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Día Mundial del Agua: "No dejar a nadie atrás"


TRIBUNA de Gonzalo Rengifo, director general de Pictet AM en Iberia y Latam. Comentario patrocinado por Pictet AM.

El tema del Día Mundial del Agua este año es "No dejar a nadie atrás", la promesa de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible Objetivo 6 de la ONU, que consiste en garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y saneamiento para todos para 2030.

Hay que tener en cuenta que el crecimiento económico y la urbanización aumentarán la demanda de agua en las ciudades un 80% para 2050 y 233 millones de personas de las 130 mayores pueden sufrir déficit. De hecho la posibilidad de escasez mundial ya fue clasificada riesgo global prioritario en el Foro Económico Mundial de Davos de 2015, pues el desarrollo económico, expansión industrial y crecimiento urbano precisan de agua de calidad y segura. 2,300 millones de personas siguen sin acceso a saneamiento básico y 4.500 millones a saneamiento seguro.

Hay un límite planetario del suministro de agua

Efectivamente, el agotamiento de suministro de agua dulce, es decir la capacidad de la Tierra para sustentar la vida, es uno de los procesos que amenaza con infligir daño duradero.  Este "límite planetario” es un consumo de agua dulce de 6.000 kilómetros cúbicos por año -y sólo 3% del agua en el mundo es potable, 75% de la cual está contaminada-.  Hay que tener en cuenta que hasta 2050 la población mundial puede haberse multiplicado por cuatro y el consumo de agua por ocho.  El sector de agricultura consume 70% del agua dulce, las industrias un 20% y el resto es consumo humano. Producir un kilo de carne requiere 15.000 litros, seis veces más que para la misma cantidad de arroz. Una industria de micro chips precisa 400.000 litros de agua destilada/hora. A ello se añade que en la última década inundaciones y sequías han afectado a 2.300 millones de personas y causado daños por valor de 660.000 millones de dólares.

Las administraciones públicas no pueden reducir los desequilibrios

Así que la ONU y la OCDE proyectan que con la inversión actual 1.400 millones de personas seguirán sin saneamiento en 2050.  Para 2030 habrá que invertir un billón de dólares anualmente para garantizar el acceso universal y saneamiento adecuado y la ONU considera la inversión privada un pilar fundamental -estima que cada dólar invertido en infraestructura de agua potable y residual proporciona a largo plazo 2,62 dólares a otras industrias-. En Europa y EEU se trata sobre todo de mantenimiento, especialmente porque no se ha invertido los últimos años y en Asia y otras regiones emergentes nueva infraestructura, especialmente en China, donde puede suponer 6% de su PIB, en parte por problemas de contaminación.

Pero las administraciones públicas no pueden reducir estos desequilibrios. Hay que tener en cuenta que la red de agua es mayor que la suma de las calles construidas en cualquier país. Gran parte de las infraestructuras son de municipios: en 2015 el 85% de la población mundial recibía suministro de agua de éstos y 15% de empresas mixtas público privadas, aunque la estimación para 2030 es que 22% reciba suministro de empresas mixtas.

De manera que hay exceso de demanda y las tarifas tienden a aumentar por encima de la inflación para ajustarse a costes: el precio en los últimos 20 años ha subido más que el petróleo y con menor volatilidad.

El agua es el oro azul

Por tanto las industrias del agua se encuentran en la intersección de megatendencias como desarrollo demográfico, crecimiento económico y urbanización, salud, comercialización y sostenibilidad. Se trata de un mercado global de 600.000 millones de dólares, que puede crecer al 4 a 6% anualmente –el tamaño del sector farmacéutico es 700.000 millones-, por encima del PIB, hasta el billón de dólares en 2025.

Así que el agua es el oro azul. Desde el punto de vista de la inversión se trata de disponer de ella en la cantidad, calidad, momento y sitio requeridos. Además implica invertir de forma responsable, pues es fundamental para el desarrollo económico. El caso es que se trata de industrias muy desconocidas para el inversor, pues las infraestructuras relacionadas no son visibles.

Ahora bien, se trata de un universo de 300.000 empresas, muy fragmentadas, con tendencia a la consolidación, cuya representación en bolsa es de unas 850 empresas.  Para reflejar la realidad de estas industrias según las define Global Water Intelligence Londres (no existe índice de inversión pasiva adecuado) el universo de inversión se reduce a 300 en las que un mínimo de dos tercios de los activos están relacionados con el tema, que suman una capitalización de unos 31,500 millones de dólares.

Oportunidades en la cadena de valor con enfoque medioambiental

Entre las alternativas de inversión la estrategia Pictet Water, que funciona desde hace casi 20 años y gestiona cerca de 4.500 millones de dólares, identifica las oportunidades en numerosos servicios a lo largo de la cadena de valor del agua.  Es un enfoque temático por sí mismo, positivo para la resolución de problemas medioambientales, con impacto en la sociedad, que cumple criterios de inversión socialmente responsable (ASG) y es el único con 50% de peso en cartera en concesiones -empresas de abastecimiento, tratamiento de aguas y control de la contaminación, segmento conservador y defensivo-. Es el caso de Veolia, American Waters Works o Waste Management. Otro 50% está formado por empresas tecnología o componentes para infraestructuras relacionadas, incluyendo calidad, análisis y medición, más cíclico y de mayor crecimiento. Se trata de empresas como Xylem, Ecolab (control de calidad) o Thermo Fischer (trazabilidad).

En la selección interviene la liquidez, baja volatilidad y buenos fundamentales.  Las más puras, con mayor porcentaje de ventas y beneficios en agua, tienden a ser medianas y pequeñas. El resultado es que el solapamiento con el índice MSCI World es muy reducido, siendo más barato en precio/valor contable, con mayor diversificación geográfica y sectorial, para un dividendo similar, pero crecimiento adicional por exposición a pequeñas y medianas empresas.  Para proteger al inversor de riesgos de reputación o éticos aplica criterios de exclusión y el voto es ejercido en las mayores posiciones, según recomendaciones internacionales y códigos de buenas prácticas.

El resultado es una solución de rentabilidad/riesgo razonable, que puede formar parte de la cartera básica de cualquier inversor.

 

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