Desde Rusia: ¿luces al final del túnel?


Ucrania y los rebeldes pro-rusos acordaron el 5 de septiembre un alto el fuego para poner fin al conflicto que dura cinco meses en el este de Ucrania. Pero EE.UU. y Europa, en un intento de ejercer mayor presión sobre el presidente ruso Vladimir Putin, han impuesto nuevas sanciones a Moscú. Sin embargo Rusia la situación no es tan mala como sugieren los sombríos titulares de la prensa occidental.  No hay duda que veremos volatilidad los próximos meses, especialmente antes de elecciones presidenciales de Ucrania en octubre. Pero el acuerdo de alto el fuego puede marcar el principio del fin del conflicto –puede tener un efecto profundamente positivo en la economía Rusa, un escenario por descontar por los inversores-. Cualquier relajación de tensiones geopolíticas puede impulsar los mercados bursátiles de Rusia, que ya se encuentran entre los más baratos del mundo, con un gran descuento del 70% respecto a las acciones mundiales y 62% de las de mercados emergentes.

En una reciente reunión con funcionarios cercanos a la estrategia del gobierno, han indicado que Rusia, más bien Putin, no tiene ningún objetivo respecto a Ucrania. La toma de decisiones es rápida y oportunista. Por ejemplo, la anexión de Crimea, fue tomada en dos o tres días.  Claramente Putin decide estas cosas por su cuenta, con la guía de sólo un muy pequeño círculo de asesores.  Esto hace difícil hacer pronósticos a largo plazo. Pero tengo la impresión de que Putin quiere una Ucrania federal, con autonomía en la parte oriental y veto de todas las decisiones estratégicas –como la adhesión a la OTAN-. 

En cualquier caso Putin, con todas sus tendencias autocráticas, se preocupa por las encuestas de opinión. De hecho los índices de aprobación de Putin a principios de agosto han llegado al 84%, cerca del récord y por ahora es libre de perseguir objetivos políticos y estratégicos, aunque esto puede cambiar muy rápidamente -el grado de aprobación del ex Presidente Boris Yeltsin cayó desde 67% a 2% entre 1997 y 1998 antes de su dimisión-.

Una de las tasas de desempleo más bajas en su historia

Actualmente Rusia está más unida que en los 15 años que llevo de profesional de la inversión en mercados emergentes. Tengo la sensación de que los ciudadanos rusos, genuinamente preocupados de que Occidente esté amenazando, lo ven como un legítimo interés de seguridad de su país, y por eso apoyan Putin. Más aún, con una de las tasas de desempleo más bajas en su historia y mejores niveles de vida, parece que ahora los temas políticos importan al pueblo ruso más que la economía.

De todas formas no hay duda que la economía del país está sufriendo. Con la salida de capitales y el desplome de la inversión en junio y julio, su PIB ya se había contraído en términos anuales. Hay preocupación por una recesión, aunque creemos que el crecimiento será plano en 2014.  Mientras, la inflación sigue siendo un problema: es probable que sobrepase el objetivo del 5% anual por un amplio margen este año.

Irónicamente, las medidas de represalia de Rusia han afectado más a su economía que las sanciones occidentales. He oído que la prohibición de importaciones de alimentos de occidente ha llevado en agosto los precios del pollo a aumentar hasta 20% en zonas rurales y que pueden añadir 1,5% a la inflación de este año. Pero las sanciones occidentales son limitadas, pues no están dirigidas directamente a las exportaciones de energía que domina en Rusia. Sin embargo me ha sorprendido entre los funcionarios con los que me he reunido la falta de una exhaustiva planificación de contingencias. En gran medida minimizan el impacto de las sanciones occidentales y parecen no dar consideración al riesgo de drenaje de liquidez en el mercado financiero, a pesar de que puede llevar a la quiebra a los bancos más débiles, lo que puede plantear amenazas sistémicas.

El flujo de capitales parece estar estabilizándose

Además el rublo ha llegado a caer más de un 8% contra el dólar este año y según nuestros modelos está infravalorado 23% contra el dólar.  La devaluación reciente es principalmente resultado de las salidas de capital, que sumaron 74.000 millones de dólares la primera mitad de este año. Ahora bien, 12.000 millones proceden de la demanda de divisas de rusos que han convertido rublos en dólares. Mientras estos dólares sigan en cuentas bancarias nacionales, pueden fácilmente volver a ser cambiados a rublos cuando disminuya la aversión al riesgo. Además, el flujo de capitales parece estar estabilizándose y en el tercer trimestre se espera cero salidas netas de capital privado.

Aumento de los precios de la vivienda

Con el debilitamiento del rublo, los rusos con aversión al riesgo están convirtiendo dinero en activos reales y bienes inmuebles domésticos, empujando los precios de la vivienda, que en Moscú ha aumentado 3% en el año y en San Petersburgo 6%, mientras que los nuevos préstamos hipotecarios han aumentado 42%.  La depreciación del rublo es también una bendición para la Rusia empresarial, dominada por la energía, acero e industrias mineras. De hecho los exportadores representan más de tres cuartas parte del índice MSCI de Rusia. 

También se espera que se recupere la inversión de capital del Gobierno el año próximo. Los funcionarios han señalado que una de las empresas más grandes de Rusia está a punto de llevar a cabo una gran inversión pública tan sustancial que puede elevar la tasa de crecimiento del PIB de Rusia en 0,5%.  A ello se añade que, gracias a las buenas condiciones meteorológicas, el Ministerio de Agricultura ha actualizado su cosecha de grano y prevé más de 100 millones de toneladas este año, frente a 70 millones el año pasado, lo que ayudará a aliviar la presión sobre esta economía.

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