Diversificación real para estar tranquilos en tiempos de volatilidad


Los mercados, en pleno batalla con el fantasma de la crisis de 2008 y la probabilidad de una recaída, han sufrido un impacto brutal. ¿Cómo puede saber un inversor si ha diversificado lo suficiente y confiar en que, si los mercados siguen cayendo, no arrastrarán su cartera en la caída? El riesgo se gestiona mejor ponderando por igual las clases de activos no en función de su asignación de capital, sino de los riesgos que representan para la cartera. Este enfoque de “paridad de riesgos” tiene dos aspectos: por un lado, gestionar el riesgo estratégico de una cartera y, por otro, añadir rentabilidad. Cada uno de estos dos objetivos requiere diferentes modos de administrar el dinero.

El primer proceso define un máximo de pérdidas aceptable y equilibra cada clase de activo en función de su riesgo subyacente. El segundo se dirige a generar rentabilidad absoluta mediante operaciones basadas en ideas tácticas del mercado desde una perspectiva de futuro.Lo que denominamos paridad de riesgos divide el riesgo total a partes iguales entre las diferentes clases de activos, principalmente renta variable y renta fija. Esto supone dividir en porciones el riesgo total que un inversor está dispuesto a asumir, por ejemplo, una pérdida máxima o una caída del 10%, y luego repartirlas entre las diferentes clases de activos. Las diferentes partes, por lo tanto, dependen de la volatilidad de cada clase de activo. Con una caída máxima del 10%, la volatilidad debería estar ligeramente por debajo del 7%, y significa que una cartera con múltiples clases de activos gestionada según este enfoque probablemente arrojará resultados superiores a la inflación de entre el 3,5% y el 4% anual en un periodo de tres a cinco años.

Este enfoque permite controlar a diario la contribución de cada clase de activo a la volatilidad de la cartera.

Atendiendo a los muy distintos riesgos de la renta variable y la renta fija, una asignación realmente equilibrada entre ambas clases de activos daría a la cartera una exposición del 20% a acciones y un 80% a bonos en los mercados actuales. Esto es casi lo opuesto a la “asignación equilibrada” típica que encontramos en casi todas las carteras tradicionales, donde el 40% del capital puede estar asignado a renta variable. En una cartera tradicional de este tipo, el 90% del riesgo total del inversor procedería de las acciones. Esto no es auténtica diversificación, ya que supone que, si los mercados caen un 40%, la cartera hará más o menos lo mismo. Una estructura de paridad de riesgos es el mejor modo de aprovechar distintos entornos de mercado, porque limita el impacto de sacudidas específicas y proporciona a los inversores auténtica diversificación. A lo largo de los últimos 12 años, las carteras con paridad de riesgos han registrado un comportamiento realmente equilibrado. Una cartera de esas características habría ofrecido una rentabilidad media del 7,8% anual, frente a una rentabilidad anual del 3,8% de una cartera clásica 40/60.

USD Total performance in % = Rentabilidad total USD en %

LOIM Risk parity = Paridad de riesgos LOIM

60% Bonds 40% Equities allocation = Asignación 60% Bonos 40% Acciones

¿Qué nos dice la perspectiva histórica? Entre 2003 y 2006, una cartera con paridad de riesgos habría proporcionado una buena participación en los mercados alcistas. En 2001/2002, y de nuevo en 2008, esa cartera habría evitado por completo las caídas, o al menos las habría atenuado considerablemente. La única ocasión en la que una cartera como esta habría quedado rezagada respecto a una asignación tradicional equilibrada sería en un año de rápida recuperación de los mercados de renta variable, como lo fue 2009. Debido al efecto de las rentabilidades compuestas, este perfil permitiría a los inversores obtener rendimientos acumulados mucho mayores. Incluso con un enfoque tradicional, los años en los que las rentabilidades se sitúan por encima del 10% suelen compensar las pérdidas de las crisis.

Además de este enfoque de paridad de riesgos, se aplica una capa activa adicional “de alfa táctica” para generar rendimientos basados en las opiniones sobre el mercado. Este segundo elemento separa distintos horizontes de inversión. Y ello es necesario porque una de las dificultades que plantea la implementación de perspectivas tácticas es mantener la fidelidad a las convicciones a largo plazo al enfrentarse a volatilidad a corto plazo.

Una primera cartera a largo plazo se centra en la valoración, con un horizonte temporal de más de seis meses.

La segunda cartera, a medio plazo, se basa en perspectivas macroeconómicas para los próximos tres meses, como análisis de bancos centrales e indicadores empresariales y de confianza.

Y la tercera es una cartera a corto plazo basada en análisis técnicos y modelos de precios con un horizonte temporal de unos días.

Esta división de la diversificación temporal de una cartera táctica es más eficiente debido a que las valoraciones son mucho más importantes para las inversiones a largo plazo, mientras que los modelos de precios son clave para las decisiones a corto plazo. Esto posibilita, además, una variedad de razones para comprar o vender contratos similares en diversos horizontes temporales. Por ejemplo, la exposición a renta variable podría reducirse atendiendo a las perspectivas de crecimiento a medio plazo o debido a un modelo de precios negativo a corto plazo. Al mismo tiempo, podría incrementarse esa misma exposición en la cartera a largo plazo en función de las oportunidades de valoración. Estos distintos argumentos podrían ir cambiando de forma independiente con el tiempo. La exposición agregada a las distintas clases de activos evoluciona, así, de forma suave y disciplinada.

Resumiendo: un enfoque de paridad de riesgos activamente gestionado con alfa táctica añadida ofrece a los inversores la posibilidad de gestionar el riesgo mediante la diversificación, y mantenerse en esa postura con la seguridad de que su cartera presentará la mayor diversificación posible respecto al entorno de mercado predominante.