Deuda emergente, invirtiendo en mercados con potencial


Dentro de la actual coyuntura económica y en medio de la crisis de la deuda soberana en Europa, los inversores tienen problemas para encontrar obligaciones que generen rendimiento con un perfil de riesgo limitado. Los títulos de los estados más seguros, como Alemania o EEUU, ofrecen tipos reales negativos. Por el contrario, la deuda de los países emergentes presenta argumentos sólidos a condición de ser selectivos: buenos datos fundamentales, dinámica positiva, calidad del crédito y una remuneración atractiva.

Los países desarrollados parecen estar inmersos en una recesión y con niveles excesivos de deuda, hasta el punto de que ahora son absolutamente dependientes de los bancos centrales. Sin embargo, los mercados emergentes gozan de buena salud, ya que a largo plazo se benefician de ventajas endógenas como el crecimiento demográfico, los costes competitivos de la mano de obra y los recursos naturales que a menudo los aíslan frente a las crisis externas. Los mercados emergentes se encuentran ahora en la misma situación de crecimiento económico masivo que Occidente en las tres décadas de la posguerra.

Las cifras hablan por sí solas. De media, el ratio de deuda/PIB de los países emergentes (representados por el índice JPM EMBI) se establece alrededor de 40%. En comparación, está cerca del 100% para la media de los países del G10. No obstante, la solidez de los fundamentales no está reflejada por la calificación. Por ejemplo, la media de los países emergentes presentan una calificación muy cercana a la de Italia (respectivamente BBB- perspectiva positiva, y BBB+ perspectiva negativa). La deuda emergente presenta pues un binomio rendimiento/riesgo muy interesante.

Pese a que producen alrededor de 50% de la riqueza mundial, los mercados emergentes no presentan más de alrededor del 12% del mercado de obligaciones mundial, a pesar de que la demanda de inversiones presenta un impresionante crecimiento. Junto con una mejora de los fundamentales de estos países, este efecto de escasez constituye evidentemente una fuente de valor importante. Además, la clase de activo es mucho menos volátil hoy debido a una evolución estructural de los inversores. Ésta es más diversificada e integra un número creciente de inversores institucionales, que participan en gran medida en la estabilización del mercado. Ofrece además una descorrelación más pronunciada que las acciones emergentes, cuyo comportamiento está alineado con las acciones mundiales. Por otra parte, la deuda emitida en divisa local permite a los inversores beneficiarse igualmente del potencial de apreciación de las divisas emergentes, sostenido por las políticas monetarias de los bancos centrales.

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