Deuda emergente, sí, pero con gestión flexible


“Los próximos doce meses serán los más difíciles de la historia para la renta fija emergente. La rentabilidad está en mínimos y es probable que veamos subidas de tipos en muchos países”. Ante este panorama descrito por Matthew Michael, especialista de producto de deuda emergente, divisas y materias primas de Schroders, el equipo de renta fija emergente de la gestora británica considera que la respuesta debe consistir en total flexibilidad y libertad a la hora de invertir en esta clase de activo.

El Schroder ISF Emerging Markets Debt Absolute Return, de hecho, mantiene una duración muy baja (de 0,87 años de media a cierre del primer trimestre). Los gestores consideran que esto seguirá siendo así durante al menos los próximos seis meses. El fondo, sin limitaciones por el lado de la duración, invierte en deuda externa y local y tanto en divisas fuertes como en divisas emergentes, con un enfoque de rentabilidad absoluta.

Su estrategia actual es muy clara: mantener la duración baja, ser muy selectivos en divisas y esperar a que surjan oportunidades en bonos en algún momento. “La rentabilidad en este año vendrá de las divisas. Es muy posible conseguir entre un 6% y un 7% por esta vía y, si se abren oportunidades en los mercados de bonos, la rentabilidad puede ser mayor”, afirma Michael.

En el largo plazo son positivos sobre la evolución de las divisas emergentes, aunque reconocen que a corto plazo se pueden registrar salidas hacia el dólar. Esperan que muchas divisas se aprecien en los próximos doce meses.

“Las divisas aportan a la cartera una fuente de rentabilidad más baja pero menos volátil, gracias a su elevada liquidez”, añade Michael. Históricamente, la deuda local es la que más ha contribuido a la rentabilidad del fondo. Pero la clave del éxito en el largo plazo, aseguran en Schroders, está en la diversificación de las fuentes de alfa.

“El problema de la inversión en muchos productos de deuda emergente es que están muy concentrados. Para nosotros la flexibilidad y la libertad son vitales. Con la flexibilidad adecuada, se puede ganar dinero en casi cualquier tipo de mercado. Hay pocos productos que combinen la deuda emergente en moneda local y en divisas fuertes. La decisión de pasar de un tipo a otro es muy difícil y se deja en manos del inversor final”, señala Michael.

Para el especialista de producto, muchos inversores que han entrado en el último año en fondos de deuda emergente, pueden llevarse alguna sorpresa negativa. “Mucha gente ha invertido en bonos locales de cinco años y eso es un error. Lo que ganas con la divisa lo puedes perder con el precio del bono”, dice.

Michael considera que las rentabilidades, cerca de mínimos en casi todos los países, ya no pueden estrecharse más. “La rentabilidad está en mínimos debido a los tipos bajos en los países desarrollados y a la existencia de inversores desesperados por encontrar rentabilidades atractivas. El paso de economías exportadoras a otras de consumo no es fácil y está lleno de sobresaltos. Eso implica inestabilidad política y nada de eso está en el precio”, afirma el especialista de producto.

Historia de éxito

El Schroder ISF Emerging Markets Debt Absolute Return lleva más de diez años con el mismo proceso de inversión. Desde 1999 hasta cierre de 2010, el fondo ha conseguido una rentabilidad anualizada del 11,22%, con una volatilidad del 6,67%, lo que ofrece una ratio de Sharpe de 1,24. Su ratio de Sortino (que sólo toma en cuenta la volatilidad ‘mala’ o de períodos bajistas) es de 2,78. El fondo logra mantenerse en positivo en 40 de los 48 trimestres del periodo. Su máxima caída ha sido de 9,26% y su peor mes ha cerrado con una caída del 3,71%.

Los gestores consideran que la volatilidad del producto se mantendrá en el mismo rango de cara al futuro y su objetivo es conseguir una rentabilidad anualizada del 10% en euros o en dólares y con resultados positivos para cualquier periodo de 12 meses. “Esta es nuestra definición de rentabilidad absoluta. Para nosotros este tipo de activo debe dar buena rentabilidad. Con cada posición nos hacemos la misma pregunta: ¿podemos conseguir un 10% y cómo conseguiremos recuperar el dinero si queremos salir?”, señala Michael.

El equipo cuenta con 14 profesionales de inversión. Hay cuatro gestores y tres analistas, con Geoff Blanning como máximo responsable. Él tiene más de 25 años de experiencia en el sector y trabaja como responsable de deuda emergente en Schroders desde 1988. Tres de los gestores trabajan desde Londres y el cuarto, Guillermo Besaccia, lo hace desde Buenos Aires.

El proceso aúna el enfoque macro con la selección de valores, teniendo en cuenta siempre el control de riesgo al construir la cartera. Combinan el análisis fundamental con el técnico y el de sentimiento, además de sistemas cuantitativos para la medición del riesgo.

El proceso incluye límites de exposición por región, por país y por valor. Tanto Latinoamérica como Asia pueden representar hasta un 75% de la cartera cada una. Europa del Este no puede superar el 50% y África y Oriente Próximo sólo pueden alcanzar el 25%.

Ahora, casi el 40% de la cartera está en Asia, en torno a un 16% en Europa del Este, hacia un 14% en Latinoamérica y casi un 25% en efectivo. La calidad crediticia media de la cartera es de AA-.

El universo de inversión incluye 58 países. Siempre viajan al país antes de invertir en él. En 2010 realizaron 28 viajes. En cada país se entrevistan con el equipo local de Schroders, banqueros, ministros, empresarios, analistas políticos, periodistas y representantes de organismos multilaterales como el FMI el Banco Mundial.

Para mantener su objetivo de rentabilidad absoluta con una volatilidad controlada, el equipo mantiene un estricto sistema para limitar las pérdidas. “Somos muy disciplinados con nuestra política de stop loss. Si el valor liquidativo cae un 2%, se reduce el riesgo de la cartera en un 20%. Por cada caída adicional del 1%, se reduce otro 1% de riesgo de la cartera. La peor caída que podemos tener es del 10%”, destaca Michael.

Pueden tener hasta el 40% en efectivo, lo que ayuda a reducir la volatilidad y les permite no tener que vender activos en momentos de pánico en el mercado. “En 2008 tuvimos enormes reembolsos y dimos liquidez diaria sin problema. Salieron 1.500 millones de euros y fuimos capaces de acabar el año plano, con una ligera caída del 0,26%”, afirma Michael.

El fondo intenta mantener una cartera muy diversificada, con una baja volatilidad y con uso limitado de derivados (no usan derivados OTC). Pueden hacer apuestas en divisa vía derivados muy líquidos, pero no usan CDS. Compran bonos de corta duración y venden de duración larga. “Es lo mismo que tomar posiciones cortas en duración, pero sin el riesgo de contrapartida y sin el coste que implican los CDS”, dice el especialista de producto de Schroders.

El fondo mantiene una baja correlación con los activos tradicionales. Los gestores siguen muy de cerca la liquidez de los mercados en los que invierten. “Es vital observar la liquidez disponible en cada mercado. Hay que invertir sabiendo si hay liquidez suficiente. El riesgo en este tipo de activo tiene que ver con elementos macro, como riesgos políticos y de mercado”, comenta Michael.

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