De cómo el desplome del peso mexicano se ha convertido en un caso de estudio para las finanzas conductuales


El fuerte desplome que experimentó el peso mexicano entre enero y septiembre de 2017 es un buen ejemplo reciente de cómo la psicología del inversor puede condicionar enormemente el precio de un activo, y de cómo al final los fundamentales terminan por volver a imponerse en el medio a largo plazo. Tristan Hanson, gestor de M&G Investments y miembro de su equipo de Multiactivos, explica que a la hora de invertir es importante relativizar las valoraciones: “Las valoraciones suelen ser un buen indicador de valoraciones de largo plazo. Cuando están baratas, pueden estar señalizando un potencial de crecimiento superior a la inflación. Claro está que siempre hay una razón para que un activo esté caro o barato; generalmente, cuando está caro es porque los inversores se han enamorado de ese activo, sin ninguna razón fundamental detrás”. El gestor también explica que “hay veces en que un precio bajo no representa una oportunidad, tan sólo riesgo”, de ahí la necesidad de un experto que determine si un precio en concreto supone una trampa de valor o no.

Esto nos vuelve a traer al ejemplo del peso: después de que Donald Trump fuera elegido presidente de EE.UU. se desató una fase alcista en los mercados a cuenta de la “Trumpflation”, o expectativa de que se cumpliera el programa presentado por el candidato republicano, que incluía medidas inflacionistas como una mayor inversión en infraestructuras, una ambiciosa reforma fiscal o la implementación de más medidas proteccionistas. El problema surgió cuando los mercados empezaron a poner en precio la posibilidad de que se cumpliera una de las promesas más polémicas de Trump, la construcción de un muro en la frontera con México, y que para más inri fuera pagado por los mexicanos. Esto explica el fuerte desplome de la moneda, de casi el -20%.

“Con frecuencia, los inversores tenemos poca imaginación para visualizar un evento”, añade el experto. Explica que este desplome fue un caso claro en que los inversores “se centraron en una única variable – las promesas electorales de Trump- e ignoraron todo lo demás: los tipos de interés, la inflación, la productividad… son datos que no cambian de un día para otro”.

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Episode

Es el tipo de situación que el equipo de Multiactivos de M&G describe como “Episode”: fuertes movimientos experimentados por una clase de activo sin que haya detrás noticias que justifiquen el movimiento, aunque a posteriori sean objetivo de múltiples explicaciones por parte de los participantes del mercado. Otro ejemplo clásico de Episode se produjo en 2011, con el desastre nuclear de Fukushima en Japón y el tsunami posterior que azotó al país y a sus mercados, provocando fuertes desplomes en bolsas de todo el mundo.

Para Hanson, la corrección del pasado 5 de febrero no fue un ejemplo de Episode, por la ausencia de signos evidentes de pánico en los mercados: “Los mercados habían subido mucho en enero, para después caer mucho en febrero. No pensamos que hubiera ningún motivo fundamental en este movimiento. Después de periodos de mucha calma, es normal que se produzca una gran  agitación. Puede que esta vez se tratara de una reacción psicológica distinta, porque muchos inversores han interpretado que es una corrección sana y aún tienen confianza en los mercados”, reflexiona.

“Al invertir se tiende a pensar que se tiene el control sobre los precios, pero en realidad lo único que puedes controlar es el nivel de riesgo”, continúa Hanson. Según él, un ejemplo claro de esta falsa sensación de control es que “hoy los inversores tienen más miedo a un desplome de la renta variable que a principios de enero”. 

Valoraciones

El equipo de Multiactivos de M&G lleva años profundizando en las ciencias del comportamiento aplicadas a la inversión (behavioural finance) para detectar las ineficiencias del mercado en forma de valoraciones bajas no justificadas por los fundamentales de los activos. El experto aclara que la mayor fuente de oportunidades para el equipo se produce cuando existe un posicionamiento muy fuerte en el mercado hacia una determinada clase de activo: “Con frecuencia, se tiende a poner en precio certezas. Si estas se materializan, apenas se notan en los rendimientos, pero si no se cumplen se convierten en grandes sorpresas que pueden agitar al mercado”.

En este sentido, Hanson admite que hoy se está produciendo un cambio en el posicionamiento general: “Tenemos que reconocer que hoy la gente está más optimista con el crecimiento mundial. Esto significa que debemos ser más cuidadosos, porque es un cambio que afecta a la percepción de las valoraciones”.

Teniendo en cuenta estos factores, Hanson lanza dos conclusiones principales. La primera, que “invertir hoy en bonos considerados como seguros puede ofrecer retornos muy pobres después de la inflación en el largo plazo. Por ejemplo, comprar hoy un bund que cotice al 0,7%, cuando la inflación ya está cerca del 1,5%, no ofrece rentabilidad”. La segunda conclusión está ligada a la primera: “Invertir hoy en una cesta de renta variable diversificada a nivel global aún sería un buen sitio para obtener rentabilidad en el largo plazo, aunque los rendimientos ya no sean los del pasado”.

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