¿Dónde quedaron los chiringuitos?


Estamos en pleno verano y las temperaturas alcanzan los 40 grados. Siempre he creído que lo que haces en esta vida se paga aquí. Nos hemos sentido más y mejores que el resto de los seres vivos, de hecho el planeta es nuestro, nos pertenece y por eso hemos hecho con él lo que nos ha dado la gana, yendo a contracorriente de la lógica y doblegando a la naturaleza.

Hace unos meses, ese gran centro comercial y lugar de negocios, recreo, lujos con luces y espejos llamado Dubái fue arrasado y devorado por una inmensa tormenta de arena, que aún no ha terminado de moldear el paisaje.

Las arenas y el viento literalmente engulleron a la ciudad, haciendo que algunos rascacielos quedaran enterrados por completo, mientras que en otras zonas el suelo se abrió haciendo que las torres de cristal del desierto se convirtieran en mausoleos de la desesperanza y el vértigo.

Estados Unidos envió al batallón 33 para tratar de ayudar en la evacuación y poder rescatar a los supervivientes… Sólo queda el desierto y una ciudad fantasma en ruinas.

Hasta aquí nos llevan los responsables de Take 2 Games en Spec Ops THE LINE. Un juego de acción bélica en el que podremos dar órdenes a nuestro equipo de apoyo y, según el grado de dificultad, usar la munición con mucha cabeza (no es aconsejable enfrentarse a un comando armado con un fusil de asalto a base de puñetazos).

Formamos parte de una unidad Delta constituida por tres integrantes, a los que tendremos que apoyar, en ocasiones dar asistencia médica y guiarles en combate mientras nos adentramos en una zona de guerra. Tendremos que estar atentos al enemigo (sea quien sea), buscar datos de inteligencia perdidos para tratar de hacernos una idea de qué está sucediendo y atravesar desierto donde antes había una marina, cruzar de edificio a edificio en tirolina, y tomar decisiones que pueden llevarnos hacia caminos distintos.

En esta aventura vamos equipados con un arma primaria, un arma secundaria y tres tipos de granadas. Además podemos ir recogiendo y cambiando cualquiera de ellas: a veces es más rápido coger el AK47 de las manos de un cadáver que ponernos a recargar una escopeta.

El entorno a pesar de ser hostil per se, puede brindarnos salidas tácticas, ya que los contenedores de combustible y de municiones explotan con los impactos de bala; tenemos que estar muy pendientes de cristaleras y muros por cuyas grietas se cuela la arena y después de varios impactos ceden, dejando entrar avalanchas que arrasan lo que hay cerca.

A pesar del calor, el olor de la descomposición de los cadáveres y a carne quemada, la sed, el sudor y la maldita arena que se mete en el cuerpo y el equipo, debo decir que es un juego muy entretenido que me ha mantenido en esa esquina del sofá, que para el resto ya está hundido y deforme, y que yo digo que está ergonómicamente adaptado a mí.

Que tengáis un buen verano y, para los que se quedan, la semana que viene más.

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