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Proteger las carteras con estrategias de gestión alternativa que de verdad funcionen… ¡sí se puede!


El 2018 ha sido un annus horribilis para los fondos alternativos líquidos. Fue un periodo que ha servido para poner nuevamente a prueba a estos productos y la mayoría de las estrategias no han logrado proteger el capital de los inversores. En general, no han funcionado. Según datos de Lipper, la rentabilidad media de la categoría fue del -3,5%. "En general, no han ofrecido lo que prometen a los inversores", denuncia Detlef Glow, director de Análisis de Lipper para EMEA.

En algunos casos, las pérdidas registradas por estos productos han sido muy dolorosas, lo que ha hecho que muchos inversores se replanteen su estrategia. “Es cuando los activos empiezan a entrar con fuerza en aquellos fondos que lo han hecho bien en el pasado reciente y a salir de los que lo han hecho mal. Es la naturaleza de la industria. El inversor no se para a pensar que muchos de los productos que compran pueden haberlo hecho bien recientemente pero, si analizas su track record, hay momentos clave en los que fallaron”, apunta David Cienfuegos, responsable del negocio de Inversiones en España para Willis Towers Watson.

Captura_de_pantalla_2019-04-01_a_las_23El problema es que sólo un número muy pequeño de fondos tiene un historial de rentabilidad que se remonta a la crisis financiera de 2007-2008 o a la crisis de la eurozona de 2011-2012. Sin embargo, el inversor ha confiado en ellos hasta el punto de que, actualmente, el patrimonio gestionado por estos productos se sitúa en torno a los 420.000 millones de euros (fuente del gráfico: Morningstar Direct). “En general, sorprende el éxito de este tipo de estrategia dado que su resultado es bastante decepcionante. Sólo una minoría de fondos ha cumplido realmente con su reto de obtener una rentabilidad absoluta positiva. Esto se debe en parte al elevado nivel de los costes”, revela Matias Möttölä, analista en Morningstar.

Los hedge funds tampoco están siendo vistos como la solución. “Son productos que no están innovando lo suficiente como para que una estrategia de renta variable long short o un market neutral te consiga aportar valor en momentos difíciles”, asevera Cienfuegos. Sin embargo, el inversor institucional lo tiene muy claro. El Global Pension Assets Study que acaba de publicar la consultora refleja que, a lo largo de los últimos años, los inversores institucionales han ido cambiando sus carteras de un histórico 60% en renta variable, 30% en renta fija y 5% en alternativos a un asset allocation actual que está en torno al 40% en acciones, 30% en bonos y otro 30% en estrategias alternativas, tanto líquidas como ilíquidas.

“El peso de los alternativos en las carteras sigue incrementándose porque los inversores institucionales son conscientes de que ni la renta variable ni la renta fija te van a ofrecer en el futuro la rentabilidad que te habían ofrecido en el pasado. Pero esa apuesta por la gestión alternativa se centra en vender su public equity y comprar private equity y deshacerse de la renta fija para adquirir private debt”, explica Cienfuegos. De ese 30% que actualmente los institucionales destinan a inversiones alternativas, el mayor peso está en estrategias ilíquidas, principalmente en inmobiliario y private equity. “Son las dos categorías más importantes, si bien está empezando a crecer significativamente infraestructuras y deuda privada”, revela.

Los bonos del gobierno y corporativos (mayoritariamente grado de inversión) apenas representan el 30% de la deuda total que existe en el mundo. Si incorporamos la deuda high yield y parte del crédito emergente por debajo de grado de inversión, llegaríamos al 38% de la deuda total. El grueso corresponde a deuda no intercambiada habitualmente en mercados secundarios  que –según Cienfuegos- puede servir como un diversificador muy apropiado en una cartera dada su capacidad para generar primas de riesgo completamente diferentes a la renta variable o la renta fija tradicional. Se trata, por lo general, de estrategias poco explotadas en el mercado español, a las que el inversor raramente suele dirigir la mirada (fuente del gráfico: Willis Towers Watson).

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La exposición al riesgo en las carteras españolas viene principalmente dada por la la renta variable y la renta fija. Cuando se produce un evento de mercado en el que la bolsa se desploma y la renta fija corporativa tampoco aguanta, los activos refugio vuelven a ser -como sucedió el año pasado- el bono del Tesoro americano, el bund alemán y el dólar. “Es lo único que funcionó en 2008 y en el último mes de 2018”, recuerda. La pregunta es… ¿qué otras cosas te dan rentabilidad y en ese momento concreto te habrían ofrecido una buena rentabilidad? La respuesta es relativamente simple: “todas aquellas que no estén directamente relacionadas con una prima de riesgo bursátil o crédito”, indica. Pero… ¿cuáles serían concretamente?

Estrategias concretas que funcionan como diversificadores

Cienfuegos las identifica señalando, en primer lugar, a los cat bonds. “Los bonos catástrofes son una estrategia muy poco desarrollada en el mercado español. Significa comprar bonos que te están abonando cupones porque alguien está pagando primas para cubrir el riesgo de una catástrofe meteorológica. Este tipo de estrategias te penalizan cuando se produce el evento en cuestión (que puede ser originado por un terremoto, un tsunami, un huracán…). No tienen ninguna relación con el comportamiento ni de las bolsas ni de los tipos de interés. ¿Puede ocurrir que la renta variable y la renta fija corporativa se desplomen y justamente en ese momento en concreto se produzca ese evento? Sí, puede suceder, pero estadísticamente las probabilidades son muy bajas”.

No sería la única opción a la que los inversores podrían recurrir. “Life settlements, por ejemplo: es el mismo concepto pero llevado a las primas anuales para coberturas de jubilación. Es decir: estás cubriendo el riesgo de que la persona fallezca y, al final, haya que pagarle una cantidad. Significa absorber parte del riesgo de una compañía de seguros, al igual que ocurre en el caso de los cat bonds. Mortgage repayments o amortizaciones hipotecarias. Lo mismo: las compañías de seguros tienen un riesgo de que sus tipos de interés cambien porque el tomador amortice su hipoteca antes de tiempo. Como inversor podemos absorber parte de ese riesgo cuando se nos vayan pagando las primas. Todo este tipo de estrategias sí eliminan el riesgo de estar expuesto directamente a renta variable o renta fija. Por lo tanto, descorrelacionar retornos incluyendo en cartera estrategias de gestión alternativa que de verdad me protejan sí se puede”, concluye el experto.

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