Déjà Vu

  • 10/05/2013

Esto ya lo he vivido. No me refiero a la crisis, por supuesto, sino al entorno de bajas rentabilidades que hace tan complicado ofrecer fondos atractivos para los clientes. En el periodo comprendido entre 2003 y 2005, tras las bajadas de tipos del BCE y la moderación de las perspectivas de crecimiento, los niveles de deuda española se movieron en el 2,00%-2,50% en el plazo de 3 años. En aquel momento, las entidades españolas estaban centradas en el crecimiento de balance y no tenían problemas de liquidez, por lo que la remuneración de los depósitos se encuadraba en niveles cercanos al 2,00%.

¿Les suenan estas cifras? En 2013 hemos llegado a esos números aunque por razones muy diferentes. La deuda española está cercana al 2,40% en términos absolutos, si bien la mayor parte de dicha rentabilidad la explica el riesgo de crédito en un entorno de políticas monetarias expansivas. Los depósitos se han acercado a niveles del 2,00% después de una larga guerra de pasivo y un proceso de recapitalización del sector.

Habiendo alcanzado las mismas rentabilidades la pregunta que surge es: ¿podemos buscar las mismas soluciones de producto que ya utilizamos en aquella época? Sí y no. En aquellos momentos se lanzaron fondos garantizados con vencimientos más largos (cercanos a 5 años) y se utilizó de forma masiva la opcionalidad tanto en garantizados de renta fija (como cupones crecientes si el tipo Euribor superaba determinados niveles) o de renta variable (con opciones de crecimiento o de cupones, fundamentalmente).

Esas mismas soluciones ya se han comenzado a aplicar en los últimos meses en la mayor parte del sector, trabajando con un mayor plazo o con fondos referenciados a índices bursátiles. En un entorno cada vez más complicado de tipos de interés, creemos que la apuesta de 2013 deben ser los fondos garantizados de pago variable dentro de la gama más conservadora. Pero no con cualquier tipo de estructura. En aquel periodo el sector “abusó” de opciones “asiáticas”, ”himalayas”, ”ballenas”… Como hemos leído tantas veces, el "back to basics” ha venido para quedarse, lo que significa que sólo las estructuras sencillas y transparentes podrán venderse. En este sentido, la opcionalidad (probabilidad de pago) debe ser sencilla de entender y de observar.

Mención especial merecen dentro de esta gama las estructuras de buy and hold. Este formato de estructuración, triunfador en primer trimestre de 2013, aporta dos ventajas significativas frente al garantizado tradicional: 1) ahorro del coste de la garantía 2) la posibilidad de incrementar el riesgo de cartera saliendo de la cartera exclusivamente invertida en deuda soberana.

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