Economía norteamericana: ¿hará usted el favor de salvar el mundo esta vez?


A medida que el 2013 llega a su fin, una palabra malsonante está volviendo al murmullo del mercado: ¡burbuja! La rentabilidad de los mercados de acciones está en cierta medida respaldando este temor. En el momento de escribir este artículo, ¡las acciones globales habían subido cerca de un 24% en el año! Esto es cerca de un 20% en términos reales o siete veces más que el crecimiento del PIB global que está ligeramente por debajo del 3%, según las últimas estimaciones. El índice MSCI global está un 20% más alto que su anterior máximo histórico de mayo de 2008. ¿Están los mercados de renta variable al borde del colapso? Creemos que no.

Un análisis frío tanto de las economías reales como de las valoraciones del mercado muestra que los precios de las acciones no están particularmente abultados, mientras que los bonos gubernamentales siguen todavía bastante caros, incluso después de un año de rendimientos bajos. Los fundamentales apuntan a otro buen año para la renta variable y otro malo para los bonos. Sin embargo, es importante señalar un advertencia: esta conclusión es válida si y solo si la economía norteamericana crece lo suficientemente fuerte como para arrastrar al resto del mundo en el camino de la recuperación.

Primero, ¿por qué este no ha sido el caso en 2013? Hace un año ya era evidente que el sector privado norteamericano estaba en una tendencia al alza y preparado para crecer: los consumidores habían saneado ampliamente sus balances gracias a políticas fiscales y monetarias hiperactivas y las empresas norteamericanas disfrutaban de buena forma. Pero el mal funcionamiento de las instituciones norteamericanas estropeó la fiesta: un endurecimiento fiscal severo seguido de unos malentendidos entre la Fed y los mercados y, al final, un prolongado cierre del gobierno federal fueron suficientes para comerse hasta 0,5 puntos porcentuales del crecimiento del PIB de Estados Unidos. Con la perspectiva del tiempo de que tal shock no ha hecho más daño a la economía es un testimonio de la fortaleza subyacente de Estados Unidos.

Esto nos lleva a las perspectivas para 2014. Asumiendo que el endurecimiento fiscal no supere el 1% del PIB y que la Fed no permitirá que los rendimientos de los bonos suban muy rápido o muy alto, la economía norteamericana debería acelerarse de manera importante, permitiendo a los mercados de renta variable absorber la reducción de la Fed de las inyecciones de liquidez. Dado que el otro motor del mundo, China, es poco probable que se ralentice significativamente (los líderes chinos han dejado claro que no tolerarán un crecimiento por debajo del 7%), la economía global debería acelerarse, permitiendo que el proceso de “curación global” vaya más allá y que el comercio global se recupere.

Esto constituirá buenas noticias para el primer exportador del mundo, la Unión Europea, donde varias economías, empezando por Reino Unido, España e Irlanda ya han sorprendido al alza. ¿Será suficiente para detener la tendencia deflacionista que ha emergido de forma suficientemente clara como para ser advertida por el BCE? Probablemente no. Aunque un BCE más reactivo podría sorprender al mercado relajando aún más la política monetaria, de forma convencional o no convencional, la cuestión clave será la reestructuración del sistema bancario, condición previa para una recuperación guiada por el crédito. Será una batalla política complicada, pero hay motivos para ser cautamente optimista: después de todo, por voluntad propia o no, los políticos quemaron los puentes que dejaban atrás a su paso cuando, el año pasado, tomaron la valiente decisión de avanzar hacia la unión bancaria.

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