dominar los avances tecnológicos, llevándolas a redoblar los esfuerzos en innovación en áreas como, por ejemplo, el 5G y la robotización de servicios, incluidos los servicios médicos.

Con el levantamiento de las restricciones, las economías se acabarán recuperando de la recesión provocada por la pandemia, pero no deberíamos dar por hecho que las cosas volverán a ser como antes. La detección de ineficiencias y los cambios en las preferencias podrían hacer que los cambios provocados por la crisis de la COVID-19 pasen a ser permanentes, lo que tendría consecuencias significativas.

Algunos sectores económicos se beneficiarán más que otros de los cambios en las preferencias y en el comportamiento de los consumidores: saldrán ganando con la disrupción. Por el contrario, otros se verán perjudicados por los cambios y sufrirán las consecuencias de la disrupción. Lo que hará que una empresa, un sector o una región acabe cayendo de un lado o del otro será su capacidad y su flexibilidad para evolucionar y adaptarse a estos cambios de comportamiento y a las nuevas demandas. Lógicamente, la distinción entre ambos grupos resultará cada vez más relevante para los inversores.

Aunque es probable que la disrupción cree ganadores y perdedores en todos los países y sectores, las recientes dinámicas del mercado pueden darnos pistas sobre la situación actual.

grafico_2_pimcoLos datos no dejan lugar a dudas: la demanda en los sectores sanitario y tecnológico no solo han sido inmunes a la crisis, sino que se han visto beneficiados, mientras que las industrias tradicionales, las instituciones financieras y la energía han salido peor parados. Un mundo dominado por la tecnología y con menores niveles de comercio internacional podría necesitar menos petróleo y más automatización, mientras que el modelo de negocio bancario podría verse amenazado si el entorno de bajos tipos de interés se prolonga en el tiempo.

Pese a que los gobiernos han empezado a relajar las medidas de confinamiento, la recuperación financiera, económica y sanitaria tras la pandemia no estará exenta de problemas. Por eso, los inversores deben ser conscientes de que, posiblemente, la forma de alcanzar sus objetivos financieros sea ahora muy diferente a como era antes, a medida que las empresas, los sectores y los países más beneficiados por la disrupción le vayan ganando cuota de mercado al resto. En este nuevo escenario, la clave estará en saber distinguir entre unos y otros.

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