DeAWM: Dos verdades y tres desmentidos sobre el repunte de las infraestructuras


Europa es, según Barbara Rupf, responsable de ventas de Deutsche Asset & Wealth Management para EMEA, un mercado muy heterogéneo, en el que las necesidades varían según el país. Por eso, hablar de una tendencia concreta se le hace especialmente difícil. En los países nórdicos, Alemania y Oriente Medio aprecia un mayor interés por productos de infraestructuras. “Es una temática que está cogiendo mucha fuerza, como demuestra la gran demanda. Lo que te dicen los flujos es que esta seguirá siendo una clara tendencia de inversión durante el resto del año", afirmaba la responsable en la última conferencia anual celebrada por la entidad en Londres. Hamish Mackenzie, responsable de infraestructura en DeAWM, actualiza la visión que tiene la gestora sobre esta clase de activo en el último informe con visiones de su director de inversiones. Particularmente, Mackenzie expresa dos puntos de vista positivos, y tres negativos.

Empezando por las buenas noticias, el primer punto que destaca el experto es que el sector de infraestructuras está volviendo a atraer la atención de los inversores y por motivos justificados: “Las infraestructuras se probaron a sí mismas a lo largo de la crisis financieras, con muchos activos y fondos comportándose como esperaban los inversores. A pesar de las turbulencias del mercado, la inversión en puentes, autopistas, aeropuertos e instalaciones eléctricas continúan generando retornos consistentes con rentabilidades estables”. Mackenzie destaca que las instituciones invirtieron el año pasado 38.000 millones de euros en fondos privados de infraestructuras, la cifra más elevada desde 2008.

La otra postura positiva tiene que ver con el hecho de que se están incrementando el número de oportunidades en este segmento. Como afirma el responsable, “se necesitarán gastar en torno a 41 billones de dólares en infraestructuras de todo el mundo hacia 2030”. “Dada la reticencia o incapacidad de los gobiernos para asumir este coste, hay una enorme necesidad de implicación del sector privado”, señala el experto. Éste pone por ejemplo la tendencia emergente por parte de ciertos gobiernos de buscar fondos privados dispuestos a pagar por la expansión de redes de carreteras.

En cuanto a las visiones negativas, debería matizarse que se tratan más bien de desmentidos respecto a ciertas percepciones existentes actualmente entre los inversores. La primera de ellas, que el regreso del entusiasmo por este tipo de inversiones vaya a tener una vida limitada. De hecho, Mackenzie aporta cuatro razones con las que defiende la pervivencia del interés por las infraestructuras: es una de las pocas clases de activos que proporcionan cobertura contra la inflación, sus rendimientos son superiores a los de otros activos que tienen un perfil de riesgo parecido, está escasamente correlacionada con otros tipos de activos y, finalmente, se trata de un sector al alza. “No es probable que ninguna de estas características cambie en el corto plazo”, afirma rotundamente el representante de DeAWM.

Éste también descarta que el de las infraestructuras sea un tema de inversión exclusivo de mercados emergentes: “Las infraestructuras son claramente una clase de activo creciente en el mundo emergente, dado el camino hacia el desarrollo. Pero si usted ha conducido alguna vez por las carreteras de EE.UU. o sabe algo sobre el chirriante sistema victoriano de aguas residuales en Reino Unido, será consciente de que el mundo industrializado también necesita gastar mucho en infraestructuras”.

El último desmentido tiene que ver con la percepción de que esta clase de inversiones sólo pueden ser aprehendidas por los inversores con más patrimonio. Aunque admite que evidentemente las inversiones directas requieren de mucho capital, el responsable también recuerda que los inversores disponen de múltiples puntos de entrada, al ponerse a su disposición muchas opciones customizadas. Por ejemplo, en la parte de capital riesgo destaca que se puede invertir a través de cuentas separadas, fondos combinados o fondos de fondos.

Por otra parte, incide en el hecho de que las emisiones de deuda en este segmento están alcanzando madurez como clase de activo. Apunta como otra opción la inversión en acciones de compañías que operan en el sector. “Los factores a considerar son el tamaño de la inversión, la diversificación, las comisiones y los retornos potenciales”, explica.

El experto también recuerda que la oferta y las ventas de inversiones alternativas están sujetas a requisitos regulatorios. Señala que pueden estar disponibles sólo para inversores que sean ‘compradores cualificados’, como los define la ley estadounidense sobre inversión en compañías de 1940, o ‘inversores acreditados’, como define la regulación D de la ley sobre valores de 1933. “Las inversiones alternativas pueden ser especulativas e implicar riesgos significativos incluidos la liquidez, potencial elevado de pérdidas y ausencia de transparencia. Algunas inversiones no están disponibles para todos los inversores en todas las jurisdicciones”, completa MacKenzie.

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