¿Dará la talla España?


Hoy por hoy posiblemente seamos uno de los países más “contemplados” a nivel internacional. No es para menos, el impacto que España podría tener para las economías del entorno OCDE, en caso de una situación de insolvencia, podría ser dramática.

El gobierno de España probablemente pueda ser acusado de haber actuado demasiado tarde y que finalmente ha comenzado a actuar (tampoco con la contundencia que la situación requiere) como consecuencia de la presión internacional. El propio Goldman Sachs reconoce que “el Gobierno ha aprobado la reforma del mercado laboral y aunque nuestros analistas consideran que es probable sea insuficiente, es un paso en la dirección correcta. Esperamos que la ley final aborde estas cuestiones de manera más decisiva.” Es la primera vez que un gobierno actúa sobre los funcionarios públicos y el mensaje es directo. Pero no podemos olvidar que, a pesar de la retórica de recorte de gastos, si acumulamos los recortes anunciados en Europa con los incrementos anunciados (los EEUU llevan ya 90.000 millones de revisiones al alza y Barack Obama pidió otros 35.000 millones de dólares más) el efecto neto para 2010 es un aumento del déficit.

Hemos visto el respaldo a las medidas españolas por parte de los 27 países de la Unión. La reacción positiva del mercado fue inmediata, la deuda a 10 años se situó en el 4,674% bajando 9 puntos (Alemania 2.687% e Italia 3.955%); la deuda a 2 años al 3.072% bajando 19 puntos (Alemania 0.541% e Italia 1.746%); los CDS bajando 19 puntos hasta 224 y el Ibex 35 con una subida del 2,2% frente al 0,33% del Eurostoxx50.

Como algunos analistas comentaron, “la verdad es que podían haber retrasado un par de días la emisión de deuda del jueves, nos hubiese salido mucho más barata”. Porque lo cierto es que el coste al que tuvimos que colocar los casi 3.500 millones de deuda, es un síntoma del riesgo que el resto de los mercados estaba percibiendo de España.

Pero para muchos también preocupa, que ese respaldo (necesario para no dejar caer a España) por parte de la Unión pueda generar un exceso de complacencia por parte de nuestro Presidente del Gobierno. Desde luego, esta complacencia sería el lastre a las reformas estructurales necesarias y, si no pensáramos que gobiernos más fuertes van a imponer los ajustes necesarios en nuestro país, el futuro se antoja, al menos, incierto.

La caída de la confianza, definida en términos de spread de deuda y CDS, no puede hacernos olvidar a los banco españoles. Un conocido analista, me enviaba el otro día una viñeta que se explicaba por si sola (y que no solo afecta a España).

El Banco de España va a publicar los resultados de los “test de estrés” de los Bancos y Cajas de manera individual, “para proporcionar a los mercados una idea perfectamente clara de la situación del sistema financiero español”. Esto añadirá una presión adicional a aquellas instituciones que aun no han iniciado procesos de consolidación. Al mismo tiempo debería de proporcionar una dosis de tranquilidad a los inversores. Al parecer BBVA y Santander saldrán muy bien parados. En palabras de Javier Alonso, Director General de la Gestora de Credit Suisse, “ello debe ayudar al comportamiento de la deuda de estos bancos y al cierre de cortos. En una semana de vencimiento de opciones ha contribuido a una clara mejoría del mercado español. Un trabajo realizado por Georges Siotis, economista jefe de competencia de la Comisión Europea, señala que el total de fondos comprometidos para los bancos asciende al 28% del PIB europeo.”

Los bancos españoles se han visto envueltos en una dura lucha de captación de depósitos pagando unos tipos de interés increíbles. De esta manera, el Santander ha aumentado en un 2% su cuota de depósitos (30.000 millones de euros en España siendo 14,2 billones nuevo dinero y como Grupo ha captado 75.000 millones). En línea con mi argumento Javier Alonso añade: “aquí se da la misma paradoja que en los países. Si se trata de reforzar la solvencia afectará al PIB, si se mejora el ratio de capital en los bancos o se sanea el balance afectará a los resultados vía margen y vía provisiones”.

Si a esto añadimos el elevado tamaño del déficit público, el efecto crowd-out del sector privado (incluida la financiación bancaria) por el sector público, la propuesta de una nueva regulación bancaria mucho más restrictiva, creo que la cautela sobre los bancos es razonable.

En definitiva, nos ha tocado vivir un periodo tremendamente complejo donde todavía están por llegar las duras medidas que harán posible el ajuste. España es protagonista al tener que implementar un programa especialmente duro para no estar fuera de un proceso en el que Europa en su conjunto debe mantenerse como un todo y salir reforzada como unión política y económica. ¿Seremos capaces de dar la talla? Yo, sinceramente creo que sí, pero en cualquier caso la encrucijada en la que nos encontramos está comenzando a ser especialmente visible para todos.

 

 

 

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